martes, 15 de marzo de 2016

Crítica obra “Ninette y un señor de Murcia”

Cuando el amor viene de París


PAULA OLVERA/AURORA SALVO- César Oliva es el encargado de dirigir uno de los clásicos del escritor Miguel Mihura, “Ninette y un señor de Murcia”, que actualmente se encuentra de gira por todo el territorio nacional. Una de sus últimas paradas ha sido en el Teatro del Bosque de Móstoles (Madrid) donde cientos de vecinos se han desternillado de risa con la trama interpretada por Julieta Serrano, Miguel Rellán, Javier Mora, Jorge Basanta y Natalia Sánchez. Un clásico entre los clásicos que no caduca, el humor siempre continúa vigente y no pasa de moda, de la misma forma que la temática amorosa mezclada con el absurdo, que lleva a los espectadores a un estado de lo más cuerdo: las risas sinceras de aquellos que están disfrutando con lo que están viendo sus ojos.

El pasado 27 de febrero el Teatro del Bosque de Móstoles albergó la representación “Ninette y un señor de Murcia”. Las butacas estaban todas ocupadas, no cabía ni un alma, debido al interés que suscita este tipo de obras que se estrenan en un gran espacio escénico y que posteriormente giran por distintos pueblos a un precio más económico de lo habitual. En este caso, la pieza teatral ya cosechó un gran éxito en el Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, y ahora ha dejado su huella en el teatro público más destacado de Móstoles, demostrando que no hace falta acudir a las grandes capitales para ver actuaciones dramáticas de calidad.

Esta obra, de casi dos horas de duración, ha sido llevada al teatro, a la televisión y al cine en varias ocasiones, prueba de ello es la versión que dirigió Fernando Fernán Gómez en 1965 que él mismo encabezaba acompañado de la actriz mexicana Rosenda Monteros o, la más reciente, la que realizó José Luis Garci en 2005 con Elsa Pataky y Carlos Hipólito como protagonistas y que valió a Gil Parrondo un Premio Goya como Mejor dirección artística. No se puede dejar de mencionar la representación que se hizo en “Estudio 1” o la exitosa serie de televisión en la que Juanjo Menéndez y Victoria Vera eran los protagonistas.

En teatro, la última adaptación es la comentada que realiza César Oliva, asignándole su toque personal, a pesar de que se ha ajustado fielmente al texto original de Miguel Mihura. Este escritor, dramaturgo y periodista ha dejado una impronta en la producción literaria de nuestro país más allá de “Ninette y un señor de Murcia”, con obras como “Tres sombreros de copa” que a día de hoy se sigue estudiando en los colegios, porque anticipa el teatro del absurdo.

La representación nos descubre a una joven y guapa parisina que trabaja en las Galerías Lafayette y que se enamora de Andrés, un humilde señor de Murcia que viaja a París tras recibir una herencia con la única pretensión de cambiar de aires, en definitiva, de vivir una aventura y sentir en sus propias carnes esa ciudad de la que todo el mundo habla, donde es de visita obligada un paseo por el Sena en un “bateau mouche”. Jorge Basanta y Natalia Sánchez se meten en la piel de los protagonistas, esta última sorprendiendo especialmente a los espectadores ya que la mayoría la recuerdan por su papel adolescente en la serie “Los Serrano” y es un gran descubrimiento para muchos ver lo bien que ha crecido interpretativamente. El reparto queda completado por Javier Mora, que es Armando, un gran amigo de Andrés, y por los padres de Ninette, encarnados por Julieta Serrato y Miguel Rellán. Se agradece ver sobre las tablas a actores maduros que se siguen emocionando con cada nueva representación y que suponen un reclamo para los asistentes, como es el caso de Rellán al que a día de hoy seguimos disfrutando en cine, televisión y teatro, ya que vuelve además con “Novecento: El pianista del océano” al madrileño Teatro Maravillas.

La obra, estrenada por primera vez en el Teatro de la Comedia en 1964, fluye en el salón de la casa de Ninette, con una música de fondo de El Zurdo que nos evoca a ese París del amor y del pecado. El público se traslada directamente a mediados del siglo XX, un mito utópico para aquellos españoles que no hacía mucho habían sufrido la posguerra y para los que el aperturismo, y sobre todo el destape, aún tardaría en llegar algunos años más. El papel de Andrés en esta obra es el perfecto estereotipo de lo que significaba salir de la censura férrea y católica de esos años para sumergirse en una ciudad en la que casi nada parecía estar prohibido. Un anticipo de lo que poco después sería José Luis López Vázquez, pero esta vez cambiando a las francesas por las alemanas.

De hecho, los contrastes entre España y Francia son continuos en la obra, empezando por el vestuario de algunos de los protagonistas que combinan la típica moda parisina con un atuendo de lo más español. Lo mismo ocurre con el idioma, donde se mezclan palabras de los dos países, aunque predominando, claro, el castellano para que todos los espectadores puedan entenderlo correctamente. Con todos estos matices ambas culturas se juntan para formar una sola, creando un ambiente de lo más variopinto y adecuado a la historia que se está contando sobre el escenario. Se trata de un aspecto muy bien traído en la representación dirigida por César Oliva, ya que muestra un paralelismo entre ambos países desde el principio, el mismo que existe entre los dos protagonistas.

La historia ofrece una pincelada de una sociedad franquista en la que el amor hacia el prójimo y la tierra continúan perennes, sobre todo por parte de los miles de exiliados de la Guerra Civil que tuvieron que abandonar su España natal. Se trata de una obra humorística que intenta ocultar el pesimismo y el desencanto ante la falta de libertad, sustituyéndolos por una esperanza que no termina de dar sus frutos en esa Francia inalcanzable para muchos.

Esta versión de “Ninette y un señor de Murcia” es una gran oportunidad para conocer de cerca una de las obras más importantes del dramaturgo madrileño Miguel Mihura, un icono de su época que ha seguido vigente en las décadas posteriores. A pesar de ser una historia de sobra conocida, sus gags de humor, absurdo pero real, hacen que cada representación sea única y una forma de pasar un rato de lo más divertido. Los espectadores se encuentran sumergidos en un mundo en el que, en ocasiones, la cuarta pared no existe ya que las alusiones al público por parte de uno de los personajes son continuas, consiguiendo que los presentes sean una pieza más del equipo artístico que se encuentra tanto sobre el escenario como entre bambalinas.

¿Deseoso de descubrir la función? Córdoba ha sido la siguiente parada el 5 de marzo, pero seguro que la obra viajará cerca de donde te encuentras. Si es así, dentro del teatro te espera un momento lleno de diversión en el que las risas serán las protagonistas y los problemas no tendrán cabida. Buen teatro al alcance de la mano, gracias a una de las representaciones del año. Acudid a ver “Ninette y un señor de Murcia”, un clásico teatral que siempre se renueva y pervive para lograr el encanto de un público deseoso de historias como esta, desenfadada, fresca y muy bien contada. Una maravilla dramática. 

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