martes, 15 de enero de 2019

Crítica: obra “Tres canciones de amor”

Los hombres y las mujeres quieren vivir y amar sin corsés

VÍCTOR  H. OSPINA - Después de Moscú (3.442 kilómetros) en el que tres mujeres jóvenes intentaban huir de su mundo  a otro mejor, Patricia Benedicto vuelve a las tablas madrileñas con “Tres canciones de amor”, un espectáculo que critica a la sociedad machista y a los roles que se han impuesto a las mujeres y a los hombres. Es una propuesta necesaria para construir una relación honesta y justa entre ambos sexos. A través de la obra presentada en la Sala Cuarta Pared, Benedicto hace un retrato de la desigualdad a la hora de educar a los hombres y a las mujeres, la victimización de la víctima (“si entras al bosque te van a matar y te culparán a ti”), la falta de confianza las mujeres para abrirse al amor por el miedo a ser asesinadas, incluso lo desgraciada que puede llegar a sentirse una mujer por ser mujer.

De la noche a la mañana, la sociedad ha comenzado a reflexionar desde una visión feminista y ha descubierto lo machista que puede llegar a ser. El humor, los libros, las canciones… Nada se escapa. “Tres canciones de amor” podría contribuir a una sensación de saturación e incluso de cansancio por parte de quienes se sienten atacados por el feminismo. Pero es un riesgo que se debe correr.

Durante mucho tiempo se ha potenciado y perpetuado la imagen fiel de la mujer, que cuida de su marido y que es buena madre. Siempre guapa, disponible y sumisa para el hombre. La mujer moderna no se reconoce en estos modelos claramente de dominación que la sociedad ha impuesto. No ha sido hasta ahora cuando el feminismo ha cuestionado estos roles con dureza.

El montaje de este espectáculo está hecho de tal manera que deja un buen sabor de boca. En los primeros compases de la obra, las actrices representan a tres mujeres idílicas: Doris Day, Katharine Hepburn y Norma Jeane Baker. Ellos, por su parte, a Montgomery Clift, John Wayne  y James Dean.  En esta primera parte la explotación de los estereotipos machistas es la nota dominante.

La segunda parte abre con un telón (metafóricamente hablando) en el que los seis personajes anteriores dejan de existir y entran en escena otros seis. Elena, Laura, Lúa, Eugenio, Sergio y Carlos interpretan un papel, pero ellos son tan reales que parece que cuentan su propia historia. Todos quieren amar y ser amados y a fin de cuentas, vivir como ellos quieren ser y no como la sociedad espera.

Es interesante la dualidad del hombre. Por un lado, el espectador ve a un individuo educado en el machismo, que por momentos aparece como un ser ridículo que no es capaz de controlar su deseo sexual, que se enorgullece de su hombría y sus actos. Por otro, Eugenio, Sergio y Carlos representan a un hombre nuevo que se pregunta qué es ser un hombre de verdad, al tiempo que dan una pincelada de cómo deben ser las nuevas masculinidades, alejadas de la figura del macho dominante y de la idea de que las mujeres son personas domesticadas por el hombre.

“Tres canciones de amor” es una obra necesaria que educa y crea conciencia. Está construida de manera que el espectador se da cuenta de que ha podido contribuir a que la mujer ocupe un papel secundario. Aun así es inclusiva porque cree que los hombres deben ser parte importante a la hora de construir una relación entre los dos sexos que, por desgracia, no siempre se ha sustentado en el respeto y la igualdad.

El teatro más allá de Gran Vía:

No sólo en la Gran Vía madrileña y sus alrededores se respira teatro. A medio camino entre Embajadores y Acacias se ha desarrollado un verdadero pulmón teatral que junto con otras artes, imprimen un carácter cosmopolita por la que es conocida Madrid. Concretamente, en la calle Ercilla, la Sala Cuarta Pared y la Sala Lagrada enriquecen la oferta teatral. En la misma calle se encuentran varias escuelas taller que imparten cursos para aprender interpretación.

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