jueves, 16 de octubre de 2014

Artículo: obesidad infantil

Más vale prevenir que curar

 
PAULA OLVERA – El pasado mes de septiembre miles de niños en nuestro país volvieron a ocupar las aulas. El inicio de las clases trajo consigo la preocupación de padres y pediatras acerca de la alimentación de los más pequeños de la casa. Muchos de ellos cumplen una jornada tan intensa que tienen que realizar las principales comidas del día fuera del hogar. Por ello, resulta de vital importancia la prevención de la obesidad infantil desde los centros escolares. Pero no sólo eso: se debe concienciar a los progenitores para que inculquen a sus hijos hábitos de vida saludables basados en una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio. Como consecuencia, poco a poco, los niños se irán sensibilizando con los riesgos derivados de este trastorno que cada vez registra un mayor número de casos.

La obesidad infantil es una enfermedad que consiste en la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo de un menor y se hace visible por el aumento de peso. Los datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que España es uno de los países con el índice de obesidad infantil más alto de Europa, considerando a Melilla y a Ceuta como las comunidades autónomas con mayor índice. No obstante, este registro se podría extender por todo el territorio nacional.
 
Se puede considerar que los antecedentes familiares influyen en la posible aparición de esta enfermedad. Así, si una madre, por ejemplo, ha sufrido obesidad en algún punto de su vida, el niño es más propenso a padecerla. Según un especialista del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, entre el 35% y el 40% de la obesidad es genética. Por tanto, influye más la calidad de vida actual del niño que la herencia la cual dictamina la aparición de la enfermedad en menor proporción. Más allá de este factor genético, la OMS reconoce que la prevalencia de este problema de salud pública se debe a cambios sociales, económicos, así como políticos en materia de educación, distribución y comercialización de los alimentos.

Este trastorno en los pequeños se confirma cuando el peso de un menor sobrepasa el 20% de su peso ideal. En los últimos meses, se ha comprobado que el índice de sobrepeso es mayor en niños, aunque la obesidad infantil es diferente en cada menor y por ello se debe aplicar una terapia particular en cada caso.

Además de los infantes, los jóvenes son los que peor se alimentan, sobre todo en estos tiempos de crisis económica en los que las familias están gastando menos dinero en productos saludables como pueden ser las frutas o las verduras. Esta circunstancia aparece acompañada por el sedentarismo provocado por el tiempo que los menores gastan en el sofá frente a la televisión o los videojuegos. Para más inri, se están perdiendo las actividades tradicionales culinarias en el núcleo familiar y a la dieta mediterránea se han incorporado excesivas cantidades calóricas. Por tanto, en nuestro país, no es que los niños coman demasiado sino que lo hacen de forma desequilibrada abusando de carnes rojas, refrescos o bollería y consumiendo más del 40% de grasas. Esto implica una transformación en la educación alimentaria, ya que los menores tienen que consumir todo tipo de ingredientes y para ello los progenitores deben dar ejemplo a los hijos, porque los niños generalmente actúan por imitación.

La obesidad en los menores lleva asociado un aumento de mortalidad y una reducción de la esperanza de vida. Por un lado, tiene serios riesgos para la salud ya que implica dificultades para respirar, somnolencia, diabetes, cardiopatía o hipertensión arterial. Además, los trastornos en la nutrición de los niños dan lugar a un mayor riesgo de muerte súbita y prematura de los mismos. Por otro lado, el físico generado a raíz de la enfermedad aumenta, desgraciadamente, las posibilidades de que estos pequeños sufran insultos en la escuela por parte de sus compañeros. Esto provocaría una bajada en la autoestima, ansiedad o depresión. Y, en el plano académico, podría causar una bajada en los resultados escolares. Por ello, en todo momento se debe analizar el posible sufrimiento psicológico de estos niños para descubrir si se infravaloran ya que la obesidad en la infancia puede marcar la vida adulta de una persona.

Cada vez son más los casos y las familias que están desesperadas por la situación en la que se encuentran sus menores. Las soluciones para erradicar la obesidad infantil pueden parecer complicadas o incluso imposibles, por ello lo más conveniente es prevenir. La mejor forma es a través de la educación impartida en las aulas de los colegios y también en el hogar. Se tienen que seguir creando programas como Perseo, el cual puso en práctica el Ministerio de Educación y Ciencia  en la Comunidad Autónoma de Melilla en el año 2008 con el objetivo de desarrollar hábitos de vida saludable. Más reciente es el Plan Xermola en Galicia que pretende, entre otros objetivos, diagnosticar y tratar cuanto antes los posibles casos de obesidad infantil. La mejor manera de enseñar estas prácticas a los menores es utilizando estrategias a través de juegos o actividades que resulten entretenidas a la par que educativas. Otra manera de prevenir consiste en  realizar visitas rutinarias al pediatra para que este profesional pueda estar atento del cambio físico del paciente menor de edad. Y,  como ya se ha comentado, los padres, en los primeros años de vida, deben labrar hábitos alimentarios para que el niño adquiera una conducta determinante para el resto de sus días. Constantemente, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición así como la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética nos recuerdan lo importante que es realizar un buen desayuno. Según los últimos datos del estudio "Aladino" realizado por el Ministerio de Sanidad, solo el 3,8% de los niños realiza un desayuno completo. Por ello, los padres tienen que estar pendientes de que los menores hagan esta primera comida del día correctamente y que duerman las horas necesarias.

Los niños obesos requieren un tratamiento a largo plazo basado en ejercicio físico, el consumo de la dieta mediterránea y, en casos extremos, terapia farmacológica. Por ahora, lo más importante es seguir investigando e intentar controlar el peso de todos los pequeños que sufren unos kilos de más. Todos ellos merecen que la sociedad les brinde una oportunidad para que puedan mejorar su calidad de vida.

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