lunes, 19 de febrero de 2018

Crítica: obra “El plan”

La caída de las máscaras


PAULA OLVERA-¡Tenéis un plan! Y no es otro que “El Plan”. Este título teatral ha llegado  a las tablas del Teatro Marquina por cuatro únicas semanas. Se trata de una obra protagonizada por Manuel Baqueiro, Javier Navares y Chema del Barco que ha sido escrita, así como dirigida, por Ignasi Vidal. Inicialmente la función invita a los espectadores a descubrir cuál es el plan que tienen los tres personajes y que se desvelará a medida que el público se adentre en la trama y asista a la caída de las máscaras de estos protagonistas. Una comedia agridulce acerca de los sueños rotos y el desvanecimiento de las esperanzas, cuyo cierre nos dejará helados. Un título que va dejando pistas que sólo se entenderán al final. La risa promete dar paso al drama y a la reflexión. 


“El plan”, representado en el madrileño Teatro Marquina, está recomendado para todos aquellos espectadores que se hayan planteado alguna vez si ellos son los ejecutores de sus desgracias o las víctimas de sus propio destino.

Manuel Baqueiro, Javier Navares y Chema del Barco interpretan a tres perdedores que intentan salir a flote reprochándose sus respectivas miserias. Normalmente tendemos a ver la paja en el ojo ajeno e incluso disfrutamos siendo conscientes de que otros están iguales o peor que nosotros mismos. Porque la felicidad es una utopía, un término que realmente reside en los pequeños detalles y en darnos cuenta de que siempre podría ser peor. A veces somos tan egoístas que incluso envidiamos otras vidas, aunque estén repletas de miseria.

Los tres actores están soberbios en su papel de desempleados que superan la barrera de los cuarenta. Hay que mencionar especialmente a Manuel Baqueiro, actor al que muchos asistentes tendrán encasillado en su papel de Marcelino en "Amar es para siempre" y que en la función de prensa estuvo arropado por numerosos compañeros de la ficción.

La trama que los envuelve se desarrolla en el salón de una casa con una escenificación cuidada donde los objetos están incorporados adrede. Un escenario perfecto donde los diálogos se suceden estrepitosamente a raíz de la avería de un coche que frustra el mencionado y secreto plan. Eso sí, los personajes entran y salen de la estancia otorgando gran ritmo a la función.

Los diálogos entre los personajes primeramente se tornan divertidos, no obstante, a medida que avanza la historia se va creando una gran bola de acusaciones y frases pesimistas que amenazan con arrollar a todos los presentes que están en el patio de butacas. Nadie puede permanecer impasible a lo que está sucediendo.

El guion está perfectamente hilado y da como resultado una propuesta teatral realista y absolutamente necesaria. Se vale del humor ácido y la ironía para introducir un drama en toda regla que se balancea entre la supervivencia y la desesperación, recordándonos que somos un poco responsables de nuestros actos, pero no todo es culpa nuestra.

Cualquier espectador puede sentirse identificado con esta función que presenta a tres tipos que se han visto abocados a una suerte adversa. En España los últimos años han sido realmente terribles a nivel laboral para numerosas personas, muchos cabezas de familia que han tenido que hacer mil cábalas para subsistir y que, sobre todo, han visto frustradas sus capacidades. ¿Acaso hay algo más decepcionante que no poderte desarrollar como ser humano cuando estás en plenas facultades?

La pérdida del trabajo no es el único mal que se representa sobre las tablas del Teatro Marquina. El amor duele, digan lo que digan. Y en esta obra se pone sobre la palestra las dificultades sentimentales que todos, en mayor o menor medida, hemos tenido que afrontar. Asimismo, se adentra en las consecuencias que tiene para el alma humana incumplir los sueños. Como si fuéramos seres programados, desde pequeños seguimos una serie de impulsos que nos llevan a pelear por nuestros anhelos. Cuando las circunstancias vitales nos juegan una mala pasada, y esos sueños no se cumplen o no llegan a ser como los habíamos dibujado, sólo nos queda la dignidad. Sin embargo, resulta muy difícil mantenerse al pie del cañón cuando la sociedad, casi sin saberlo o quererlo, te da la espalda.

Aunque “El plan” se concibe como una comedia, realmente se habla en un tono muy profundo de la desesperanza que asola a una generación y que puede tener consecuencias fatales si no se actúa a tiempo. No vale permanecer con los ojos tapados si en nuestras manos están las herramientas para cambiar nuestro futuro o el de cualquiera que tengamos al lado.

Nos encontramos ante uno de los montajes más aplaudidos que en su día revolucionó el circuito teatral independiente y que ahora promete seguir conquistando al público con un final de obra que es sublime e incluso imprevisible. Un cierre que pone el broche de oro a una pieza que también reflexiona sobre el poder de la amistad y de la lealtad.

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