lunes, 15 de septiembre de 2014

Crítica: libro “La luz de Candela”

"Te vi pasar fugazmente y pedí un deseo"

 
PAULA OLVERA – La vida, a veces, llega y nos sorprende. De repente, de todo ese tránsito de personas que van y vienen, que pasan por nuestro lado, que nos acompañan en el camino, hay una que nos deja huella, que nos marca para el resto de nuestra existencia. Esto le pasó a Candela y es un buen momento para que nos descubra la cara y la cruz de un sentimiento que seguro hemos experimentado todos los seres humanos. “La luz de Candela”, la primera novela de la periodista Mónica Carillo, se ha convertido desde hace unos meses en uno de los libros más buscados en nuestro país. Superada la décima edición, las críticas son bastante positivas por lo que la presentadora, y ahora también escritora, puede estar más que satisfecha. Nos encontramos ante una historia conmovedora que promete no dejar indiferente a nadie.



Hay quien dice que todo pasa por algo y puede que en esta ocasión sea cierto. Como si de una prueba del destino se tratara, durante cincuenta y siete capítulos, Candela aprende a burlar lo que ella creía que era su suerte. Todo comenzó como se inicia aquello a lo que en un primer instante no le encuentras sentido: por casualidad. Un día cualquiera de un mes cualquiera. Candela, la protagonista, es una fotógrafa que una buena mañana descubre el amor. Y a partir de ese momento ya no hay vuelta atrás. El afortunado en recibir su cariño es Manuel, un joven modelo, un alma libre que no está muy dispuesto a comprometerse con nadie.


Para los lectores, todo comenzó el 3 de abril del 2014, día en el que oficialmente “La luz de Candela” estaba disponible al público. Mónica Carillo, la autora, emprendió esta aventura literaria mucho antes. Según ha comentado en varios medios de comunicación, el proceso de creación fue natural, quería contar una historia y en su imaginación se cruzaron Manuel y Candela. Los meses previos a la publicación, la periodista lanzó pequeñas píldoras informativas en su cuenta personal de Twitter que fueron “retuiteadas” y compartidas en masa por sus seguidores y usuarios de esta red social. Sin duda, esto era un preludio de lo que acabaría siendo un gran éxito.

Primero fueron los cosquilleos, los encuentros a todas horas, la ilusión de las citas iniciales. La novela compila a la perfección las dudas que todos sentimos en el instante cero. Entre líneas se intuye que estar enamorado es el sentimiento más poderoso que existe. La autora está en lo cierto ya que todos sabemos que hay un antes y un después al enamorarse. Por eso, a la protagonista le atrapa su aventura sentimental con Manuel. Pero todo en “La luz de Candela” parece demasiado perfecto y, como en todas las novelas, ya se sabe, a veces llega un momento en el que los “te quiero” suenan raros, en el que el paso del tiempo desgasta las palabras con las que días atrás alentábamos un amor. De vez en cuando el simple hecho de que trascurra un periodo y no se aclare qué es lo que son dos personas que tienen "derecho a roce" es lo que lleva a replantear aquel empiece. En otras ocasiones se presenta un día, bastante crítico, en el que las dudas de si merece la pena inundan nuestros pensamientos. En este caso solemos ser conscientes de que algo no va bien, aunque se intenta alejar de diferentes formas esa serie de reflexiones negativas. En otras circunstancias, únicamente, se llega a la conclusión de que la persona que amamos no merece la pena porque no nos valora lo suficiente aunque estemos dispuestos a mover el cielo y la tierra por ella. Algo de esto le sucede a Candela quien, por otra parte, se vuelve débil, frágil, al empeñarse en mantener su relación sentimental sin pensar en nada más que en el presente con Manuel. 

La perspectiva de la protagonista siempre es esencial para comprender una historia, no obstante, en la mayoría de las ocasiones los lectores precisan de otros puntos de vista para entender detalles que al personaje central se le quedan en el tintero. Por eso, en esta novela, Candela no será la única que nos introduzca en su particular mundo, así, se contará con la visión de su madre o de sus amigas, esas personas que posiblemente mejor te conocen, después de la que te dio la vida. Esto propicia la trasmisión de un conjunto de valores al público, entre el que se encuentra el de la amistad. Y es que la protagonista no puede, ni quiere, deshacerse de esas personas que ha ido encontrando por el camino y cuyos consejos son de lo más valiosos. Así, hay días en los que no queda otro remedio que pronunciarnos ante nuestros amigos y escuchar detenidamente lo que hace tiempo nos aventuran y nunca queremos oír. Siempre sucede que nuestro entorno observa nítidamente lo que nuestros ojos no quieren ver, por algo se dice aquello de que “el amor es ciego”.

Desde la primera página se respira el entusiasmo y el buen hacer que ha seguido la autora al trazar la novela. Se observa que es una escritora que, a pesar de ser primeriza, cuida todos los detalles y mima cada una de las palabras. Se cuenta una historia aparentemente sencilla, sí, pero Mónica se permite el lujo de jugar con los términos, con las dobles intenciones. La trama se desarrolla en capítulos muy cortos que no dan tiempo al lector a que los deje a medias o a que decida continuar la lectura en otro momento. A pesar de que suena difícil de conseguir, cada uno nos evoca una serie de sentimientos. Es un libro con una retórica muy actual, en la que tiene cabida un vocabulario muy juvenil, adentrándose en un argot muy nuestro en el que no puede faltar, por ejemplo, el uso que damos al "Whatsapp" cuando nos enamoramos.

Candela y Manuel. Manuel y Candela. Dos extraños en primera instancia que nos convencen en pocas hojas. Sin darnos cuenta, al infiltramos en la historia de estos dos desconocidos los convertimos en parte de nosotros, de nuestras vivencias. Quizás por el simple hecho de que la novela se refleje desde el prisma de una mujer sea mayor la identificación de éstas con la situación frente a los hombres, aunque es una buena oportunidad para que ellos se adentren en la psicología femenina. Y es que las historias adictivas no entienden de sexo ni de edad. Todos somos susceptibles de experimentar lo que se conoce como dependencia emocional. Eso sí, seguramente nos encontraríamos ante una relación sentimental nociva, tóxica que se llama. Y, como Candela, idealizaríamos constantemente a nuestro amor, quitando siempre hierro al asunto. Lo que viene siendo una historia empalagosa, un tanto enfermiza, capaz de complicarle la existencia al más cuerdo.

“La luz de Candela” sorprende de principio a fin únicamente por la forma en que está redactada. Poemas, #microcuentos, diálogos y monólogos tienen cabida introduciéndonos en una novela de reproches de Candela hacia Manuel cuanto menos original e innovadora. En ella podemos encontrar numerosas metáforas, cuantiosas comparaciones que nos permiten rememorar los sentimientos de Candela. Ya se puede estar detallando un nacimiento o describiendo lo horrorosa que resulta cualquier muerte. La autora lleva todo a los extremos, al drama, quizás llegando a abusar de él. Pero esto se ve compensado con los infinitos guiños que incorpora en las aproximadamente trescientas páginas. Entre ellos cabe destacar los musicales, ya que se podría decir que “La Luz de Candela” cuenta con su propia banda sonora, con sus propias canciones. Pero para descubrir esto el lector debe estar bien atento y dejarse llevar por la musicalidad impregnada en el propio papel.  Llama la atención que Mónica Carillo aúne la música, el cine y la literatura en un mismo espacio, en definitiva, que haga una mención a la cultura elevándola al lugar que se merece. Películas como “Los puentes de Madison”, series de televisión como “Sexo en Nueva York”, canciones como “El Incendio” de Sidonie y grandes autores de la Literatura Universal como Gabriel García Márquez se hacen un hueco en este relato.

Cabe destacar también que es un libro de mundo. En pocas hojas se describen viajes mágicos, de ensueño, y los lectores son capaces de trasladarse a Barranquilla o Cartagena de Indias (ambas en Colombia) sin moverse del sitio.  Por no hablar de la descripción de Río de Janeiro en Brasil. La autora quiere recalcar sobre varias líneas que nos encontramos en un país de contrastes donde todo el lujo que se exhibe se pierde en el instante en que las favelas se extienden a tu paso. Esto se ha apreciado recientemente en la Copa Mundial de la FIFA 2014 que se ha desarrollado en este país.

Como se puede comprobar “La luz de Candela” es una novela de contrastes en la que tiene cabida el “carpe diem” en su máxima expresión, el hacer lo que a cada uno le apetece, principalmente aventurarse en el terreno amoroso. Esto conlleva irremediablemente a incluir el tema sexual, que pronto se introduce: “El sexo siempre es estupendo, pero cuando estás enamorado cobra una nueva dimensión”. Se nota que la autora ha recurrido a la pasión que manifiesta toda fémina cuando se enamora. Es tal la descripción que se realiza y tan bien escogidos están los términos que pueden llegar a excitar al lector menos ávido. Y como no podía ser de otra manera, también se habla de celos. Esos que todos sentimos alguna vez en nuestra vida y que poco a poco vamos interiorizando porque no nos queda otra. Al fin y al cabo, nunca seremos dueños de nadie, nunca llegaremos a poseer más a otra persona que a nosotros mismos. Es hora de ir comprendiéndolo porque este libro nos lo sirve en bandeja.

Muchos lectores podrán cuestionar las decisiones que Candela va tomando a medida que avanza la trama, quizás se esté equivocando, quizás nosotros actuaríamos de otra forma y evitaríamos vivir tan obcecados por Manuel. Pero ella prefiere seguir adelante aun sabiendo que ha dejado todo por un amor que cuando ha llegado no es como lo había soñado. Por eso, para muchos casi es mejor vivir en la incertidumbre del qué pasará, en la nube del  “y si…”. 

Para el lector más crítico, puede que esta historia le resulte un tanto insulsa y pueril puesto que en los tiempos que corren hay problemas más graves que sufrir por un primer amor que no corresponde como debiera. No obstante, desde hace siglos se ha incluido en la Literatura lamentos sobre la vida amorosa y en este caso merece la pena conocer los de la protagonista por el simple hecho de descubrir cómo gestiona la situación en la que se ve envuelta. No hace falta que el público se encuentre en un estado de ánimo determinado para sumergirse en esta historia puesto que habrá tantas interpretaciones como personas decidan embarcarse en ella. Cada lector hará suyos determinados episodios y entenderá ciertos pasajes como propios, como si estuvieran escritos pensando en él. Sin embargo, es un libro para todos, para que hombres y mujeres encuentren sus diferencias y semejanzas, sus formas de mirar hacia el amor. 


Mónica Carillo, la autora, se suma a la lista de periodistas que han decidido adentrarse en el maravilloso mundo de la escritura. Este año se ha alejado por unas horas de los platós de Antena 3 para compartir con diferentes medios de comunicación su nuevo proyecto. Se nota que está encantada con su debut literario y que está disfrutando de un momento muy dulce en su carrera profesional. Por ello, Mónica es capaz de separarse de los espacios informativos por unos minutos para transmitir palabras de agradecimiento a sus lectores como se ha podido observar en su  Twitter y en las numerosas firmas de libros a las que ha acudido, entre ellas la anual Feria del Libro de Madrid donde tuve la oportunidad de conocerla en persona. Sin duda, una escritora primeriza muy atenta con su público, haciendo suya la frase “es de bien nacidos ser agradecidos”.

La novela habla de algo más que de un pasado que se nos escapa y pide a gritos ser presente. No es solo un libro que trata de la vida misma. “La luz de Candela” es un viaje gratuito por las emociones que experimenta todo ser humano al menos una vez en la vida. Lo cierto es que la autora reitera bastante sobre las mismas sensaciones y acaba dando vueltas sobre lo mismo, sin avanzar. Lo importante es que al final el lector recibe la luz mágica que le cautivó en el capítulo inicial y es capaz de imaginarse escenas en las que se podría ver envuelta la protagonista en un futuro que Mónica no escribió. Porque Candela, somos todas las mujeres explicando nuestro estado de ánimo e intentando comprender una situación por la que están atravesando nuestro cuerpo y nuestra mente.

Siempre se ha comentado que en una relación sentimental una de las dos personas sufre más que la otra. Parece que amar lleva implícito la palabra sufrimiento. De cualquier manera, nadie valora lo suficiente lo que tiene hasta que lo pierde, eso nos pasa a todos. Pero, como dice la autora, es algo normal ya que “vivir conlleva sus riesgos”. Y en esta historia, Candela trata de asumirlos. Para ella, como para cualquier mujer, es doloroso pensar que algún día puede que no haya una próxima vez con su verdadero amor. Y que no sea el momento ni el lugar para ellos. Afortunadamente, la vida no se detiene ante nuestras circunstancias y nos vuelve a presentar ocasiones, personas. Por eso, al final todo el mundo tenemos en nuestra retina y en nuestra mente grabados los momentos más importantes que hemos vivido al lado de los que un día fueron nuestros seres queridos.

Cuando una lectura te duele es que te está curando. Por eso, hay que compartir “La luz de Candela”, la historia de una fotógrafa cualquiera que nos enseña que lo importante es vivir ese primer amor, aunque duela, sentirlo muy fuerte en el pecho. Y sentir que estamos vivos, tan vivos como para vivir amando. Puede que algún día hayamos tenido o tengamos que dar una vuelta de tuerca a nuestros sentimientos y reiniciar los momentos vividos. Pero no hace falta huir de ellos ni atravesar en zigzag ese espinoso camino porque llega un momento en que te ríes de eso, te das cuenta que nada era tan importante, que a veces sufrimos más por lo que nos imaginamos que por lo que verdaderamente es la realidad. Y, sobre todo, te das cuenta que nadie te borra la sonrisa del rostro eternamente.

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