martes, 18 de junio de 2019

Crónica: Real Sitio de San Ildefonso

Las cosas de palacio van despacio

PAULA OLVERA-Dice el refranero español que “las cosas de palacio van despacio”, lo que viene a significar la lentitud con que se realiza algo, especialmente los trámites burocráticos de la Administración. Me ha venido al recuerdo mi visita al Palacio Real de la Granja de San Ildefonso que tardó cuatro años en construirse, de 1721 a 1724, y que hoy en día es considerado un Bien de Interés Cultural que lógicamente os recomiendo que visitéis al menos una vez en la vida. Esta residencia, de Patrimonio Nacional, se halla en la localidad segoviana de Real Sitio de San Ildefonso y en ella han tenido lugar hechos tan relevantes en la historia de España como la boda de Carlos IV con María Luisa de Parma, la firma del Tratado de San Ildefonso entre España y Francia o el nacimiento de Don Juan, padre de Juan Carlos I.

Muy cerca de Madrid nos encontramos el Real Sitio de San Ildefonso donde el turismo es de gran importancia. Este municipio perteneciente a la provincia de Segovia comprende La Granja de San Ildefonso donde se localiza uno de los palacios de verano de los Borbones, más su correspondiente corte, con más historia de España. El rey Felipe V fue el encargado de mandar construir esta suntuosa residencia de estilo rococó en la que se alojaron sus sucesores hasta Carlos II y cuyo principal atractivo se halla en su enclave, resguardado entre las altas montañas y la frondosa arboleda de la Sierra de Guadarrama.

Felipe V, conocido también como duque de Anjou, nació en Versalles (Francia) en 1683 y era nieto de Luis XIV, el Rey Sol. El monarca, que solía cazar por estos terrenos segovianos, se enamoró del paisaje y decidió levantar un palacio en el que lógicamente también se alojó su esposa, la italiana Isabel de Farnesio, y donde se intentó recuperar de sus problemas mentales. Se dice que la reina tenía una fuerte personalidad que le otorgó una gran influencia en la corte de la época. Los restos de ambos reposan en la Colegiata de la Santísima Trinidad, construida en el siglo XVI, y no en la cripta real del Escorial, tras sus respectivos fallecimientos en 1746 y 1776.

Fue precisamente esta reina quien encargó a paisanos suyos una ampliación del palacio. No obstante, hay que tener presente que sufrió un devastador incendio el 2 de enero de 1918 por lo que la pérdida de obras de arte fueron cuantiosas. De todas formas, durante el reinado de Carlos III fue cuando la estancia real adquirió su ordenación definitiva.



Actualmente, lo que más llama la atención de esta residencia real es el trazado y diseño de los jardines que corresponde al estilo clásico francés ya que su creador fue Le Nôtre, autor de los jardines de Versalles. Además, resaltan las esculturas de las 21 fuentes realizadas en plomo en vez de bronce para prevenir la corrosión, así como los diferentes árboles como secuoyas o abetos. Estas fuentes están inspiradas en la mitología clásica y se encienden todas a la vez únicamente tres veces al año.

Durante mi visita guiada, 9 euros de entrada general más 4 euros adicionales, por el interior del palacio lo que más me sorprendió fueron los tapices, así como los frescos en los techos de las diferentes salas donde se alojaban los monarcas. De igual manera, destacan las lámparas de vidrio fabricadas en la Real Fábrica de Cristales de La Granja, la colección de relojes repartida por las estancias y las esculturas.

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