lunes, 16 de mayo de 2016

Crítica: obra “Tejas verdes”

¿Justicia?


PAULA OLVERA- “Tejas verdes” es una apuesta teatral valiente y arriesgada, es un texto necesario que trata de una manera muy peculiar el golpe de estado producido en Chile en 1973. Escrita y dirigida por Fermín Cabal, la obra cuenta con la participación de las actrices Isabel Torrevejano, María Segalerva, Nagore Germes Alfaro y María Felices que dejan el listón del Teatro Nueve Norte demasiado alto. Sus interpretaciones provocan la emoción del público que, gracias a esta función, comprende un poco mejor las atrocidades cometidas en un pasado que resulta difícil de olvidar. Un tiempo atrás en el que la justicia quedaba en entredicho, como bien se aprecia en este drama cuya protagonista es Colorina, una joven que es internada en un centro de torturas. Una pieza digna de recomendar que hiela la sangre a medida que avanza la acción.


A escasos metros de la parada Noviciado se encuentra el Teatro Nueve Norte, un espacio teatral alternativo donde tiene cabida el teatro de cerca, con representaciones propias como “Tejas verdes” que demuestran que lo no convencional, además de estar de moda, mantiene la calidad de las artes escénicas más puras. La obra se concibe como una adaptación del dramaturgo Fermín Cabal, quien confiesa que la ha reescrito tajantemente, acertando completamente con la puesta en escena del montaje.

A través del texto, los espectadores se pueden hacer una idea más completa sobre el horror que se vivió durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. A día de hoy es imposible justificar la sinrazón de las torturas y, desde luego, es imposible que los asistentes, desde sus butacas, no se estremezcan con la narración cruel que se presenta. Como bien se explica en la función, hay quien oye, pero no escucha. ¿Egoísmo o ley de vida? Por las calles, preferimos no asumir como propios los problemas de los demás y tendemos a no empatizar lo suficiente con las barbaries ajenas, con tal de continuar nuestro camino. Sin embargo, esta obra pide ser analizada a través de las voces de la desesperación. El dolor y la frustración conviven durante más de una hora en una pequeña sala de la capital. Todo lo que allí sucede es arte, sin embargo, los espectadores logran situarse en los escenarios donde se produce la acción, desde un cementerio a una sala de torturas. El poder de la imaginación en este caso gana terreno a la sencillez del atrezo que se encuentra apoyado por el diseño de luces que corre a cargo de Juan Hernández.

La historia parte del año 1998, cuando el juez español Baltasar Garzón solicita la extradición del general Pinochet al gobierno de Reino Unido por crímenes contra la humanidad. La pieza se concibe como una mezcla de teatro documental y ficción, con proyecciones sobre el golpe de estado que sitúan a los espectadores en el centro de los acontecimientos. De hecho, la obra comienza con una similitud entre el atentado del 11 de septiembre del 2001 producido en Nueva York (Estados Unidos) y el golpe de estado de Chile, llevado a cabo el mismo día, pero veintiocho años antes, que tenía por objetivo derrocar al presidente Salvador Allende.

La figura central de la obra es Colorina, la llamaban así porque caminaba de una manera muy particular, como un pájaro. Nagore Germes se mete en la piel de esta inocente mujer que fue condenada por error, que sufrió lo que no estaba escrito por el simple hecho de enamorarse de quien no debía, o mejor dicho, de quien estaba prohibido en aquella época. El papel de la actriz es muy creíble gracias a su gestualidad y el manejo de su cuerpo, cuenta el horror a través de sus ojos, a escasa distancia de los asistentes. No duda en arrojar lamentos al vacío que finalmente se asientan en el corazón de los presentes. Su testimonio se clava como un puñal, desde su internamiento en “Tejas verdes” hasta el final de sus días que se verán rodeados de misterio. 

El reparto es únicamente femenino, aunque las interpretaciones se completan con papeles masculinos, secundarios muy puntuales que demuestran la fuerza de la obra y la seriedad de las actrices para cambiar de registro y asumir increíbles monólogos, ya sea de la compañera de Colorina o de una doctora militar, una abogada o una enterradora. Una función intensa que se va cociendo a fuego lento y que avanza al son de la música de Violeta Parra y de las magníficas voces de estas mujeres que hacen de una canción una protesta.

La esperanza por un futuro mejor queda garantizada gracias a este tipo de montajes que asumen lo que muchos piensan, pero casi todos callan. La justicia, a veces, es injusta, y las dictaduras, sean del tipo que sean, se saldan con miles de víctimas inocentes, personas a las que se les arrebata un presente. Y mucho más que eso: una vida. Sin duda, una obra para reflexionar sobre la condición humana que estará en cartelera durante este mes de mayo. 

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