viernes, 27 de enero de 2017

Reportaje: Wolfgang Amadeus Mozart

El niño prodigio que se convirtió en maestro

PAULA OLVERA- Son muchas las personas que actualmente siguen considerando a Wolfgang Amadeus Mozart como el mayor genio musical de la historia. Pero detrás del artista siempre está la biografía, más allá de las composiciones. En este reportaje se repasa la trayectoria profesional, y también personal, de este compositor austriaco que durante su corta existencia abarcó prácticamente casi todos los géneros posibles, pasando por la ópera y la sinfonía. Mozart creció en un ambiente rodeado de notas ya que su padre Leopold era violinista y apostó fuerte por su aprendizaje y carrera, al igual que la de su hermana, en un peregrinaje continuo de país en país. Hoy en día no cabe duda que logró su meta porque el recuerdo del compositor sigue vivo y son muchos los que han intentado seguir sus pasos.

Wolfgang Amadeus Mozart nació en Salzburgo (Austria) el 27 de enero de 1756. Era hijo de Leopold Mozart, violinista y compositor, y Anna María Pertl que procedía de una familia acomodada de funcionarios públicos. El protagonista de este reportaje era el pequeño de los siete vástagos del matrimonio aunque, debido a la alta mortalidad infantil que caracterizaba a Europa por aquella época, sólo habían sobrevivido él y una de sus hermanas, María Anna, apodada Nannerl.

Mozart fue todo un niño prodigio cuya infancia estuvo rodeada de melodías y no tanto de juegos. A los tres años ya tocaba el clavicordio y a los cuatro inició su verdadero aprendizaje musical, escribiendo sus primeras composiciones. A los seis años su instrumento fetiche era el violín y ya daba conciertos para la corte. A los doce años compuso su primera ópera, “Los amores de Bastián y Bastiana", siempre bajo la batuta de su progenitor y el apoyo del resto de sus familiares que tuvieron que acompañarle cuando su padre apostó por una gira de recitales por varias ciudades europeas. Salzburgo se había quedado pequeña para ellos, aunque Mozart volvería a asentarse en su ciudad natal a los 17 años de edad. Era el fin de su etapa como niño portento y el comienzo de su madurez como músico y posterior maestro.

La habilidad de Mozart desde bien pequeño en el arte musical causó verdadero asombro, aunque fue perdiendo fuelle a medida que pasaron los años porque su destreza ya no resultaba tan prodigiosa. No obstante, su intensa dedicación a la música fue siempre constante, a la par que diferente, puesto que se preocupaba por lo universal y por el fluir natural de un ahora siempre eterno generado en un determinado instante. Un ejemplo de este dato son sus óperas, recitales, sonatas y sinfonías, su legado inmortal. Esta trayectoria tan productiva procuró un especial rumbo a raíz de afrontar su carrera en Viena, ciudad que le brindó nuevas oportunidades como compositor independiente. Prueba de ello es que en 1782 completó la ópera “El rapto en el Serrallo” que le otorgó un gran éxito.

El triunfo de Mozart creció paralelo a la envidia de Antonio Salieri. Se dice que este compositor de cámara italiano siempre estuvo celoso de la vida y las victorias del músico austriaco. Tanto es así que existe una leyenda en la que se le acusa de haber envenenado a este genio. La rivalidad se sitúa en el año 1790 cuando Mozart llegó a culpar a Salieri de plagio así como de atentar contra su persona. No obstante el autor austriaco acusó al italiano, unos años antes, de haber boicoteado el estreno de su ópera “Las bodas de Fígaro", en 1786.

En el terreno personal Mozart contrajo matrimonio en Viena con Constance Weber el 4 de agosto de 1782. Ésta era la hermana de la exitosa cantante Aloysia quien, tiempo atrás, había rechazado al compositor porque no veía un futuro asegurado a su lado. Mozart llegó a formar una familia numerosa con Constance aunque, de los seis hijos que tuvieron, sólo sobrevivieron dos: Karl Thomas y Franz Xaver cuyo alumbramiento se produjo cuatro meses antes del fallecimiento de este virtuoso de la música. De igual manera, la salud de Constance también estuvo repleta de altibajos ya que se debilitaba con cada nuevo embarazo y debía permanecer en reposo.

En la corta pero intensa vida de Mozart hubo muchos triunfos, pero también grandes sombras. En sus últimos años, este artista comenzó a desperdiciar el dinero y a beber para olvidarse de las aflicciones relacionadas con su situación financiera. Su economía cada vez era más apurada y sus amigos ya no se atrevían a prestarle dinero. No obstante, el último año de su vida es considerado como uno de los más productivos ya que compuso la ópera “La flauta mágica”, además de un Réquiem que no pudo terminar, encomendándole esta tarea a su discípulo Franz Xaver Süssmayr. Su fortaleza cada vez iba a menos y en el estreno de la citada ópera el austriaco se desmayó, la primera señal de que había caído enfermo.

El músico falleció a los 35 años a causa de unas fiebres miliarias, una prematura muerte que le sobrevino el 5 de diciembre de 1791. Una gran pérdida para la historia que recordamos ahora con serenidad y cierta nostalgia. Seguirá pasando mucho tiempo hasta que volvamos a encontrar un talento de tal magnitud, mientras tanto el mundo no puede olvidarse de sus méritos porque consolidó un modo propio de concebir la música que tan necesaria es en cualquier siglo.

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