martes, 21 de enero de 2020

Crítica: documental “Me llamo Violeta”

Por una mayor visibilidad de los menores transexuales

PAULA OLVERA- Cada 20 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Memoria Transexual aunque es a diario cuando se lucha contra la transfobia que sufre la comunidad transgénero. Los más vulnerables son los menores así que todavía queda un paso de gigante para la inclusión social de aquellos niños y mayores que reasignan su sexualidad. En este contexto, el 28 de junio de 2019 se estrenó el documental “Me llamo Violeta”, que he podido visionar en Movistar+, y que me ha permitido empatizar más con las familias que tienen hijos trans. Así, este montaje, argumentativamente demoledor, me ha hecho comprender de una vez por todas que lo único que podemos hacer (más allá de asumir que el mundo es diverso) es luchar por los derechos de los más indefensos.


La percepción social de las personas transgénero en España, que se ha retratado siempre de una forma muy oscura, ha avanzado poco a poco hacia una visión mucho más abierta y tolerante. Sin embargo, se siguen repitiendo mensajes tránsfobos como el de aquel autobús de Hazte Oír que en 2017 recalcaba que "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo". Para combatir esta lacra, quienes estéis interesados en temas sociales os recomiendo el documental “Me llamo Violeta”, una historia muy real que ahonda en que la diversidad alimenta el mundo.

Violeta, la protagonista del documental, cuando nació se llamaba Nacho, pero a los seis años confesó a sus padres (Nacho Vidal y Franceska Jaimes) que se sentía una niña. Si bien al principio el actor para adultos pensó que era homosexual, por puro desconocimiento del colectivo transgénero, esta menor ha tenido la suerte de contar con el apoyo de sus progenitores quienes, tras el shock inicial, decidieron acompañarla en el largo camino de convertirse en mujer. Un periplo de rosas y espinas  ya que en el montaje se cuenta que fue ardua la tarea del cambio de nombre en el registro civil puesto que la fiscal no dejaba ponerle un nombre femenino.

Por suerte, Violeta no es la única menor que cuenta con el apoyo de sus progenitores. El Español también recogió la historia de Carola, de “Gran Hermano 2”, como madre de un niño transexual a la que inicialmente también le costó asumir la identidad de género de Álex. Respecto al caso mediático internacional más conocido es el de Shiloh, la hija de 13 años de Angelina Jolie y Brad Pitt, que comenzó un tratamiento hormonal para frenar su desarrollo como mujer porque siempre se ha sentido un chico que se hace llamar John.

En España, Nacho Vidal ha conseguido acercar a todo el país la realidad de los niños transexuales. Si bien en una entrevista que ofreció en “Sábado Deluxe”, allá por 2016, ya abordó la experiencia de su hija Violeta ha sido en el documental donde se ha mostrado verdaderamente el apoyo en la transición a esta menor nacida con genitales masculinos. Y es que un rostro televisivo como ejemplificante de la existencia de este colectivo siempre ayuda a llegar a un público más diverso.

En este montaje, dirigido por Marc Parramon y David Fernández de Castro, ya se aprecia que la pequeña es muy madura a pesar de su corta edad y que está dispuesta a tomar decisiones a priori muy duras. Y es que cabe destacar que Violeta ha entrado en la adolescencia y deberá elegir si tomar bloqueadores de hormonas para evitar el desarrollo de las características asociadas tradicionalmente al género masculino.

Este generoso retrato sobre el colectivo de 76 minutos de duración también nos presenta a otras familias y jóvenes transgénero que nos permiten conocer los desafíos médicos y legales que deben afrontar, además de superar el tabú de una sociedad tránsfoba que vive a base de señalar y poner piedras a quienes se asumen diferentes.

De esta forma, desde el minuto uno se trata con emoción cada una de las historias permitiendo a la audiencia empatizar fácilmente con los personajes. Si bien Violeta centra el guion, su narración de vida mantiene un punto en común con Alan, un menor trans de 17 años que acabó con su vida en 2015, a quien el montaje rinde tributo ya que fue víctima de acoso en el instituto y el apoyo de su familia no fue suficiente para evitar su trágico final.

En definitiva, “Me llamo Violeta” muestra, a través de una mirada absolutamente necesaria, que nuestra sociedad está avanzando en la aceptación de la transexualidad infantil, pero que aún queda mucho camino por recorrer. Esperemos que el documental sirva para acabar de una vez por todas con estos tiempos de intolerancia e ignorancia en los que todavía vivimos para hacer mucho más fácil el tránsito a los menores hacia aquello que quieran ser.

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