viernes, 12 de agosto de 2016

Crítica: película “El caso Fischer”

Victoria y derrota

PAULA OLVERA- Este viernes 12 de agosto se ha estrenado, entre otros títulos, “El caso Fischer”, una cinta basada en hechos reales sobre la vida del jugador de ajedrez Bobby Fischer. Se trata de un largometraje que recorre la persecución de un sueño, el sabor de la victoria, y la derrota psicológica del que no ve más allá de una meta. La película, de casi dos horas de duración, está dirigida por Edward Zwick y tiene como protagonista a Tobey Maguire. Éste se introduce en un drama centrado en la preparación de un legendario enfrentamiento entre dos ases del tablero. La distribuidora y productora A Contracorriente Films nos lleva de la mano en este biopic que además retrata y escenifica, a través del ajedrez, una determinada situación política, la que se produjo durante la Guerra Fría. Un hecho que marcó el rumbo de la historia.

Como viene siendo habitual cada viernes han llegado a las pantallas del cine nuevos estrenos para disfrutar en estos cálidos días de verano. Uno de ellos es “El caso Fischer” y versa sobre la dura competición de ajedrez que disputaron el norteamericano Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky. Este enfrentamiento se produjo en un contexto determinado, en plena Guerra Fría, en el debacle entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La película, de hecho, incorpora cierto material de época que permite a los espectadores ponerse en situación.

Se trata de la ocasión perfecta para disfrutar de una nueva interpretación de Tobey Maguire al que muchos encasillaron en su papel de “Spider-Man” y que demuestra con creces su don para la cámara y su transformada imagen. Se le aprecia más maduro, audiovisualmente hablando, y se nota que el director, Edward Zwick, quiere que el público se ponga en el lugar del personaje al que da vida en todo momento. La película ya de por sí es garantía de éxito al estar dirigida por este cineasta mencionado que ya se coronó en los noventa con “Leyendas de pasión” y ya entrado el siglo XXI con títulos de la talla de “El último samurái”.

La cinta consigue, gracias a la combinación de primeros planos, que los espectadores se sientan parte del juego durante la partida final. Estas imágenes, que muestran el movimiento de las piezas del ajedrez, contextualizan los planos siguientes de los jugadores, ya que un buen o mal movimiento sobre el tablero es el que aquí guía la trama, la cual queda reflejada en los rostros de los oponentes.

El avance de la producción sirve para apreciar el propio desarrollo del protagonista, Bobby Fischer, que muestra varias capas interpretativas en su edad adulta con respecto a su niñez. Al principio la cinta sí que se muestra un poco más tópica, concentrándose en la infancia y las circunstancias que rodearon el talento de Fischer, pero posteriormente se transmite el tormento que produce en su vida su trabajo, más allá de la fascinación que siente en una primera instancia.

Quizás el ajedrez no es considerado socialmente un juego de masas, o al menos no suscita a nivel general el interés que sí que mueven otros fenómenos, como ciertos deportes o determinados planes culturales. Sin embargo, se trata de una disciplina que aporta infinidad de valores en el ser humano y que requiere concentración, técnica, saber estar y capacidad de reacción, entre otras exigencias. No obstante, esta afición, a altos niveles, también se puede asociar con la fama y con el negativo impacto que ésta provoca en las personas anónimas y que, de un día para otro, pasan a ser consideras mediáticas. Es, evidentemente, el caso del protagonista de esta historia que se obsesiona en cierta manera con este boom que arroja su agudeza en dicha materia. 

El largometraje igualmente refleja la dificultad de llegar a la cima de un sueño, aunque la perseverancia mueve montañas y siempre, tarde o temprano, da resultados. Sin embargo, la clave es tener siempre metas a corto o largo plazo, porque si únicamente focalizamos un objetivo, cuando se consigue, se corre el peligro de conformarse con lo vivido y rechazar nuevas aspiraciones. De esta manera, en la historia el problema se presenta cuando es el protagonista el que tiene que mover la ficha más importante, la de su vida, aún sin saber que el destino es muy caprichoso y que un día puedes estar en la cumbre y al siguiente en el fango. Se muestra de esta manera, en una misma persona, el don de la genialidad y el arrebato mental durante todo un proceso con un final desdichado.

No es la primera vez que el Séptimo Arte se inspira en el mundo del ajedrez o en la biografía del mencionado ajedrecista, pero sí que podría considerarse a “El caso Fischer” pionera en relatar de forma tan melodramática la vida de este jugador. No hay que olvidar que se trata de una película basada en hechos reales, Fischer pronto aprendió, de forma autodidacta, a desenvolverse en este juego. Después de una vida de luces y sombras, de victorias y derrotas, la caída del mito fue bastante drástica. Su país de origen llegó a anularle el pasaporte y fue detenido en 2005 en Tokio por utilizar un visado inválido. Después de pasar unos meses en prisión, Islandia le concedió la ciudadanía y ese fue su principal refugio hasta que la muerte le sobrevino a los 64 años. Quién le iba a decir que ésta se produciría en Reikiavik, la ciudad que le vio convertirse años atrás en un héroe de masas.

Aunque seguro que muchos ya os imagináis el desenlace nos encontramos ante un jaque mate de película que nos desvela quién ganó en la que fue denominada “la partida del siglo”. ¿Perdió el monopolio del juego Spassky? ¿Afectó al espíritu del por aquel entonces joven Fischer el resultado final del campeonato?

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