domingo, 7 de septiembre de 2014

Crítica: obra "Hay que deshacer la casa"

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AURORA SALVO AMORES- Ramón Langa y Andoni Ferreño protagonizan la versión masculina de la obra “Hay que deshacer la casa” en el Teatro Muñoz Seca. Los personajes de esta historia son dos hermanos que se encuentran tras varios años con el fin de repartir la herencia familiar, aunque a medida que avanza la trama se irán desbordando de forma perfectamente acompasada un sin fin de emociones. Con esta representación ya se habían subido a las tablas, en su formato original femenino, actrices como Lola Cardona o Charo López. El texto inicial de esta función, que se llevó el Premio Lope de Vega, es de Sebastián Junyet. El autor ya había ideado junto a Ferreño esta adaptación masculina, sin embargo, no pudo llevarla a cabo, ya que falleció en el año 2005.

A cualquiera le puede resultar cercana la trama, dos hermanos distanciados y una herencia por aún repartir. Sobre estos cimientos se asienta esta obra en la que se encierra mucho más que el trámite económico, en ocasiones molesto, por el que se pasa tras el fallecimiento de un familiar, en este caso los padres. La acción se sitúa en un pueblo alejado de la capital en un contexto en el que los personajes interpretados por Ramón Langa y Andoni Ferreño se reencuentran después de varios años para decidir qué hacer con las pertenencias de sus progenitores. En este escenario se vivirán todo tipo de momentos, desde cómicos hasta dramáticos, bañados por la empatía que sin duda sentirá el público en muchas de las situaciones.
El atrezzo del escenario está perfectamente adecuado a la situación que se pretende retratar, una casa antigua que guarda todos los secretos y recuerdos de una familia. Gracias a éstos saltarán emociones que parecían enterradas e incluso revelaciones insospechadas. La memoria de una vida entera es caprichosa y juega con los sentimientos de los personajes a su antojo, desde la infancia a las aventuras más alocadas de la adolescencia, pasando por las rencillas familiares y los momentos más amargos.
Esta obra pone en escena tan solo a dos personajes, en este caso, representados por Ramón Langa y Andoni Ferreño que consiguen mantener el ritmo de la función sin que decaiga un solo instante durante la hora y media en que los espectadores están pegados al asiento víctimas de una montaña rusa de emociones. Y es que así es como se puede definir esta obra, los dos actores pasan por diversos estados de ánimo en cuestión de segundos con el consiguiente desgaste interpretativo batiéndose en un duelo profesional en el que es difícil decantarse por un ganador, ya que ambos están excepcionales en sus respectivos roles, creando una atmósfera cargada de sentimientos tanto contenidos como desenfrenados.
                                     

Esta adaptación a la versión masculina corre a cargo del propio Ferreño que pretende rendir un homenaje al autor, Sebastián Junyet, al que considera su mentor y con el que ya había planeado este nuevo enfoque antes de morir de forma repentina en 2005. Además, el actor vasco también se encarga de la dirección de esta obra, siendo la primera vez que se sitúa en este rol, consiguiendo una función en la que los personajes se dejan la piel y el alma.
“Hay que deshacer la casa” no solo habla del reparto de una herencia, sino también de las decisiones que condicionan nuestra vida, los sacrificios que a veces no resultan recompensados. Plasma una época que a muchos de los espectadores les resultará familiar, porque es la misma que ellos han vivido hace ya algún tiempo, el día a día en los pueblos, la disciplina, los muñecos Madelman, los amores truncados o el simple hecho de recordar cómo se forraban los libros transportan al público a través de un intenso viaje por la memoria. Aunque el trasfondo de la obra va más allá, la insatisfacción vital se muestra de forma clara en los personajes, la frustración por aquello que soñaron en la juventud y que los años transforman en conformismo. Aspiraciones y sueños rotos que generan la añoranza de lo que pudo haber sido, pero que por cobardía, por las circunstancias o por simple comodidad se quedaron en meros castillos en el aire.
Esta obra lleva desde el pasado 21 de agosto en el Teatro Muñoz Seca de Madrid y va a estar en este cartel hasta el próximo 28 de septiembre. Una buena oportunidad para disfrutar de un teatro muy potente que tras los aplausos no deja indiferente debido a la carga emocional que desprende. 

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