martes, 14 de abril de 2015

Reportaje: Francisco de Goya

La vida a través de un pincel


PAULA OLVERA- Pasan los años y con ellos la historia de un tiempo concreto que dejó verdaderos protagonistas. Todos recordamos a los más heroicos que supieron hacer frente a las guerras, pero también a los más artistas, a los que pisaron por un terreno en el que todavía hoy su huella es imborrable. Francisco de Goya es una de esas figuras reconocidas a nivel mundial que supo hacer de un pincel su forma de vida. Sus obras son un cántico visual a la época que le tocó vivir. En cada una de ellas se respira el arte que corría por las venas de este pintor de origen zaragozano que aprovechó cada una de las oportunidades que le brindaron las altas esferas. Actualmente, su legado es infinito y son muchos los que desean admirar sus trabajos en primera persona. Para todos ellos, el Museo del Prado acoge la exposición “Goya en Madrid”.

Los genios siempre se van, algunos incluso antes de tiempo, pero cada uno nos deja una serie de obras que serán transmitidas de generación en generación. Los verdaderos artistas viven de la inspiración de todo aquello que les rodea y de sus sueños que se mezclan con su imaginación para germinar ideas fantásticas. Francisco de Goya vivió sí, y también trabajó mucho. Sus grandes creaciones continúan compartiéndose al mundo, mostrando ese talento innato del pintor. Pero, ¿quién era realmente Goya y por qué es tan importante en el panorama artístico español?


Actualmente, Goya está más vivo que nunca en Madrid. Hasta el próximo 3 de mayo, el Museo del Prado alberga una nueva exposición temporal con el patrocinio de Fundación AXA. Se trata de una ocasión excepcional para disfrutar de un novedoso acercamiento a los cartones del artista. Unos cartones que respondían a la confianza en la regeneración del país y donde abunda la representación de las costumbres y oficios del pueblo, el ambiente pastoral, los juegos, así como otras diversiones. Uno de los más impactantes visualmente es “Las lavanderas” que fue diseñado para el antedormitorio de los príncipes y que muestra el descanso de unas mujeres a orillas del río Manzanares después de hacer sus tareas.


Algunos únicamente asociarán al pintor a los Premios Goya que entrega anualmente la Academia de Cine o a una parada de metro ubicada en pleno centro de Madrid. Esto ya les dará una pista de que ese tal Francisco tuvo que ser alguien muy eminente. Francisco de Goya y Lucientes nació un 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pequeño pueblecito zaragozano que, a día de hoy, sigue presumiendo con orgullo de la casa que vio alumbrar a su vecino más ilustre. Precisamente, muy cerca de este hogar construido a principios del siglo XVIII, se encuentra el Museo del Grabado donde se exhibe una parte de la obra del artista. Este pueblo de la provincia aragonesa se convierte en un punto clave de la historia de este genio ya que fue allí donde aprendió las primeras destrezas del oficio que, seguramente, aplicaría el resto de sus días.


El aprendizaje de Goya, quien consideraba a Velázquez como su verdadero maestro, fue constante y en pocos años sus obras expresaban una excelente madurez artística, debido quizás a la época que le tocó vivir, sobre todo a raíz de la insurrección popular del 3 de mayo de 1808. Pero antes de esto, sin duda, Madrid le abre un nuevo camino en su desarrollo como autor. Y es que es allí donde realmente se acerca a la corte con un plausible deseo de triunfar. Concretamente Anton Raphael Mengs le animó a colaborar en la Real Fábrica de Santa Bárbara, convirtiéndolo en el gran pintor de cartones para tapices. Bastaron unos pocos años para que fuera conocido en todo Madrid como un excelente retratista y el pintor favorito de los reyes Carlos IV y María Luisa de Parma. Y es que Goya mantuvo una estrecha relación con monarcas y aristócratas. Así, en 1788 afrontó uno de los encargos más ambiciosos para la Real Fábrica de Tapices. El pintor tenía que configurar ocho cartones para los tapices que decorarían el dormitorio de las infantas en el Palacio del Pardo.



La vida de este artista cambió por completo el año 1792. Goya sufrió una enfermedad que le dejó como secuela física la sordera. Esta pérdida de audición marcaría una nueva etapa de su vida no sólo en el terreno personal sino también en el profesional. Esta privación del sonido estuvo acompañada de una crisis interior de la que se podría decir que nació un crítico de la sociedad que se inspiraba en ella en todo momento. Goya hizo frente a esta enfermedad mucho tiempo, hasta que falleció en Burdeos (Francia) el 16 de abril de 1828 a los 82 años. Sus restos mortales reposan en la ermita de San Antonio de la Florida (Madrid) donde siempre será recordado este referente en el mundo del arte.

Son numerosas las obras que le consolidaron como el maestro entre todos los maestros, algunas de las más famosas de hecho están relacionadas con escenas de horror. Estas escenas fueron fruto de su visión ante los desastres de una guerra en la que preponderaban las ideas del espíritu ilustrado. Hay dos obras que todavía hoy nos siguen resultando sobrecogedoras por su dramatismo y su fiel reflejo de la realidad. Se han convertido en imágenes arquetípicas de nuestro imaginario colectivo que demuestran lo destructiva e ilógica que puede resultar una guerra. La primera de ellas es “El dos de mayo en Madrid” que fue pintada en 1814 y que representa la Guerra de la Independencia. La segunda es la conocida como “La carga de los mamelucos” creada en 1818 y en la que se puede apreciar cómo los españoles insurgentes cargan contra los mamelucos que combaten con el bando francés. De igual manera, son magníficos los retratos que el pintor realizó sobre personalidades como la Condesa de Chinchón, en la que captura la tierna expresión del rostro, así como “La maja desnuda” donde el cuerpo femenino se exhibe con total libertad como muestra de placer. Todos ellos nos descubren a un profeta que no merece más que admiración y respeto eterno.

Fuentes:
-Enciclopedia del Estudiante (El País)

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