jueves, 17 de noviembre de 2016

Crítica: película “Un monstruo viene a verme”

Las historias son criaturas salvajes


PAULA OLVERA- El director de cine Juan Antonio Bayona lo ha vuelto a conseguir. Medio país continúa hablando del potencial de “Un monstruo viene a verme”, mientras que el otro medio se muere de ganas por sacar un hueco y disfrutar de esta profunda y mágica producción que es una adaptación bastante fiel de la novela homónima del escritor Patrick Ness. La historia es contada desde el punto de vista de Conor, un niño que acude a la fantasía para procesar una realidad caracterizada por la certeza de la muerte y la pérdida de la infancia. A través de la visita de un monstruo será capaz de expresar la verdad que sueña y que le atormenta. El cartel de la película ya invita a conocer a esta maravillosa criatura que enamora con su claro mensaje de superación. 

Juan Antonio Bayona ha logrado que los espectadores vuelvan a llenar las salas de cine. Parece que, poco a poco, la situación que atraviesa la cultura en general, y el Séptimo Arte en particular, mejora y también es gracias a este tipo de directores que cuentan historias intensas capaces de atrapar a espectadores de prácticamente todas las edades. “Un monstruo viene a verme” mantiene esa esencia y sinceridad tan ansiada por el público que disfruta con las obras reflexivas trabajadas desde el corazón. Con este título Bayona cierra una trilogía centrada en la relación madre-hijo, en la que se muestra quién es normalmente el centro de la familia.

“Un monstruo viene a verme” ha superado todas las expectativas posibles. Se estrenó el viernes 7 de octubre y tan sólo unas jornadas después, el día 12, coincidiendo con la festividad nacional del Día de la Hispanidad, logró la mejor recaudación en taquilla de un miércoles en la historia de España. Un éxito que el creador ya saboreó con sus dos anteriores producciones. Hay que recordar que con “El orfanato” fue galardonado en 2008 con el Premio Goya a Mejor Director Novel y con “Lo imposible” obtuvo el récord al mejor estreno de la historia de la taquilla española.

En su tercera película nos presenta a Conor O`Malley, un pequeño que tiene que asumir responsabilidades que no son propias de su edad. Sus padres están separados y su gran referente maternal sufre un cáncer que amenaza con alejarla de su lado para siempre. A Conor, como seguramente a todos nosotros, le cuesta contar la verdad que le duele hasta que empieza a recibir las visitas de un monstruoso árbol, siempre a la misma hora, que le ayudará a enfrentarse a sus propios temores e incertidumbres. La vida está en los ojos de este niño, en su sensible mirada repleta de esperanza, que centrará la trama.

“Un monstruo viene a verme” es especial en todos los sentidos y está repleta de lecturas y matices. La emoción está muy bien colocada durante el montaje, al igual que las pausas que también sirven para que los espectadores tomen aliento antes de que una nueva escena les vuelva a tocar el corazón y les empape los ojos. El ritmo está a la altura de esta película que es valiente por mezclar realidad y fantasía con tanta delicadeza.

La cinta conmueve principalmente por la manera en que se transmite el mensaje, se trata de acercar al público un problema que cada vez está más presente en cualquier sociedad. Se llora en colectivo para posteriormente relativizar este contratiempo que posiblemente una gran parte de los asistentes hayan vivido de cerca alguna vez. De esta manera, la historia llega a cualquiera porque es real, todos hemos sentido miedo a perder batallas y a no saber afrontar una adversidad. Los diálogos precisamente nos ayudan a gestionar las futuras pérdidas y a lidiar contra los infortunios del destino, una producción que casualmente nació con esta intención de ayudar. Sin duda, lo consigue con creces.

El reparto es otro de los puntos fuertes de la película que mantiene el espíritu de la novela del mismo nombre, en la que está basada, escrita por Patrick Ness. Es muy difícil que una producción cinematográfica supere a un libro, pero en este caso el director catalán consigue confeccionar pura poesía con las imágenes. Siempre hay que saber contarlo y parece que Bayona ha alcanzado esa montaña rusa de emociones propia de la historia inicial que cada lector tenía en su cabeza. El cineasta vuelve a entregar un pequeño papel a Geraldine Chaplin, aunque el verdadero talento de la película reside en Lewis MacDougall que, a su corta edad, se merece un Oscar por su trabajo porque transmite a la perfección la conmoción que sufre su personaje. Para crear este cine a lo grande también ha sido imprescindible la interpretación de Felicity Jones que encarna de forma brillante la dulzura de una madre que está atravesando un momento doloroso. Cerrando el círculo no podía faltar la actriz Sigourney Weaver cuyo personaje hace sombra al padre, papel de Toby Kebbell. No hay que olvidarse del monstruo que cobra vida para salvar al pequeño que tiene la voz de Liam Neeson.

“Un monstruo viene a verme” tarda poco en encoger el alma de los presentes, es casi imposible no derramar una lágrima o, al menos, impresionarse o perder el manejo de las propias emociones a medida que avanza la trama. El final es un regalo para los sentidos ya que deja en silencio a la sala. Una sensación agridulce invade cada una de las butacas porque la película acaba con una secuencia repleta de interrogantes lo que significa, por otro lado, que la cinta sigue viva una vez aparecen los créditos de cierre. ¡Y tan diligente! “Un monstruo viene a verme” consigue que los espectadores sientan ganas de volver a abrazar a sus madres una vez que acabe la sesión, de contactar con ellas y decir con el corazón lo que a veces es imposible con palabras, esos especiales “te quiero” que se dicen desde las entrañas y desde el más absoluto agradecimiento y amor a quienes nos dieron la vida.

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