sábado, 14 de septiembre de 2013

Entrevista: Fernando J. López

"Las etiquetas no sirven para nada.

Y menos en Literatura"

PAULA OLVERA- Fernando José López es un escritor de novelas y obras de teatro que compagina su amor por la literatura con la docencia en un centro de Educación Secundaria y Bachillerato. Desde el primer día del curso, este profesor de Lengua y Literatura intenta trasmitir a sus alumnos sentido crítico y autonomía así como espíritu de trabajo en equipo. Además es bloguero, tiene una extensa andadura en este mundo ya que empezó muy pronto escribiendo sobre cine, series o viajes. En la actualidad, compagina dos blogs, uno de temas culturales en Culturamas y otro de temas educativos en el Canal Educación. A continuación, os dejamos nuestra interesante charla con este escritor, quién a pesar de los malos tiempos que corren, no se rinde y persiste en su afán de crear y de comunicar.


Fernando nos confesó que a la hora de escribir sus novelas busca la inspiración en la vida diaria aunque nos dejó en ascuas sobre sus proyectos de futuro, ya que ha terminado una obra teatral y está trabajando en su próxima novela juvenil, de la que prefiere no adelantar nada. A pesar de que nos quedará la duda hasta dentro de unos meses, este escritor sabe distanciarse de sus personajes una vez que los escribe. No cree tener un método, simplemente deja que pase el tiempo y que los personajes sigan su curso. Ahora bien, cada una de sus obras seguirá siendo especial para él y marcará una etapa de su trayectoria profesional y por qué no decirlo, vital. 


P: En su cuenta personal de Twitter, lo primero que nos da a conocer de usted es que es profesor de la escuela pública. ¿Cómo considera que ha cambiado el sistema educativo en los últimos años?

R: Es lo primero que aparece en mi perfil porque la educación y la escuela pública forman parte esencial de mis valores y de mi día a día. No podemos aspirar a un futuro mejor sin apostar por la educación. Ahora mismo nos hallamos ante una ley, la LOMCE, que apuesta por el mecanicismo, la segregación y la realización de pruebas externas en vez de fortalecer la formación crítica e integral de nuestros alumnos. Como docente y como ciudadano me preocupa enormemente este paso atrás en nuestras aulas.

P: Cree que los alumnos están cada vez más concienciados de que tienen que luchar por sus derechos?
R: Creo que la crisis ha tenido un único efecto positivo en la generación a la que pertenecen mis alumnos: ha despertado en ellos su conciencia social y política. Cada vez son más los que se involucran en todo tipo de actividades con el fin de mejorar o reivindicar algo y, sobre todo, se ha empezado a romper, aunque sea tímidamente, con el individualismo que ha marcado el inicio del siglo XXI.

P: ¿Cuál cree que sería la mejor forma de que se hiciera más caso a las reivindicaciones docentes y estudiantiles que se están produciendo?

R: Es un problema muy global. No se trata solo de que nos escuchen quienes gobiernan, más interesados en privatizar que en defender la escuela pública, sino también la sociedad en su conjunto. Lamentablemente, la educación solo parece ser un tema de interés cuando sucede algún hecho puntual o en determinados momentos aislados, pero no con la continuidad y la intensidad que debería serlo. Mientras la educación siga en un segundo plano, seguiremos abocados a seguir en una situación de crisis tanto económica como intelectual.


P: Ha publicado varios libros, en editoriales como Espasa o Alfaguara, ¿qué le lleva a publicarlos en una u otra editorial?

R: El tipo de libro y el catálogo de la editorial. En el caso de "La edad de la ira" o "Las vidas que inventamos", su tono y su argumento encajaba bien con la línea de Espasa, que fue quien apostó por ellas. En El reino de las Tres Lunas, sin embargo, pensé que el sello ideal era Alfaguara Juvenil, puesto que es un texto enfocado a lectores a partir de 12 años y con una clara vocación de ser debatido en el aula entre alumnos y profesores de lº ESO.


P: "La edad de la ira", "Las vidas que inventamos", "La inmortalidad del cangrejo", "Cuando fuimos dos"… ¿de cuál de sus obras se siente más orgulloso?

R: Es difícil escoger un solo título, pues todos ellos han marcado mi trayectoria como autor y he pasado muchas horas con mis personajes. Si solo pudiera escoger una novela, dudaría entre "La edad de la ira" y "La inmortalidad del cangrejo", que son mis textos más combativos, y en cuanto a mi teatro, me quedaría con "Cuando fuimos dos", por lo que ha supuesto en mi faceta de dramaturgo.

P: "Cuando fuimos dos" ha sido llevada al teatro y va a volver al cartel del Teatro Infanta Isabel, además de una gira por varias ciudades, ¿cómo surgió la oportunidad de exportarla fuera de Madrid?

R: Afortunadamente, el éxito de la función en Madrid llamó la atención de diversas ciudades, pues se trata de una obra que plantea un tema nada habitual en nuestros escenarios: una relación de pareja entre dos hombres sin estereotipos y sin justificar ese hecho, asumiendo una naturalidad que no se había visto antes en nuestro teatro.

P: ¿Participó en la adaptación a las tablas de este texto?

R: Participé como director en una primera versión (estrenada en 2012), pero en la siguiente, dirigida magistralmente por Quino Falero, solo he sido el autor y me ha emocionado ver el resultado que Quino ha conseguido junto con sus dos protagonistas, dos actores magníficos: David Tortosa y Felipe Andrés.

P: ¿Qué le diría a todos aquellos que creen en la existencia de una “literatura gay” según la orientación sexual del autor?

R: Creo que habría los mismos argumentos para defender una literatura gay que para hablar de una literatura heterosexual y, curiosamente, nadie se tomaría en serio la existencia de la segunda. La orientación del autor es solo un dato más y el concepto de “literatura gay” me parece reduccionista. Además, conduce a preguntas tan absurdas como: ¿los textos en los que un autor gay no incluye personajes gays también son literatura gay? Las etiquetas no sirven para nada. Y menos en literatura.

P: ¿Cree que la sociedad aún tiene ciertos prejuicios con la homosexualidad?

R: Por supuesto. Es más cómodo creer que no, pero la homofobia es una realidad con la que tenemos que seguir luchando. Queda mucho por hacer, normalizar y, más aún, visibilizar.

P: ¿Ha tenido que consultar alguna fuente documental para dar más veracidad a alguna de sus obras?

R: Siempre me documento sobre el tema que abordo, aunque intento que las fuentes de información no ahoguen a la ficción y a la necesidad de inventar. Como me interesa mucho la psicología de mis personajes, con frecuencia me entrevisto con personas que se ajustan a las características o las situaciones de mis protagonistas, con el fin de captar rasgos o facetas que me parezcan interesantes.

P: En su faceta de lector, ¿qué tiene que tener una novela para que se disponga a leerla?

R: Soy un lector voraz, pero en el caso de las novedades editoriales suelo elegir los títulos de acuerdo con dos criterios: el tema, doy prioridad a todo lo que aborde un tema que retrate nuestra actualidad y se enfrente a lo que vivimos hoy en día, y la estructura: para mí la literatura no es tanto una cuestión del qué como una cuestión del cómo. 


P:¿A qué escritores admira?

R: ¡Muchísimos! Sería imposible dar una lista cerrada, pero si tengo que citar nombres, daría una lista absolutamente ecléctica: Kavafis, Ovidio, Cortázar, Woolf, Clarín, Pardo Bazán, Mann, Bernhard, Bolaño, Rulfo, Lorca, Brecht, Camus, Yourcenar… Como he dicho, soy un apasionado de la lectura, así que me es imposible ceñirme a una nómina de autores limitada.


P: Este año ha publicado su primera novela destinada al público infantil, ¿Cuáles son los aspectos principales de la literatura que tiene que modificar a la hora de escribir para los más pequeños?

R: Básicamente, plantear una historia coherente con su ámbito de expectativas, pero sin subestimar su capacidad intelectual. En mi caso, a la hora de escribir "El reino de las Tres Lunas" pensé en un texto que me podría gustar a mí como lector. Y funcionó.


P: En el ámbito literario, ¿cuál es su mayor reto?

R: Dar por cerrado un texto. Resulta muy difícil asumir que una obra está acabada y afrontar el vértigo que provoca compartirla y darla a conocer. En cierto modo, es como desnudarse en público. Y eso, por muchos libros que tenga ya publicados, nunca es fácil.

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