martes, 29 de octubre de 2019

Entrevista: Juan Abarca, miembro de Mamá Ladilla

“Lo que más hace seguir a uno en la música es el aplauso, que es mucho más adictivo de lo que parece”


PAULA OLVERA- Juan Abarca lleva desde 1994 al frente del grupo Mamá Ladilla con la misma entrega y motivación de aquella década. Y es que el compositor madrileño de 50 años continúa luchando por vivir del aplauso de una banda que sigue al pie del cañón con conciertos y nuevos temas, los últimos recopilados en el álbum “Quién pudrieda” que fue lanzado el pasado año y que, desde luego, no deja indiferente a cualquiera que repare en sus letras cargadas de ironía. El cantante y guitarrista de esta banda de punk rock ha compaginado su labor en este grupo con su incursión en otros como “Dixlesia” y “Engendro”. En 2011 además publicó su primer libro titulado “Dios es chiste” y, un año después, lanzó su primer disco en solitario: “La caja de nada”.


P: Mamá Ladilla lleva en activo desde 1994. ¿Qué balance haces de la trayectoria del grupo en todos estos años?

R: El balance hasta ahora es bueno porque me ha permitido vivir o medio vivir de ello durante años, soltar una buena parte de la bilis que llevo dentro, centrarme en cosas creativas, dejar algún tipo de legado aunque sea discreto, conocer un montón de gente y de lugares… y mil cosas más. Pero prefiero pensar en los próximos meses, o sea en las nuevas canciones, el siguiente disco, los directos que tenemos cerrados, los que andamos cerrando ahora, etc. Lo siento como una actividad continuada que se vive en el presente, no algo de lo que me salga hacer balance.

P: Como comentas, los próximos meses estaréis repletos de conciertos. ¿Tenéis algún ritual antes de salir al escenario?

R: Asegurarnos de que tenemos agua en el escenario y listas con las canciones, afinar, dar cuatro saltos, quince gritos para calentar y otras cosas así. Casi siempre nuestra llegada al escenario es más o menos simplona, salvo alguna temporada en que hemos llevado una intro en audio. El fiestón son las canciones mismas.

P: Vuestras letras son muy particulares, con juegos de palabras constantes. ¿Dónde reside tu inspiración para crear casi un lenguaje propio?

R: Sale solo, soy una persona que está todo el rato pensando pamplinas, juegos de palabras y cosas así. Hago de vez en cuando palíndromos, tengo media cabeza metida en un grupo de WhatsApp en el que varios amigos sacamos cualquier tema y hacemos cientos de juegos de palabras sólo por echar unas risas. He escrito un “diccionario jeroglífico” un poco en el estilo de los que sacó (José Luis) Coll, y todavía me sobra material para ir pensando en sacar la segunda parte un poco más adelante. Al hacer letras pongo a funcionar la máquina todo lo que da y, tras descartar millones de cosas, escojo lo que más me parece que hace gracia o que epata por cualquier causa. No sé si es mucho decir lo del lenguaje propio pero sí que me llevan mucho trabajo todas las letras, hasta las más simplonas.

P: ¿Te tomas la vida con el mismo sentido del humor que hay en tus canciones?

R: El sentido del humor digo yo que hay que intentar mantenerlo siempre, pero una letra es una letra y la vida es la vida. En muchas canciones encarno una especie de personaje chiflado (y cambiante para cada ocasión) que está autorizado para decir las burradas que le apetezca, y creo que ese sentido del humor del que hablas no lo enarbola él, sino yo observando desde fuera lo que está pasando en su conjunto. Pienso que son canciones que hacen gracia -cuando la hacen- no porque escuches a un tipo diciendo una determinada salvajada, sino porque hay un tipo (yo) manejando como una marioneta a otro (el personaje) que dice las salvajadas, hipérboles, etc. Es divertido que todos juguemos a verlo desde fuera, como una película en la que los participantes se descuartizan y se comportan como psicópatas impredecibles.

Imagen cortesía de Clara Cabezas

P: Cabe destacar que algunas de vuestras canciones han sido criticadas. ¿Ha habido algún comentario negativo al respecto que realmente os haya afectado u os haya hecho replantearos ciertas composiciones?

R: Se critica a todo el mundo, de toda la vida. Si lo que haces de manera pública gusta o disgusta a unos o a otros, cosa que te va a pasar hagas lo que hagas, un pequeño porcentaje de los “afectados” te lo hará saber. En los últimos años, con las redes sociales se ha disparado este efecto y creo que es sano aprender a no hacer demasiado caso a lo que te diga cualquier desconocido, incluidos los elogios.

P: ¿Ha habido alguna canción que, a día de hoy, todavía tengáis guardada en el cajón?

R: No. Esa autocensura, que la hay (y no en vano se suele decir que es la peor censura), se va produciendo durante la escritura misma de las letras. En el último disco, “Quién pudriera”, precisamente intenté saltármela todo lo que pude y decir todas las inconveniencias que me salieran, más otras dos tazas. Es como si ese personaje que manejo como una marioneta se hubiera agobiado de tanta presión externa y se hubiera hecho hueco a codazos entre los “likes”, los “haters” y la madre que los trajo a todos. Me quedé muy a gusto, aunque tengo que reconocer que me costó mucho ignorar mis propias ganas de cortarme un poco.

P: ¿Qué papel dirías que representa el humor que ya hemos mencionado y la ironía en tus canciones?

R: No sé, supongo que es un poco como el respirar, sale solo sin que haya un plan previo. Puede que en parte esté escondiendo emociones mías detrás de la comicidad vitriólica del personaje por pudor, miedo o cualquier otra causa. Me gusta que Mamá Ladilla sea un grupo que bajo cierto prisma es una parodia de un grupo, aunque sea un trabajo que realizamos con seriedad total. Hay, por ejemplo, muchas canciones que se meten con el rock mismo, cosa en teoría incongruente viniendo de un grupo de rock. Creo que tengo muchas ganas de reírme del dramatismo y a la vez practicarlo. Son como dos vías de escape simultáneas que se pelean entre sí y al pelearse ruedan, y al rodar avanzan. Aunque no se sepa hacia dónde, eso me da un poco igual.

P: La escatología es otro tema muy recurrente, ¿hay alguna explicación de que aparezca tan frecuentemente en vuestros temas?

R: Eso habría que preguntárselo a un terapeuta, aunque si te digo la verdad cuando he estado en terapias siempre han salido otros temas que me parecían más importantes. El por qué de esa cierta fijación (creo que ya decreciente) parece tener que ver con la intención general de incordiar y de ser libre, que diríase que forma parte del “libro de estilo” del grupo. Y esto último tampoco sé por qué es así. El caso es que cualquier tema o enfoque que sea más o menos inconveniente acaba siendo justo el que más parece convenirme a mí. Por lo que sea.

P: ¿Crees que en los tiempos que corren la música se ha convertido en la mejor arma de crítica a la sociedad?

R: El arte en general ha sido una vía de escape siempre, en cualquiera de sus formas y en cualquier época, y puede ser usada para criticar, tocar las narices u otras actividades parecidas. La música, al ser abstracta y directa al corazón casi al 100%, no puede encarnar por sí sola la crítica ni ningún tipo de pensamiento, pero los puede potenciar hasta límites insospechados. Por eso los músicos han sido durante siglos lacayos de los poderosos, o cantores que van por libre y a los que los poderosos pueden llegar a cortar las manos y la lengua, encarcelar o matar. O todo ello, por ese orden. A mí me ha ocurrido un montón de veces durante años que alguna persona con la que hubiera discutido se quedara acojonada ante la idea de que le escriba una canción, así que sí que parece que manejamos material sensible, importante, aunque a la vez a los músicos se nos considere unos parias. Por otro lado la idea de usar la música para fines puramente panfletarios me revienta. En general cualquier canción me parece en sí misma más importante que la crítica que pueda contener, se dirija a quien se dirija.

P: En vuestro caso, o al menos en tu caso personal, ¿se puede vivir exclusivamente de la música?

R: Hasta ahora lo hemos logrado todos los que hemos pasado por el grupo, pero combinándolo con la enseñanza o con matarse a la vez a bolos con más grupos. O las dos cosas. Ha sido y sigue siendo un camino bastante precario, con muchas subidas y bajadas y sin ver mucha pasta junta nunca, pero aun así hay que reconocer que hemos tenido muchísima suerte.

P: Además de motivación y amor por la música, ¿qué dirías que es imprescindible para seguir al pie del cañón en la banda?

R: Esas dos cosas bastan y sobran. Aunque bueno, también ayudan las facturas de la luz, la paternidad o el ruido que hacen las tripas cuando no comes. Pero bromas aparte, quizá lo que más hace seguir a uno en la música es el aplauso, que es mucho más adictivo de lo que parece.

P: Y la pregunta del millón: ¿Habrá Mamá Ladilla por muchos años?

R: Eso espero. Yo acabo de cumplir cincuenta años y mis dos compañeros de ahora son más jóvenes. Con este formato vamos a ver cuánto duran las ganas y cómo es la situación de cada cual, pero yo llevo décadas pensando siempre que quedan por lo menos diez años más de grupo (por decir una cifra), y a día de hoy cuando me lo planteo, que es casi nunca, no bajo de ese número. A ver por dónde sale el sol.

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