viernes, 21 de abril de 2017

Crítica: película “Kalo Pothi, un pueblo de Nepal”

La guerra en la infancia


PAULA OLVERA- Este 21 de abril se estrena en España “Kalo Pothi, un pueblo de Nepal”, cinta dirigida por el nepalí Min Bahadur Bham quien ha extrapolado sus vivencias personales en este emotivo guion que ahonda en la Guerra Civil de Nepal prolongada desde 1996 hasta 2006. Durante esta década de insurgencia maoísta fallecieron más de trece mil personas, cientos de ellas, incluidas civiles y niños, siguen hoy en día desaparecidas. Asimismo, más de ocho mil menores se vieron forzados a abandonar la escuela y unirse a los militares maoístas. Este drama se nos acerca a través de los pequeños Kiran y Prakash, dos inseparables amigos que no entienden de castas ni de peligros, únicamente ansían criar una gallina para ganar algo de dinero mediante la venta de sus huevos.

“Kalo Pothi, un pueblo de Nepal” es el primer largometraje de Min Bahadur Bham y el que logró en 2015 el Premio Fedoara a Mejor Película en la Semana Internacional de la Crítica, que es una sección independiente del Festival Internacional de Cine de Venecia, donde también estaba nominado su director. Éste se aproxima casi al documental, acercando a los espectadores el orden patriarcal y la vida cotidiana de la región donde tiene lugar la historia. Precisamente uno de los puntos fuertes de esta cinta es la fotografía de Aziz Zhambakiyev que presenta paisajes realmente increíbles, gracias también a Jason Kunwar y la música de fondo que ayuda a contextualizar esta singular propuesta escénica.

El guion de esta ópera prima fue desarrollándose prácticamente al hilo de los recuerdos del creador, cuya infancia estuvo marcada por las diferencias sociales y, sobre todo, por la Guerra Civil de Nepal acaecida entre 1996 y 2006. Este conflicto enfrentó al gobierno monárquico de Nepal y a los rebeldes maoístas que pretendían instaurar la República Popular de Nepal. Éstos controlaron las áreas rurales y se apropiaron de los bienes de las familias campesinas. El fin de la guerra llegó en 2006 con un acuerdo de paz, aunque el enfrentamiento se saldó con más de trece mil muertos durante la citada década, así como con el reclutamiento forzado de niños soldado y con el desplazamiento de más de ciento cincuenta mil personas a otras regiones, principalmente hacia la capital nepalí Katmandú.

Cuando era pequeño, Min Bahadur Bham soñaba con criar junto a su mejor amigo un pollo que había encontrado en una casa, pero no podía jugar apenas con su compañero porque pertenecía a diferente casta. El valor de amistad se aprecia especialmente en “Kalo Pothi, un pueblo de Nepal” porque los dos protagonistas, Prakash y Kiran, son inseparables y deciden criar una gallina para ganar algo de dinero vendiendo sus huevos. Esta idea se convierte en su obsesión, en su vía de escape ante la circunstancia que les ha tocado vivir. Sin embargo, un día pierden la gallina y emprenden una travesía para recuperarla sin ser conscientes de los peligros que acechan su tierra durante un alto al fuego en la guerra civil. Y es que, como ocurre siempre con los niños, no entienden del todo el alcance de una contienda, por mucho que pierdan parte de su inocencia. Así, Prakash será abandonado por su hermana cuando ésta se escapa para unirse al enemigo y apenas encontrará explicación a este hecho.  

La lucha por la supervivencia, sin embargo, es encarnada a la perfección por estos dos pequeños protagonistas. El trabajo de los carismáticos Khadka Raj Nepali y Sukra Raj Rokaya es muy profundo gracias a la sencillez de sus interpretaciones que sumadas a la narración del relato, a modo de fábula, nos permiten descubrir el trasfondo amargo de esta guerra.

“Kalo Pothi, un pueblo de Nepal” es además una ocasión perfecta para descubrir otra cultura y otras costumbres. Es otro tipo de cine que nos adentra en el corazón del Nepal más rural, bello y empobrecido a partes iguales debido a la agridulce aproximación a la insurgencia que se nos ofrece. Hay que destacar que la grabación fue especialmente complicada ya que el equipo rodó en una de las partes más remotas del país, donde el 80% de la población es analfabeta y la mayoría de los aldeanos nunca habían visto una película. Así que, vosotros que podéis, ya sabéis que esta pequeña joya cinematográfica os espera en los mejores cines. Toda una declaración política que permite conocer un poco mejor una tierra a veces olvidada.

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