jueves, 18 de octubre de 2018

Crítica: obra “El viajero”

Entretenimiento por entretenimiento


PAULA OLVERA-Meditea Teatro y Canal de Creación han presentado esta semana en el Centro Cultural Sanchinarro de Madrid, ubicado en la calle Princesa de Éboli número 29, la obra “El Viajero”. La función, de una hora y media de duración, es un canto al amor y a la esperanza en la vida a través de los textos de Antonio Machado. En este espectáculo único los espectadores recorren la historia y las dueñas del corazón del reconocido poeta de la mano de sus poemas. La danza contemporánea y el flamenco en directo ponen la guinda al pastel de esta obra cien por cien recomendada a los amantes de las piezas multidisciplinares y, en definitiva, a todos aquellos que conectan con esa sensibilidad corporal de aquellos intérpretes que transmiten las emociones a través de sus cuerpos.

“El viajero” es un espectáculo que emociona a los asistentes por la sensibilidad con la que se narra la historia de Antonio Machado, nacido a finales del siglo XIX. La representación pretende convertirse en el evento teatral del 80 aniversario de la muerte de este poeta universal que se conmemora el año que viene. La función sirve para potenciar el testimonio de Antonio Machado y comprobar cómo su palabra permanece imborrable en el tiempo y puede ayudarnos como seres humanos a reconducir nuestro propio destino antes de que sea demasiado tarde para actuar.

Así, la pieza nos adentra sutilmente en la vida y obra de Antonio Machado que pasa por etapas de esperanza, pero también de desamor y falta de ilusión. Además se presentan a sus dos grandes musas: Leonor y Pilar de Valderrama, conocida como Guiomar, a la que conoce en Segovia y de la que se enamora perdidamente. El problema es que estaba casada y era madre de tres hijos.

La historia presenta a un director de teatro fracasado y arruinado que se encuentra preparando la que quizás sea su última función: un espectáculo sobre el poeta Antonio Machado. Sin embargo, un fatal suceso en el teatro donde se producen los ensayos le impide continuar con este proyecto y debe convertirse en el protagonista de la obra. Esta decisión le llevará a enfrentarse a sus propios fantasmas.

Hay que destacar el trabajo del protagonista Ginés Sánchez quien se mete en el papel de Antonio Machado. No resulta nada sencillo memorizar el texto que concentra la obra y mucho menos declamarlo. No obstante, la energía del actor se nota que está presente e incluso puede llegar a resultar desbordante en ciertos minutos de la representación.

Si los espectadores consiguen conectar con la obra les resultará maravillosa, pero no se producirá en muchas ocasiones por el simple hecho de que entender la poesía requiere de concentración, y más cuando la escuchas. Cuando un lector se atreve con poesía se puede apoyar en ese soporte papel, pero cuando los espectadores oyen poesía al minuto puede que se distraigan, más si no hay una contextualización del personaje o de la historia. En este caso la citada contextualización se produce, por ejemplo, a través de la emisora de radio al principio de la función.

Hay que destacar también el trabajo de Laura Vera que asume el rol de Guiomar. Ambos intérpretes están acompañados por los bailarines Marcos Morales, Ana Botía y Adán Coronado, todos ellos muy jóvenes pero muy profesionales. Desde luego, son un claro ejemplo del enorme talento de las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte.

El caso de Sofía Comas también es digno de destacar en mayúsculas ya que pone el colorido al espectáculo con su impresionante voz y unas cuántas notas de piano. No obstante, el instrumento debería haber sido visualizado por el público ya que los asistentes más mal pensados pueden considerar que únicamente está moviendo los hombros y no tiene ese don musical del que puede perfectamente presumir.

Respecto a la escenografía es sencilla, pero suficiente ya que sorprende con su elegancia en momentos puntuales como es el caso del lanzamiento de hojas de papel al aire o con una cinta roja que siempre sirve como buen efecto para el teatro. La puesta en escena además se magnifica con el final que es emocionante, apoteósico, y da a entender que aunque todo se lo haya tragado la tierra el corazón sigue latiendo.

A pesar de que este proyecto teatral a priori se torna arriesgado el éxito se fundamenta en el rigor de los hechos históricos que narra y la dirección cumple con las expectativas de los apasionados de las artes escénicas. Además es una obra que recomendaría especialmente a los adolescentes para que conecten con el universo de este autor tan estudiado.

Así que ya sabéis, no os perdáis este viaje de un caminante que, como todos nosotros, se dirige hacia la conquista de nuevos objetivos para alcanzar la satisfacción personal plena.

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