domingo, 17 de diciembre de 2017

Entrevista: Juan Jiménez Estepa

“Hago teatro para contar lo que me emociona”

PAULA OLVERA- Juan Jiménez Estepa es un director teatral independiente que ha estado al frente de “Mis días de humo” que se representó en Espacio Labruc dentro del festival de creación y experimentación #inlabrucfest. No es la primera vez que escenifica una pieza en este lugar, ya que en 2014 sedujo a los espectadores con el guion de su obra “No (me) abandones”. Juan se formó como actor en el Centro Andaluz de Teatro, aunque posteriormente decidió orientar su carrera hacia la dirección para poder escribir y tratar todas aquellas historias que realmente le emocionaran. Le gusta trabajar con actores jóvenes y entusiastas a los que le pide que disfruten sobre las tablas. Actualmente está a punto de estrenar "Los hombres tristes"  en Teatro Lagrada.


P: ¿Cómo comenzó su labor como director teatral?

R: Yo realmente comencé estudiando interpretación, lo que pasa es que llegó un momento que decidí dejar mi carrera de actor y dedicarme más a la escritura y a la dirección. Lo que me interesaba sobre todo de la dirección era dirigir mis propios textos, es decir, tener como un poco el control, entre comillas, porque control no hay, pero sobre todo sentir que mis historias se llevaban a cabo como yo quería. Y así empecé.

P: Recibió formación de actor en el Centro Andaluz de Teatro (CAT), ¿qué es lo más valioso que le enseñaron?

R: A creer en mí. Y a saber que uno es quién tiene que creer en él mismo.

P: ¿En qué se suele inspirar para escribir sus obras?

R: Primero en los actores con los que cuento, lo tengo muy en cuenta. Normalmente, cuando empiezo un proyecto, sé con quién quiero hacerlo o con quién quiero trabajar. Entonces, yo creo que los actores son un material muy importante para mí para inspirarme. Y luego tengo como unos temas que se van repitiendo, que supongo que son las cosas que me afectan, que me interesan, que me emocionan. Y para eso hago teatro, para contar lo que me emociona y me afecta a nivel personal. Esas son mis fuentes de inspiración: por una parte los actores y, por otra parte, lo que siento o lo que quiero contar.

P: ¿Qué tipo de actores suelen formar parte de sus proyectos?

R: Normalmente trabajo con actores con los que he hecho cursos de formación. Actores jóvenes, porque yo he hecho muchos cursos de formación con jóvenes. Hasta ahora mis historias han estado muy vinculadas con la juventud, con la adolescencia, entonces me gusta contar con actores que tengan esa edad y que puedan compartir esas vivencias que yo cuento en mis historias.

P: También es una manera de darles una oportunidad si están empezando…

R: Sí, también. Pero realmente es porque, hasta ahora, que no sé cómo seguirá mi carrera, me ha apetecido mucho trabajar con ese tipo de actores. Por la frescura que tienen, por la inocencia, porque pueden llevar a cabo un trabajo profesional pero no han perdido la primera frescura que tienen cuando están empezando, esa ilusión.

P: Como director, ¿qué pide a los actores?

R: Pido primero que entiendan los personajes que he escrito. Luego pido que me ayuden a definirlos, porque lo que está en papel está a medias, es decir, pretender tener unidad preconcebida sería para mí muy erróneo. Entonces intento dar libertad para que creen sus propios personajes. Pido que respeten el texto, pero el personaje es suyo. Un mismo texto puede dar lugar a diferentes maneras de decirlo y concretarlo. Y luego pido que se relajen y disfruten estando en un escenario, porque no entiendo el teatro como una obligación, ni como un sufrimiento, sino que debe ser como un placer. Entonces insisto mucho en que el teatro es intentar sentir dentro de lo que cabe ese disfrute, ya estés representando algo súper dramático o súper cómico, porque no tiene nada que ver el disfrute con eso. Y que fluyan y que sientan.

P: ¿De qué manera intenta inculcar a los demás su forma de concebir el teatro?

R: Quizás intento que vean cómo siento el teatro de manera transparente. Es muy difícil enseñar teatro, inculcar teatro. A lo que se puede aspirar es a vivirlo delante de ellos. Entonces, de ahí, ya absorberán lo que crean conveniente o lo que estén preparados en ese momento.

P: Muchos docentes plantean la enseñanza del teatro como una sucesión de juegos, ¿cuál es su metodología?

R: Mezclo todo. Y, sobre todo, depende de con quién esté trabajando. Hay veces que partimos del juego y hay veces que partimos de otro tipo de ejercicios, es que depende la obra, del personaje, de la escena que se esté currando y del actor. Yo creo que mezclo mucho todo, porque además mi escuela también, volviendo atrás, lo que me enseñó es que había que mezclarlo todo. Que hay cosas que hay que trabajarlas corporalmente y hay cosas que hay que trabajarlas más interiormente y que cada actor tiene su método. Yo intento estar receptivo al método que tiene cada actor, porque hay cosas que no se pueden trabajar desde la superficie, y hay actores que en determinados momentos no están preparados para trabajar internamente determinadas cosas y tú tienes que respetarlo y optar por otro tipo de trabajo para que muestre eso al público, porque hay temas muy duros que muchas veces un actor no puedes forzarlo ni a sentirlo ni a vivirlo ni a recrearlo.

P: Bajo su punto de vista, ¿qué cualidades hay que tener para ser un buen actor?

R: Mucha capacidad de trabajo. De trabajo en equipo, pero también de trabajo individual. Un actor perezoso es como una contradicción, porque un actor tiene que estar siempre investigando, haciendo cursos, preparándose, ensayando, y es una de las carreras más respetables y más duras que hay. Un actor realmente tiene que prepararse mucho psicológica y físicamente.

P: ¿Cómo es la cadena de producción de sus obras?

R: La cadena de producción en estos momentos es muy difícil y tiene que ir uno improvisando mucho. Depende de las circunstancias, porque no tenemos los grupos que somos independientes ni subvenciones ni apenas contamos con presupuesto. Entonces, mi manera de trabajar es primero trabajar con los actores, invertir lo que se pueda mínimamente en la obra y luego elaborar un dossier y un vídeo y enviárselo a las salas y contactar con ellas, por si a alguien le interesa.

P: Entiendo por tanto que el presupuesto con el que cuenta normalmente es reducido…

R: Muy reducido. Es que no digo que inexistente, porque sería mentira, pero hay que alquilar local de ensayo, hay que comprar un mínimo de vestuario…

P: Esa escasa financiación, ¿de dónde sale?

R: En mi caso, básicamente, de mi bolsillo. Yo trabajo obras contemporáneas, es decir, uno también cuando escribe, y cuando va a montar una obra, sabe qué presupuesto va a tener y si sabe que su presupuesto es poco más de cero se adapta, adapta su creatividad a ese presupuesto. Aunque yo creo que a la imaginación lo que le conviene es que haya dinero, subvenciones, ayudas.

P: Una de sus obras más destacadas se representó en Espacio Labruc en el año 2015. ¿Cómo surgió “No(me) abandones”?

R: “No (me) abandones” surgió leyendo “Éramos unos niños”, que es una autobiografía de Patti Smith, que narra los años en que convivió en el Hotel Chelsea con muchos otros artistas de Nueva York. Narra su relación con un fotógrafo que se llamaba Robert Maperfort. Entonces yo leí ese libro, conectó un montón conmigo, y de ahí se me ocurrió la historia. No es una adaptación, eso lo quiero dejar muy claro. Me inventé una historia después de leer ese libro, yo lo aparqué y a los dos meses empecé a crear una historia, pero sí que es verdad que el hecho de un hotel donde se alojaban muchos artistas jóvenes fue la idea principal y luego a esa idea se le unió otra que se inspiró con una canción de Alanis Morissette que habla del suicidio de un chico. Fundí como las dos historias. Eran los temas que quería tratar y se unieron.

P: ¿En qué momento de la creación de una obra suele escribir el título?

R: Depende. Hay veces que el título manda, hay veces que tengo ideas que empiezan por el título y hay veces que no. Depende de lo que esté escribiendo.

P: ¿Por qué prefiere transmitir sus historias en un teatro y no en otros medios como el cine o la televisión?

R: Realmente es porque es el terreno que domino y para el que estoy preparado. Alguna vez he hecho algún corto pero ya prefiero centrarme en esto porque es lo que me he preparado y lo que me siento seguro. Aparte de que es un medio que me parece maravilloso.

P: ¿Qué aporta el teatro en su vida?

R: A nivel personal aporta ilusión, principalmente, y mucha motivación a la hora de crear.

P: ¿Qué es lo que echa de menos como espectador en otras obras que no ha producido ni dirigido?

R: Hay obras que me gustan muchísimo de las que veo, y las que no me suelen gustar lo que le suele faltar es emoción, ya sea por parte de los actores o de la escritura. Cuando una obra parte de algo muy intelectual y no transmite algo más interior, ya sea del autor, ya sea de los actores, me suele decepcionar.

P: ¿Se negaría a dirigir alguna obra?

R: Sí. En este momento rechazaría una obra que no me gustara, así de simple. Para dirigir una obra ajena tendría que ser una obra que me emocionara como me emocionan las mías, que hay muchísimas por supuesto.

P: ¿Cuáles son sus influencias teatrales?

R: Me gusta mucho un autor que se llama Wajdi Mouawad que es libanés y con el que hice un curso en Venecia, en La Biennale que yo creo que es quien más me ha influido. Ha traído ya a Madrid varias obras, estuvo con una obra que se llamaba “Incendis”, que yo creo que es la obra que más me ha impactado en mucho tiempo y, bueno, es director también. Autor y director.

P: El teatro es una de las ramas de la cultura, ¿cómo la definiría?

R: La cultura, no sé, es lo que nos hace sentir vivos, que es muy parecido a sentirnos creativos, para mí. Son dos cosas muy parecidas y la cultura te forma no sólo, valga la redundancia, culturalmente, sino en valores y personalmente. Entonces, es muy importante.

P: ¿Cuál es su proyecto más inmediato?

R: Tengo un proyecto a punto de estrenar. Lo hacemos el día 13 en el Teatro Lagrada. Estaremos cuatro fines de semana: los sábados a las 21 horas y los domingos a las 20 horas.

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