viernes, 13 de marzo de 2020

Crónica: Teruel

Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él


PAULA OLVERA-La prevención ante el coronavirus ha paralizado el mundo. Si bien ahora no es el mejor momento para viajar os recomiendo que cuando se supere esta pandemia, y tengáis la oportunidad, visitéis Teruel. Esta ciudad de Aragón, situada al este de España, cuenta con un destacado patrimonio cultural y patrimonial y posee una oferta de ocio de lo más diversa. Además está conformada por pueblos con un encanto especial como Albarracín donde podéis probar sin intermediarios productos hechos para paladares exigentes. Hay que destacar asimismo que, debido a la baja densidad poblacional, ha conseguido mantener intactos la mayor parte de sus espacios naturales. Porque Teruel existe y a continuación compartimos los principales monumentos y lugares de interés.

Teruel es una ciudad desapercibida que esconde muchas joyas ya que es uno de los puntos del mapa de España más completos. El símbolo es la estrella sobre el toro, remitiendo a una leyenda del siglo XII. Y es que en 1171, que es cuando se funda la ciudad, las tropas aragonesas sitian la muela en la que está este lugar que hasta entonces estaba ocupado por musulmanes. Las crónicas cuentan que están esperando una señal para atacar el asentamiento árabe cuando observan un toro salvaje que camina por el borde de la montaña y una estrella que camina sobre el astado. Eso hace que ataquen el asentamiento e instituyan la ciudad. Precisamente la fuente del Torico, uno de los iconos ubicado en la Plaza del Torico (donde se agolpan numerosas terrazas y que es la única de España que tiene forma de ataúd), está presidida por un toro de reducido tamaño y en las placas inferiores se cuenta la aparición de la estrella sobre el astado en tiempos de Alfonso II de Aragón.

Uno de los lugares frontera de la ciudad es el viaducto Fernando Hué, una construcción del siglo XIX que conecta la parte vieja con la más moderna, aunque yo recomiendo iniciar la ruta en la Escalinata neo-mudejar, de principios del siglo XX, que se hizo para comunicar la estación de tren con Teruel que, todo sea dicho, cuenta con una biblioteca solemne en el centro que forma parte de la red de bibliotecas públicas del estado. Y es que están creando el legado del ilustre escritor turolense Javier Sierra, es decir, poseen un ejemplar de las ediciones de sus libros en cada uno de los idiomas, además de artículos en prensa de este Premio Planeta. En otras palabras, es un centro de documentación.

Ahora que el símbolo más conocido de la ciudad son los amantes de Teruel, el mito que cuenta la historia de Juan Diego Martínez de Marcilla, un hombre sin dinero que para ganar a su rica amada tiene que irse a la Batalla de Las Navas de Tolosa para conseguir fortunas y cuando regresa cinco años después Isabel de Segura está casándose con un noble de Albarracín con el que le había juntado su padre. El drama se produce cuando él le pide un beso pero ella lo niega (porque ya está casada con otro) y cae muerto de la tristeza porque no le corresponde. Lo más significativo es que los amantes terminan enterrados en suelo sagrado ya que en su funeral, la mujer le da ese beso que le negó en vida y también fallece. En la actualidad los restos se pueden contemplar en el mausoleo de la Iglesia de San Pedro.



Cabe señalar que Teruel conserva cuatro torres mudéjares, dos de las más impactantes son las de San Salvador (donde se puede acceder a la parte más elevada) y la de San Martín que está ubicada cerca de la citada biblioteca pública de Teruel y por su posición podemos disfrutarla en todo su esplendor. Otro de los puntos imperdibles es Dinópolis que permite la posibilidad de retroceder en el tiempo y asombrarnos, mediante interactivos y visuales, con el mundo que vivieron los dinosaurios hasta su extinción. Una de las actividades más divertidas es el paso en barca para recorrer los últimos 65 millones de años, desde la desaparición de estos reptiles hasta la aparición de Homo sapiens. También se puede ver a un torvosaurus, un megadinosaurio carnívoro de 12 metros de longitud, y uno de los mayores depredadores del Jurásico, en una escena de lucha con un Aragosaurus. Y es que este parque combina ciencia y diversión.

Albarracín es el lugar turístico por excelencia de esta buena tierra. Este pequeño pueblo de la sierra aragonesa, rodeado por el río Guadalaviar en un lado y por el recinto amurallado en el otro, es uno de los lugares con más encanto de España. De hecho, cuando se casaron los reyes Felipe y Letizia no dijeron dónde iban de luna de miel, era el secreto mejor guardado del momento, y lo más curioso es que aparecieron al día siguiente por sorpresa aquí. La Fundación Santa María de Albarracín, cuyo director gerente es Antonio Jiménez, ha sido clave en la evolución de esta localidad de aproximadamente 1.000 habitantes que posee una actividad cultural que ya quisieran tener muchas ciudades.


Viajar a Albarracín es respirar el pasado por las calles y plazas. La Catedral es el inmueble más imponente y emblemático de todos los que hay aunque tampoco se queda atrás la Casa de la Julianeta que es uno de los mejores ejemplos de arquitectura popular de este pueblo. Es uno de los rincones más pintorescos, el embrión artístico puesto que desde el 2005 actúa como residencia taller para creadores que acuden a inspirarse.

En definitiva, Teruel es uno de los grandes puntos desconocidos del mapa y yo solo espero que se pase la crisis del Covid-19 para que podamos disfrutar en todo su esplendor.

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