lunes, 26 de septiembre de 2016

Reportaje: Walter Benjamin


"¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?"

PAULA OLVERA: Han pasado más de setenta años desde la pérdida del filósofo Walter Benjamin, pero sus obras y su aportación en el ámbito de la cultura permanecen vivas a nivel académico. Ahora bien: ¿Quién era realmente Walter Benjamin? ¿Qué relación existe entre su figura y la cultura? Han sido numerosos los autores que han estudiado el papel que el alemán tuvo en aquellos años del siglo XX tan convulsos a nivel político y su posterior legado. Y es que han sido muchos los que han seguido sus pasos y han compartido su concepción de cultura y, en definitiva, su perspectiva y modo de ver la vida. Por esto, resulta pertinente iniciar una nueva línea de investigación, o más bien continuarla, acerca de este relevante personaje cuya muerte además estuvo envuelta en un cierto halo de misterio.


La cultura es uno de esos conceptos ambiguos que no tiene una definición única por la complejidad que entraña la palabra en sí misma. No obstante, en determinados estudios de Grado y Postgrado, se suelen establecer unos parámetros, válidos para todos, que se instauran gracias a las aportaciones de cuantiosos pensadores y autores que analizaron el término con el fin de hacerlo accesible y comprensible a una mayoría que no termina de ser consciente de la importancia en nuestra vidas de las investigaciones culturales. Cabe añadir la definición que hace Edward B. Tylor en su artículo "La ciencia de la cultura" (1871) ya que el antropólogo plantea que la cultura es "aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”. Existen muchas más definiciones, pero parece que la idea de cultura más extendida es la que se identifica con la práctica de actividades intelectuales, técnicas y artísticas que el citado autor aúna. 

El acercamiento a este concepto pasa también por mencionar la cultura de masas que se definió a raíz de un texto publicado en 1947 por los filósofos Max Horkheimer y Theodor Adorno. Esta cultura de masas indica un tipo de cultura extensiva a todas las clases sociales, característica de las sociedades desarrolladas opuestas a la cultura de élite. Se entiende entonces que los sujetos contemporáneos pueden acceder a aspectos del mundo que antes sólo eran patrimonio de un reducido número de personas. Walter Benjamin fue otro teórico de la cultura. Su interés se basaba en los cambios que el proceso de modernización capitalista ocasionaba en las estructuras de interacción social. Sin embargo, el alemán estableció una ruptura con Horkheimer y Adorno, porque entendía que para analizar la cultura de masas es necesario comprender, ante todo, el nuevo modo de percepción de la realidad.

Nacido el 15 de julio de 1892 en Berlín (Alemania), su labor no se puede encuadrar en un único campo porque destacó en el de la Filosofía, en el de la crítica literaria, en el de política y social, en el de traductor, en el de locutor de radio y en el de ensayista. Inició los estudios de Filosofía en las Universidades de Berlín y Freiburg. En 1914 presidió la Asociación de Estudiantes Libres de Berlín, muy crítica con el Nacionalismo Alemán. Y es que cabe resaltar que criticó sin piedad a Hitler, así como a la teoría fascista. Pronto asimiló a grandes pensadores como Kant o Hegel. Durante la década de 1920 asumió además postulados marxistas influenciado principalmente por el crítico marxista György Lukács. 

Su pensamiento se asocia también con la Escuela de Frankfurt. No cabe duda que Walter Benjamin influyó en los pensadores de esta escuela. A pesar de ser un estrecho colaborador de la misma nunca estuvo directamente asociado a ella, es más, llegó a entrar en conflicto con sus miembros al tratar los efectos sociales y culturales de los nuevos medios de la cultura de masas. Sin embargo, sí que busco el apoyo de los máximos representantes, Horkheimer y Adorno. Las primeras conversaciones con el segundo de ellos comenzaron en 1923 y supondrían el inicio de una estrecha a la par que polémica amistad. Esto se puede afirmar por la extensa correspondencia que mantuvieron durante una serie de años en los que Adorno, a pesar de ser crítico con el pensamiento de Benjamin, fue uno de sus principales lectores. Ambos se enfrentaron a las transformaciones que se estaban produciendo en el espacio artístico como consecuencia de los cambios que experimentaba la sociedad en el ámbito político y a raíz de la introducción de innovaciones tecnológicas.

En 1933 se produjo el ascenso de Hitler al Gobierno alemán por lo que muchos intelectuales, militantes de izquierda y judíos se vieron abocados al exilio. Adorno y Horkheimer se refugiaron en ciudades europeas hasta que finalmente decidieron establecerse en Estados Unidos, acogidos por la Universidad de Columbia. Sorprende que Walter Benjamin no aceptara esta invitación, permaneciendo más de siete años desterrado. Primero buscó amparo en Svendborg (Dinamarca) y después en San Remo (Italia), hasta que finalmente emigró a París donde entró en contacto con intelectuales así como con otros artistas alemanes refugiados. En febrero de 1939 la Gestapo, policía secreta oficial de la Alemania nazi, retiró la nacionalidad alemana a Benjamin. Este hecho le imposibilitaba abandonar Francia sin un permiso de residencia otorgado por el país de destino que acreditase su condición de refugiado alemán. Un año después de esta circunstancia se encontraría de cara con la muerte.

El fallecimiento de Walter Benjamin se produjo en extrañas circunstancias. El pensador alemán falleció en Portbou (Gerona) en 1940, a la edad de 48 años. La película “¿Quién mató a Walter Benjamin?”, dirigida por David Mauas, sirve para explicar este trágico suceso que nos hizo perder a uno de los autores más influyentes del pasado siglo. Corrían tiempos de huir de un lado a otro y precisamente este filósofo, tras siete años en el exilio, había cruzado clandestinamente los Pirineos, el 25 de septiembre de 1940, en un desesperado intento de huir de los nazis que ese mismo año habían ocupado París. Benjamin se encontraba con un grupo de refugiados judíos cuando fueron interceptados por la policía española.

Portbou, un pueblo a orillas del mar, se encontraba en el punto de mira por el hecho de ser zona fronteriza y toda una puerta de entrada a España para los refugiados. Benjamin se alojó en un hotel del pueblo donde todo apunta a que se suicidó, ingiriendo una dosis letal de morfina, quizás por temor a tener que volver a Francia y caer en manos de la Gestapo. En el documental se pone en duda este hecho y realmente cabe preguntarse ¿se quitó la vida Walter Benjamin? Si es así, ¿por qué exactamente? El médico Ramón Vila Moreno fue el encargado de firmar el acta de defunción del pensador exponiendo como causa de la muerte una hemorragia cerebral. Se sobreentiende que negaron en un primer momento el suicidio alegando una muerte natural. Parece que no interesaba alargar el proceso, enterrándolo el día 28 de septiembre, aunque en el libro de defunción se marcó el día 26, por lo que nos encontramos con un acto funerario plagado de irregularidades. No quisieron aclarar las circunstancias que rodeaban tal trágico suceso y, en parte, esto posibilitó que un cementerio católico acogiese los restos de Benjamin. Y es que enterrar a un supuesto suicida en un camposanto era impensable en aquella época.

El documental mencionado es sólo una pequeña muestra de todo lo que se ha filmado y escrito acerca del fallecimiento del filósofo, cuestionando siempre su nefasto final. Son muchas las conjeturas que se establecieron, aunque lo que hasta el momento parece cierto es que dejó una nota dirigida a una de sus compañeras de viaje, Henny Gurlanden la habitación donde acabó con su vida. La destinataria corrió mejor suerte que Benjamin y logró llegar a Lisboa. En la misiva Benjamin rogaba que le explicaran lo acontecido a su amigo Adorno ya que no disponía de tiempo suficiente para escribir todas las cartas que le hubiera deseado redactar. Se cree también que en el momento de su muerte llevaba consigo una maleta llena de manuscritos que consideraba más valiosos que su propia vida. Quizás en ellos perdimos para siempre su más preciada obra.

Mucho antes de su fatídico destino, afortunadamente, tuvo tiempo para escribir sobre varios temas, realizando un análisis de las obras de arte que le llevó a enunciar el concepto de crítica del arte en el romanticismo alemán. Asimismo, escribió sobre su preocupación por el lenguaje como pieza clave de la vida. Por ello, a lo largo de su trayectoria, influido entre otros por Herder o Nietzsche, Benjamin habla sobre el lenguaje siendo uno de los pioneros del giro lingüístico. Así, considera que todo fenómeno artístico no se puede comprender en términos de sujeto y objeto, sino precisamente desde el lenguaje.

Asimismo, las reflexiones de Walter Benjamin sobre fotografía y cine marcaron época al ser dos de los pilares sobre los cuales se erige la Industria Cultural. Benjamin además postula una teoría muy relevante sobre la pérdida del aura de la obra de arte. ¿Qué es propiamente el aura? Se puede entender como el carácter único e irrepetible de una obra de arte y, por extensión, todo lo que fascina de ella.  "El aquí y el ahora del original constituye el concepto de su autenticidad” expresa el filósofo en "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. Se sobreentiende que la obra de arte tradicional posee un aura que proviene de su aparición única. Por esto, la pérdida del aura de la imagen conlleva una pérdida de su valor cultural y del hilo que conecta con el pasado. En otras palabras, el carácter de culto de la obra de arte original se ve suplantado por el carácter secular de su reproducción que deja de ser lejana y se acerca a las masas. De esta manera, en la copia fotográfica de la obra de arte por los medios masivos, se produjo la pérdida de aquel efecto de originalidad y autenticidad.

Cabe resaltar también que, durante la primera mitad del siglo XX, la tecnología audiovisual se desarrolló en torno al cine y la secuencia de fotogramas, los cuales se podían considerar una ampliación de la fotografía. Y es que el cine permitía, por vez primera, la narración con sonidos e imágenes en movimiento. Por tanto, la contemplación de un plano quedaba sustituida por el continuo fluir de las imágenes. Esto hizo que adquiriera un protagonismo total en la Industria Cultural y en los actos de las masas.

Reiterándome en las palabras iniciales, la aportación teórica de Walter Benjamin le ha sobrevivido y sus obras no son más que una pequeña muestra del poder que ejercía indirectamente este pensador visionario. Benjamin no cambió el mundo, pero sí que le dio un sentido propio, muy personal. Sus ya célebres citas, como la seleccionada para el titular, dejarán constantemente una puerta abierta para continuar sus investigaciones y, por qué no, establecer nuevos interrogantes en la cultura contemporánea.

Fuentes:
Walter Benjamin: "Sobre la fotografía"

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