jueves, 7 de septiembre de 2017

Crítica: libro “Vértigo”

El peor enemigo

PAULA OLVERA- En 2006 la Editorial Anaya publicó “Vértigo”, un libro de tapa blanda y 144 páginas escrito por Emilio Calderón que introduce a los más pequeños en el universo de las drogas y sus consecuencias más directas. La historia tiene como protagonista a Víctor Menchaca, un chico que vive en un barrio marginal conviviendo a diario con la delincuencia. Pronto se convierte en camello y empieza a consumir heroína, aunque su vida da un giro cuando conoce a Heaven. El amor y la voluntad del joven guiarán una trama con la que más de uno se emocionará y tomará conciencia, imaginando reales los capítulos ficticios, porque coquetear con las drogas no forma parte de un juego sino de un infierno que, con ayuda de este libro, intentaremos aplacar.

Emilio Calderón es el magnífico escritor de “Vértigo” cuya historia tardó aproximadamente seis meses en configurar. El autor nació en Málaga y es licenciado en Historia. Además del citado libro destaca por obras como “Julieta sin Romeo” y “Con los animales no hay quien pueda” que también merecen la pena ser descubiertas.

“Vértigo” trata la vida de Víctor Menchaca, un joven toxicómano que cambiará el rumbo de su vida y se convertirá en un amante del deporte gracias a su coraje y su esfuerzo por superar una mala racha de su vida. La trama se centra por tanto en contar la historia de este joven que vive en Los Arrabales y que desde pequeño roba y ejerce de camello. Esta situación se modificará progresivamente desde que el destino cruza en su vida a Heaven, a la que el personaje le robó la cartera. De esta manera, el argumento aúna varios temas que pueden interesar a cualquiera desde pronta edad como la familia, el amor, la amistad y el sexo.

El libro está perfectamente estructurado, en los primeros siete capítulos se presenta a Víctor y el problema que mantiene con las drogas para posteriormente dar a conocer a Heaven, la chica de la que se enamora y le hace cambiar. El nudo de la historia se centra por su parte en la desintoxicación de Víctor y el proceso fáctico por el que tienen que pasar todos sus sueños y aspiraciones.

“Vértigo” combina narraciones con diálogos y en él se puede apreciar varios campos semánticos concretos, como el relacionado con el material para deportes de montaña. Así que estad muy atentos por si os encontráis términos como crampones, arneses o cascos de polietileno. Pero, sobre todo, tened en cuenta el lenguaje relacionado con el mundo de las drogas. En este sentido me ha llamado profundamente la atención cómo escribe el autor en la piel de un yonki. Hay una frase realmente reflexiva: “Para el yonki el sexo es una rosa llena de espinas”. Y no sólo esto, impresiona descubrir cómo el escritor introduce la muerte del mejor amigo de Víctor a causa de una sobredosis.

Emilio Calderón sabe también jugar con los recursos literarios. Así que os podéis encontrar desde una prosopopeya como es “El viento quiso unirse a la fiesta con inusitada virulencia” hasta la figura retórica que menos os imaginéis en este tipo de contextos y que dejo que descubráis con vuestros propios ojos. 

Una de las conclusiones más evidentes de esta historia es prevenir el camino de las drogas, porque una vez que las pruebas es muy difícil escapar, aunque suene muy tópico. Cada vez hay más tráfico y consumo y se debe frenar esta situación que provoca desgracias a diario. Otra reflexión es la de aprender a ayudar y a esperar por amor como es el caso de Heaven que no salió con Víctor hasta que éste aprendiese a amarla de verdad. Muchas veces hay que dejarse auxiliar por personas que, como la protagonista, son cielo en medio de un infierno.

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