martes, 2 de junio de 2015

Crítica: festival "Talent Madrid 2015"

Más por menos

AURORA SALVO AMORES- La Sala Verde de los Teatros del Canal acogió entre el 28 de abril y el 2 de mayo la muestra de teatro “Talent Madrid 2015”. En ella, se representaron las obras ganadoras y finalistas de las dos ediciones anteriores. Durante estas jornadas se concentraron distintas propuestas de danza, circo, espectáculo musical y teatro a cargo de más de una decena de compañías. Se trata de montajes novedosos y originales que consiguen sorprender al público. El último día de este evento, se llevaron a las tablas tres obras distintas, de una hora de duración, “Hazme un 7”, “Big Boy” y “No se puede mirar (historias de bolsillo)”. Propuestas variopintas que han conseguido llegar a uno de los grandes escenarios de la capital y que seguramente regresen a alguno de similares características muy pronto.

La compañía Archipiel, finalista de espectáculo musical en “Talent Madrid 2013”, presentó su espectáculo “Hazme un siete”. Se trata de una representación en la que solo dos personajes, interpretados por Álvaro Barriuso y Ainara Legardon, realizaron un juego de sonido e iluminación que generó expectación en los asistentes. Este dúo centra su actuación en la improvisación y en la investigación de la poesía fonética y visual, así como la utilización de destrezas creativas. La percusión cobra un gran protagonismo y los actores lograron que el ritmo fuera uno de los elementos fundamentales. Este montaje abstracto deja volar la imaginación de los espectadores a distintos lugares, pero manteniendo una coherencia intrínseca. Hay que destacar la buena coordinación que se apreció entre Ainara y Álvaro, se notaba que llevan varios años trabajando en conjunto, lo que contribuyó a que el público se hiciera eco de esa gran sintonía.


La segunda representación de la noche llegó de la mano de la compañía Guantuguan Teatro. “Big Boy” es una tierna historia de amistad y lealtad que llega al corazón de los espectadores. Esta obra, que ya se pudo ver en la sala “La Usina”, está protagonizada por Mario Ruz Martínez y José Luis Montiel Chaves, dos actores que se apoyan en su propia interpretación y buen hacer para transmitir exactamente lo que quieren hacer ver al público. Prácticamente no hay escenografía, sin embargo esto aporta más calidad a la función que brilla sin necesidad de ningún artificio. Uno de los puntos que se debe destacar es que los personajes consiguen empatizar con los presentes y trasladarles a la primera mitad del siglo XX, donde la guerra y las bandas urbanas eran peligros que acechaban para dos jóvenes con ansias de encontrar un futuro mejor.

La trama cuenta cómo un boxeador y su fiel amigo se embarcan en una aventura que decidirá el resto de sus vidas. Sin embargo, por encima de todo se hace especial hincapié en la amistad que une a ambos y en las ansias por desarrollar un proyecto vital que les impulse a ser felices en unos tiempos tan difíciles. Cada una de las escenas se pueden apreciar sin verlas realmente, la perfecta coordinación de los actores hace que la imaginación del público vuele hasta distintos lugares del mundo sin moverse de su asiento. Una obra muy recomendable que conmueve y remueve.

La tercera obra que se pudo ver esa noche fue “No se puede mirar (historias de bolsillo)” de la compañía Benamate. En esta ocasión, los personajes cotidianos son los protagonistas, enmarcados en situaciones irracionales, así como roles igual de absurdos en contextos habituales. Esta representación permite una mirada interior de la persona, una manera original de sentirnos y reírnos de nosotros mismos, donde se pone en cuestión la sociedad y el hombre como individuo dentro de ella.

Muestras como “Talent Madrid” permiten que compañías desconocidas para el gran público consigan una gran oportunidad en escenarios como los Teatros del Canal. Una iniciativa que fomenta la cultura y contribuye a que ésta no solo se lleve a cabo en asociaciones con altos presupuestos. Las butacas estaban llenas, un signo más del buen momento que vive el teatro alternativo, ya sea en las salas donde se suelen representar este tipo de propuestas, como en los grandes escenarios, en los que consiguen brillar con menos medios.

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