jueves, 21 de enero de 2021

Crónica: Palacio de Liria

La historia y el arte de un palacio

PAULA OLVERA-La pandemia del coronavirus ha reducido drásticamente nuestras escapadas y ha mermado el turismo cultural. Sin embargo, hay muchas actividades que se siguen realizando aunque se hayan limitado el número de visitantes y sea obligatorio el uso de mascarilla así como guardar la distancia de seguridad. Uno de estos planes que recomiendo es comprar entradas para descubrir el Palacio de Liria, la residencia oficial de la Casa de Alba en la capital de España. Construido en el siglo XVIII, es la principal sede de la colección de arte y archivo histórico de esta familia nobiliaria originaria de la corona de Castilla, siendo Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo el actual duque. Es el primogénito de Cayetana de Alba (fallecida el 20 de noviembre de 2014 a los 88 años).

El Palacio de Liria es una de las residencias privadas más importantes de Madrid. Esta obra monumental fue construida entre 1767 y 1785 por orden del III duque de Berwick y de Liria. El arquitecto Ventura Rodríguez (cuyo nombre recoge la parada de metro más cercana a este edificio) sustituyó a Louis Guilbert para completar esta vivienda de estilo neoclásico y de planta rectangular. Ahora bien, Sir. Edwin Lutyens planteó varias reformas encargadas por el XVII duque de Alba.

Con el precio de la entrada general (15 euros) viene incluido un audio tour cuya explicación además es acompañada por una persona guía que añade más información. Un sistema electrónico que me ha llamado especialmente la atención ya que además de proveer datos históricos y visuales sobre los objetos expuestos incorpora una música clásica de fondo que te hace muy ameno el recorrido por este palacio urbano repleto de detalles únicos.

Reconozco que el trayecto resulta corto (dura 65 minutos), pero aun así merece la pena desde el instante en que los visitantes atravesamos los cuidados jardines, vemos un vídeo en el Zaguán principal y descubrimos la cantidad de obras de arte (entre ellas el cuadro de Goya "La duquesa de Alba con vestido blanco"), muebles, tapices, porcelanas, lámparas de techo, relojes, esculturas y, en definitiva, recuerdos de la familia, que albergan las estancias abiertas al público de la primera planta –siendo el Salón de Baile, el Salón Zuloaga y el Salón Estuardo los espacios que me han dejado con la boca abierta- . La visita culmina en la Biblioteca donde podemos apreciar documentos históricos únicos, desde libros -hay un ejemplar de la primera edición de “El Quijote”-hasta cartas e incluso el último testamento del rey Fernando el Católico o las capitulaciones matrimoniales de Juana la Loca y Felipe el Hermoso.

Si tuviera que poner un pero es que no se pueden tomar fotografías en el interior, y a más de una persona nos hubiera gustado quedarnos con un recuerdo en forma de imagen de la interesante colección de pinturas, pero al menos este inmueble ubicado en pleno centro de Madrid cuenta con una tienda de souvenirs a la salida.

El Palacio de Liria es un enorme legado perfectamente conservado. No obstante hay que recalcar que el 17 de noviembre de 1936, en plena guerra civil española, esta residencia resultó destruida casi por completo debido a un incendio imposible de atajar. Si bien únicamente quedaron en pie las fachadas, las obras artísticas de mayor valor habían sido retiradas por orden del duque Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó (que por aquel entonces residía con su única hija Cayetana en Londres) a otros edificios como el Banco de España, el Museo del Prado o la embajada británica. El arquitecto Manuel Cabanyes fue el encargado de construir la que hoy en día es la sede de la Fundación Casa de Alba (presidida por Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, y con apoyo de sus dos hijos como patronos, el Duque de Huéscar y el Conde de Osorno).

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