lunes, 13 de julio de 2015

Crítica: obra “Sexi ¿Ladies?”

El pudor se queda en casa

PAULA OLVERA/AURORA SALVO – El lunes 18 de mayo se estrenó “Sexi ¿Ladies?” en El burdel a escena, una sala de teatro alternativo muy personal. La decoración de este espacio es muy característica, proporcionando un tono íntimo que pocos lugares consiguen con la misma sencillez. La peculiar obra, que se repite en dos horarios distintos todos los lunes, cuenta con tres jóvenes actores dispuestos a hacer reír a todos los espectadores. La cercanía con ellos les invita a interactuar en muchos momentos de la función lo que lleva a crear una actuación única e irrepetible. No hay cabida para la vergüenza, ni por parte de los personajes ni de los espectadores, todo puede pasar y nadie está a salvo de morir de la risa con esta disparatada comedia.
 
En el burdel a escena, ubicado en la calle Sombrería número 3 del famoso barrio de Lavapiés, se representa la realidad desde otro punto de vista. Son varias las obras que se encuentran en cartel actualmente, cosechando un gran éxito sobre todo entre los amantes de un tipo de teatro específico, el más erótico y picante. Así, los espectadores podrán disfrutar de “El Casting para mayores de 18 años”, “Creep” y “Hyainas”. Desde el mes de mayo, “Sexi ¿Ladies?” también ha querido hacerse un hueco en este espacio escénico tan particular. Se trata de un bajo que cuenta con una sala principal que se asemeja a un burdel así como diferentes habitaciones que también son usadas durante las representaciones. Esto hace que el espectador se encuentre en activo durante la función y que esté pendiente de todos los movimientos que les van indicando los intérpretes. Y es que los lugares más insospechados pueden convertirse en óptimos para desarrollar esta historia.

 
En esta obra son tres los actores que vencerán su vergüenza en público y durante aproximadamente una hora conseguirán que los espectadores se rían con la historia que han montado. La juventud de Cristina Martín, Xisco Mulet y Edgar Fratelli llama la atención nada más comenzar la función y, aunque al principio se les notan los nervios, en poco tiempo toman las riendas y logran crear unos personajes que seducen a los presentes. Esto no resulta nada fácil ya que los tres papeles que asumen necesitan partir de una pérdida de pudor y arriesgar en las tablas. La aceptable actuación de los tres demuestra una vez más que la edad no siempre es la vara más fiable para medir la profesionalidad de un artista, ya que hay talentos que apenas alcanzan la mayoría de edad y ya destacan por su saber hacer y su madurez escénica.

 
Los actores en todo momento se muestran concentrados, mudando su piel en la de los personajes y teniendo muy en cuenta las dimensiones del espacio en el que están actuando que condiciona su propia desenvoltura. A poco que se muevan sobre el simbólico escenario ya están rozando al público y esto es un hándicap para muchos actores que tiemblan al sentir la respiración de los asistentes. En este caso parece que los tres jóvenes se sienten como peces en el agua e incluso aprovechan esta cercanía con los presentes para poder interactuar con ellos de una manera cercana y positiva. No conocen la respuesta del público ni sus primeras reacciones, pero todos se arriesgan a que formen parte de su peculiar montaje. Los espectadores parecen agradecer estos gestos, que en un primer momento no esperaban, y se integran poco a poco en las vivencias de estos tres protagonistas. Éstos también deciden jugar con los espacios y conducen al público a otras salas, eso sí, separados en grupos porque se trata de habitaciones de un reducido tamaño. En este punto la historia que continúen los espectadores puede variar, según el cuarto para el que hayan sido conducidos. Esto es una de las características principales del teatro alternativo, que cada espectador vive la función de una manera y esa experiencia jamás volverá a ocurrir de la misma forma, porque además se juega con la improvisación. Para los asistentes, el tamaño reducido de esta sala, en comparación con otras, ayuda a aumentar la intensidad de la obra y a que se sientan como un elemento más de la representación.

 
La imaginación de cada persona es esencial en este tipo de espectáculos, ya que se suele contar con un bajo presupuesto y hay que inventarse dónde están ubicados los personajes. En este caso hay ciertos elementos que nos dejan claros que nos hallamos en un sitio un tanto estrambótico y estrafalario, en un burdel muy peculiar digno de una comedia absurda. El atrezzo es mínimo, pero su sencillez hace que los papeles sean aún más creíbles. Se trata de objetos que aunque nos da vergüenza admitirlo se encuentran en nuestra casa, quizás para utilizarlo en la intimidad o quizás para algún peculiar disfraz de alguna fiesta.

 
Hacer reír es muy complicado, y aún más cuando las situaciones rozan el ridículo, pero afortunadamente existe una pequeña línea entre lo absurdo y el humor que suele gustar a los espectadores. Esta obra anda sobre ese fino alambre, pero su red está bien sujeta y la risa está asegurada. Tiene ritmo, fluye y seduce según va avanzando, haciendo que el espectador se vea inmerso en distintas fases para terminar saliendo muy satisfecho con el resultado.

 
El título de la obra ya puede hacer intuir sobre qué va a versar la trama. Sin embargo, no es tan sencillo como parece, ya que lo que se puede ver entre esas paredes que incitan a la lujuria es toda una sorpresa. Dentro de un guión bien construido y colmado de gran naturalidad se encuentran varias referencias a la cultura actual que sacarán una sonrisa al espectador. Llama la atención la buena acogida que ha tenido esta representación y el buen humor con el que el público abandona la sala. El éxito en esta ocasión si va de la mano del esfuerzo y del buen hacer.

 
La historia en sí ya resulta disparatada. Tres amigos forman parte de una compañía teatral que tiene que realizar números irracionales. La sorpresa llega para ellos cuando descubren que tienen que actuar frente a conocidos, muchos de ellos en realidad familiares y amigos de los actores. Esto les llevará a vencer sus miedos y a intentar superarse. Su amistad intentará además afrontar el problema de uno de los protagonistas que está en un sin vivir desde que le han detectado un problema en el cuero cabelludo. Todo ello acompañado de una desafinada banda sonora y de unos bailes arrítmicos que harán de la sonrisa un estado permanente en el rostro de los presentes. Si en 2008 Beyoncé arrasaba con su tema “Single Ladies”, ahora son tres jóvenes los que se suben a los tacones para realizar la mejor parodia jamás imaginada. ¿Serán capaces de mover las caderas como la popular cantante? La respuesta en El burdel a escena.

1 comentario:

  1. Muchas Gracias por visitarnos y por tan buenas recomendaciones. Os esperamos nuevamente en El Burdel ;-)

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