sábado, 8 de octubre de 2016

Crítica: obra “Don Juan, un musical a sangre y fuego”

La magia de un clásico

PAULA OLVERA- Alejandro García, uno de los productores de cine independiente latinoamericano más destacados de la actualidad, ha convertido el clásico del dramaturgo español José Zorrilla en una superproducción musical. Desde el pasado 2 de octubre, día en que tuvo lugar el pase previo para medios de comunicación, la magia envuelve el escenario del Teatro de la Luz Phillips Gran Vía gracias a las impresionantes actuaciones, bailes y canciones que animan un argumento sobradamente conocido a nivel mundial. La trama se centra en la evolución de la figura de Don Juan, un galán empedernido que luchará por el amor de su vida.  Este fastuoso montaje de sangre y fuego os espera en la calle de los musicales, el particular Broadway madrileño donde los sueños se hacen realidad.

Todo partió precisamente de un sueño, de una ambición que con los años fue compartida y que ha dado lugar a una de las producciones teatrales de este 2016. “Don Juan, un musical a sangre y fuego” hace suyo el texto más universal de José Zorilla y se sube al escenario principal del Teatro de la Luz Phillips Gran Vía con un aire completamente renovado y actual. No obstante, sacar adelante este montaje contemporáneo nacido en México no ha sido un camino de rosas, por eso está justificada la emoción del elenco durante las dos horas y media aproximadas que dura este estreno mundial.

Tras la realización de multitudinarios castings y arduas audiciones estaba claro que el reparto no defraudaría a los espectadores. Los encargados de dar vida a Don Juan y Doña Inés son Tony Bernetti y Estíbaliz Martyn. La complicidad de ambos actores alumbra la oscuridad de la sala y juntos son capaces de revivir las aventuras y pasiones de estos dos famosos personajes de la Literatura. No obstante, Gonzalo Montes sobresale en su papel de Comendador al igual que David Velardo en su reto de convertirse en Don Luis. Igualmente brilla con luz propia Patricia Clark. Y es que la sirvienta de Doña Inés en el convento, Brígida, es acogida con especial cariño por el público. El espectáculo se completa con otros destacados actores así como con un gran cuerpo de baile, dirigido por Tino Sánchez, compuesto por una serie de bailarines profesionales que hacen vibrar a los presentes a la función.

Ambientada en el siglo XVI, esta comedia romántica musical mantiene una esencia religiosa y fantástica, con alguna que otra aparición fantasmagórica, que se cuestiona hasta dónde el ser humando es capaz de llegar por amor. Las aventuras apasionadas del célebre conquistador guían la trama que nos presenta primeramente a ese Don Juan mujeriego y burlador, rodeado de escándalo y libertinaje, para después mostrarnos al hombre romántico que queda prendado por Doña Inés a la que recita la célebre frase “¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?”.

Este proceso es muy bonito visualmente para los espectadores porque el protagonista emprende una doble lucha. Primeramente con su rival, Don Luis Mejía, con el que mantiene una apuesta centrada en descubrir quién de los dos es capaz de seducir a más doncellas, incluida la ya prometida Doña Ana, pero también consigo mismo porque se ha propuesto conquistar a una novicia. Al final acaban primando los sentimientos hacia la amada hija del Comendador Don Gonzalo de Ulloa quien intenta impedir que la joven caiga en las redes del galán. La obra también narra la huida, un tanto involuntaria, de este personaje principal que, a su vuelta a Sevilla cinco años después, se encuentra con el espectro del Comendador que quiere mandarle al infierno y con la trágica pérdida de Doña Inés que murió de pena al comprender que su amor por Don Juan nunca iba a llegar a un buen puerto.

No es la primera vez que Don Juan y Doña Inés se suben a las tablas, de hecho, esta historia ha sido adaptada al cine y a la televisión en numerosas ocasiones y ya era hora de que diera el salto al teatro musical. Hay que tener en cuenta que la figura de Don Juan aparece por primera vez en la obra “El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, de 1630, escrita por el dramaturgo Tirso de Molina que ya le confiere a este personaje un carácter seductor. No obstante, se populariza gracias a José Zorilla cuya turbulenta vida amorosa fue clave en el desarrollo de su extensa producción. El dramaturgo vallisoletano llegó a vender “Don Juan Tenorio” al editor Manuel Delgado cuando atravesaba una complicada situación económica. Hay que destacar que el montaje se estrenó el 28 de marzo de 1844 en el Teatro de la Cruz de Madrid aunque, sorprendentemente, permaneció muy poco tiempo en cartel. Paradojas de la vida, este hecho se contrapone con el éxito que actualmente dicha historia recibe en cada nuevo montaje, tanto que hasta Bertín Osborne y Arévalo se atreven hoy en día a hacer una parodia en su espectáculo “Por humor al arte”.

Este musical, cuya dirección artística corre a cargo de Ignacio García, es comprensible para todos los públicos debido a la universalidad del texto que aquí se presenta cantado. El compositor de este proyecto es Antonio Calvo quien, en consonancia con el director musical Julio Awad, incorpora varios estilos musicales que oscilan entre el rock y el jazz. Hay que tener en cuenta que la admiración de Calvo por “Don Juan Tenorio” viene de veinticinco años atrás, cuando comenzó a crear las piezas musicales que formarían parte de esta legendaria producción. El vestuario, creado por el catalán Lluis Juste de Nin y diseñado por Eloise Kazan, está en sintonía con la música y con la historia, acercándose a nuestro tiempo. Si os fijáis bien el protagonista muestra un montón de elementos propios de una estrella de rock, además de cierto aspecto de motorista, mientras que Doña Inés mantiene un mayor número de restricciones debido a su condición de novicia.

La escenografía, a juego con la iluminación, es el motor que mantiene la atención constante de los asistentes que se asombran con cada una de las plataformas móviles que determinan las alturas de las narraciones y que dotan de significado a los escenarios de la trama. Un convento, una cantina, una cárcel o un sombrío camposanto son sólo algunos de los lugares que recorrerá el protagonista de este montaje que está repleto de efectos especiales gracias a la inclusión de un holograma. Una obra con varios puntos álgidos dispuestos premeditadamente en cada uno de los dos actos y que servirán de gancho y tema de conversación en el descanso de la representación.

La historia de amor que ha dado la vuelta al mundo se ha transformado en un electrizante musical con un apoteósico desenlace que reúne a profesionales del mundo del cine, del musical, de la ópera, de las artes plásticas y del baile. Sin duda, un grandilocuente proyecto acerca de la condición del alma humana que volará a otros países gracias al apoyo de espectadores como vosotros. Nos vemos en el teatro.

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