martes, 30 de marzo de 2021

Crítica: obra “La cuenta”

Cuentas pendientes

PAULA OLVERA-Así como existen las cuentas económicas a pagar, que pueden generar deudas, las emocionales también limitan enormemente a la hora de disfrutar de una vida plena porque son situaciones inconclusas que no se han cerrado adecuadamente. Es como tener una herida que no termina de cicatrizar. Pues bien, el pasado 24 de febrero se reestrenó en el Teatro EDP Gran Vía una función que precisamente se centra en los asuntos pendientes entre tres amigos encarnados por Antonio Hortelano, Raúl Peña y César Camino. La comedia en cuestión, dirigida por Gabriel Olivares, parte de una obra de Clément Michel que narra la historia de todo aquello que los personajes callan y que puede hacer temblar los cimientos de su aparentemente sólida amistad.

El pasado 27 de marzo se celebró el Día Mundial del Teatro y aprovechando la coyuntura me he animado a regresar a las salas con la función “La cuenta”.  Desde que se pudo retomar (con limitaciones) la actividad escénica debido a la crisis del coronavirus he tenido claro que la cultura es segura y que, en esta carrera hacia la normalidad, los espectadores damos sentido a las artes escénicas con la compra de entradas. Sin embargo, después de un año sin pisar el patio de butacas, tengo sentimientos encontrados.

Si bien soy consciente del empeño de los teatros por garantizar en todo momento la seguridad de los espectadores implantando medidas como que el público lleve puesta la mascarilla o el establecimiento de puntos de gel hidroalcohólico para las manos, en esta primera experiencia post-covid he echado en falta que a los asistentes nos tomen la temperatura y especialmente que se guarde un mayor distanciamiento social (yo misma tenía una persona sentada delante de mí y me provocaba cierta sensación de riesgo). Más allá de esto, la función invita a desconectar de la pandemia aunque, eso sí, después de que se nos recuerde a los presentes el uso obligatorio del cubrebocas.

“La cuenta” tiene como punto de arranque una partida de ping-pong entre unos amigos cuarentones que han quedado después de un tiempo viéndose poco. Entonces los espectadores descubrimos que uno de ellos, Alejandro, había decidido invitar a cenar a los otros dos, Julio y Antonio, pero al día siguiente se arrepiente y tras pedirles su parte de la cuenta estalla una sucesión de deudas emocionales pendientes.

Esta obra de Clément Michel se convirtió en uno de los mayores éxitos del teatro francés hace ya algunas temporadas y en 2020, durante el periodo de confinamiento por la crisis sanitaria, Gabriel Olivares y los tres actores protagonistas echaron mano de videoconferencia para sacar adelante una versión de este texto que ha sido adaptado por Ramón Paso en español. El resultado es una historia de cuentas pendientes que pone en duda la definición que cada uno de los personajes tiene de sí mismo y de sus amigos.

Si bien se aprecia la construcción de unos personajes profundos, con aristas, y capaces de abordar la sexualidad, las infidelidades y las traiciones, lo cierto es que la representación recurre por momentos a la risa fácil de los espectadores. Y no solo lo digo por la exagerada teatralidad de los actores a la hora de abordar los papeles y las situaciones bizarras en las que los protagonistas se ven envueltos sino especialmente por la existencia de algunos diálogos estereotipados.

Ahora bien, si hay algo que me ha seducido de esta obra es descubrir que Antonio Hortelano, Raúl Peña y César Camino continúan desplegando su talento más allá de la televisión. Los tres pertenecen a una misma generación de intérpretes que ha encontrado en la comedia el vehículo perfecto para expresarse y seguir trabajando. Y para alguien como yo que ha crecido con “Compañeros” o “Un paso adelante” es muy significativo que en esta nueva normalidad sean estos actores los que me hagan reír otra vez.

Asimismo el mensaje de esta gamberra pieza que dura aproximadamente 85 minutos de duración también me ha resultado muy revelador ya que hay muchas cuentas con las que todos, en mayor o menor medida, convivimos sin darnos cuenta. En este sentido la historia va de menos a más, en parte porque el conflicto cada vez es mayor y esto provoca que el desenlace venga acompañado de una explosión de carcajadas. Y si bien confieso que tardé en echarme a reír con esta adaptación la realidad es que he acabado rendida a este espectáculo que maneja la comedia con soltura y eficacia.

En suma, “La cuenta” es una obra ligera y divertida protagonizada por tres actores cercanos que consiguen que los espectadores pasemos un rato agradable.

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