sábado, 21 de febrero de 2015

Crítica: película "Cisne Negro"

Una bailarina que sólo quería ser perfecta


PAULA OLVERA- Este domingo día 22 tendrá lugar en el teatro Dolby de Los Ángeles la 87º edición de los Premios Oscar que recompensará a las mejores películas de la industria de cine norteamericana. “Birdman” y “El Gran Hotel Budapest” parten como favoritas, muy seguidas de “Boyhood”, “The imitation game” y “El francotirador”. España ha conseguido hacerse un hueco entre los nominados, concretamente con “Relatos Salvajes”, coproducción hipanoargentina en la que forma parte la productora de los hermanos Almodóvar. Así, tras la gran fiesta del cine que tuvo lugar el 7 de febrero en nuestro país, llegan los Oscar que cada año causan una gran expectación a nivel mundial. Por ello, conviene recordar películas que fueron nominadas u obtuvieron alguna de las estatuillas en ediciones anteriores. Un ejemplo es “Cisne negro”, centrada en el deseo de una bailarina. Ganó un Oscar en el año 2011  y, a día de hoy, sigue recibiendo buenas críticas.


“Todos conocemos la historia. Chica virginal, pura y dulce atrapada en el cuerpo de un cisne. Ella quiere ser libre, pero sólo el amor puede romper el hechizo. Su deseo casi le es concedido en la figura de un príncipe, pero antes de que éste le declare su amor, su lujuriosa rival, el Cisne Negro, le engaña y le seduce. En su desolación, el Cisne Blanco se arroja desde un acantilado, matándose. Pero con la muerte encuentra la libertad”. Así es como el actor Vincent Cassel, en su papel de profesor, nos resume la película, como un cuento con final trágico. Pero “Cisne negro” es mucho más que eso.


Esta película estadounidense de suspense dirigida por Darren Aronofsky se estrenó hace relativamente pocos años, en 2010. No obstante, a España llegó el 18 de febrero de 2011. Rápidamente cosechó un gran éxito extendido a nivel mundial. Tal es así que pronto llegaron los reconocimientos. Natalie Portman ganó el Oscar, el Globo de Oro y el Premio de la Asociación de Críticos y Guionistas estadounidenses por su papel principal. Su rival en la ficción, Mila Kunis, obtuvo un galardón como “mejor actriz joven” en el Festival de Venecia. Asimismo, la cinta en la que ambas participaban estuvo nominada, en la categoría de “mejor película”, a los Premios Oscar, los BAFTA y los Globos de Oro. Estos son solo algunos ejemplos del impacto mediático que obtuvo “Cisne negro” desde su lanzamiento.

La película se centra en contar la historia de Nina Sayers, bailarina de una compañía de ballet de la ciudad de Nueva York. La joven, que vive con su madre Erica, está absorbida por su pasión, la danza, sobre todo desde el día en que el director artístico Thomas Leroy la anuncia como protagonista de su nueva producción de la temporada, “El lago de los cisnes”. Nina se convierte en la sustituta de la anterior representante, Beth, aunque pronto le saldrá competencia, Lily, una nueva artista que anhela su papel y que está dispuesta a utilizar sus armas de mujer para conseguirlo. Para la representación se requiere una profesional que consiga interpretar tanto al Cisne Blanco, caracterizado por su inocencia y elegancia, como al Cisne Negro distinguido por su astucia. Nina encarna a la perfección el primero de ellos, mientras que Lily, debido a la sensualidad que transmite, se convierte en la mejor candidata para encarnar al segundo. Por ello, la trama se focaliza en esta rivalidad y en la trayectoria vital de Nina, quién buscará su lado más oscuro y perverso con tal de interpretar ambos papeles.


Una película se ofrece a muchas lecturas, aunque en este caso “Cisne negro” nos brinda la oportunidad de analizar el concepto “mujer”, de examinarlo, descomprimiendo los arquetipos femeninos que aparecen representados. Lógicamente la visión más cercana que se nos ofrece es la de la protagonista y su desdoblamiento simbólico que es llevado a cabo utilizando recursos como la sombra, el espejo o los reflejos. Normalmente, cuando vemos una cinta nos centramos en la historia y no tanto en un personaje. Sin embargo, en esta ocasión, Nina acapara toda nuestra atención ya que a través de ella somos conscientes de la importancia de disponer de una identidad definida.

En línea con la configuración de la identidad cabe afirmar, como expresaba Román Gubern en su obra “En el umbral de la caverna”, que “el cine, más que espejo documental de la realidad social es sobre todo espejo de un imaginario colectivo configurado por los deseos, frustraciones, creencias, aversiones y obsesiones de los sujetos que componen su población”. Por esto, durante toda la película podemos observar la transformación de Nina y la persecución de su deseo que la lleva a una terrible confusión entre la realidad y la ficción.  Ante la crisis de identidad, la utilización de los espejos se considera uno de los motivos visuales más incluidos en la gran pantalla. Por ello, en esta película el reflejo especular manifiesta la doble identidad de la protagonista. Como destaca el filósofo Jean Pierre Vernant, “mirarse en el espejo supone proyectar el propio rostro ante uno mismo, situarse cara a cara, desdoblarse en una figura susceptible de ser observada como se haría si se tratara al otro individuo, pese a saber que se trata de uno mismo”.

A la hora de producir “Cisne negro”, el director, Darren Aronofsky, llegó a afirmar la influencia que recibió de la película “Eva al desnudo” (1950). Asimismo reconoció fijarse de otros títulos como "Repulsión" (1965) y "El inquilino" (1976), las dos de Roman Polanski. Igualmente, la actriz principal comparó la cinta con otra de 1968, “Rosemary's Baby”, también de Polanski.

El director de "Cisne negro" también confesó que se basó en la novela “El doble” de Dostoievski que trata sobre alguien que se despierta y descubre que su doble está empezando a reemplazarle No es la primera vez que Aronofsky se introduce en el mundo de la psicología, puesto que ya lo hizo con “Pi: el orden del caos” (1998) y “Réquiem por un sueño” (2000). “Cisne negro” queda agrupado dentro del género de suspense psicológico, basándose en una de las producciones de danza más conocidas a nivel mundial, “El lago de los cisnes”.

Esta obra, que se estrenó en 1877 en Moscú, está inspirada en un cuento de hadas estructurado en cuatro actos. Ha sido tal su repercusión durante todos estos años que es considerada como una de las mayores exportaciones artísticas de la Rusia imperial, formando parte de nuestra cultura popular, aunque son muchos los que ya la explotaron con anterioridad. Se puede resaltar, a modo de ejemplo, la utilización de fragmentos musicales de “El lago de los cisnes” en varias películas. Entre ellas, en los créditos iniciales de “Drácula” (1931) o en el film de terror “La momia” (1932). De igual manera, son varias las producciones que anteceden a “Cisne negro” en cuanto al argumento basado en “El lago de los cisnes”. Se puede destacar en este caso películas como “El puente de Waterloo” (1940) cuya protagonista baila un fragmento de la obra convertida en el “Cisne Blanco” o “Funny Girl” en la que la actriz Barbra Streisand se anima a bailar realizando una parodia cómica del destacado ballet.

Se podría también establecer un paralelismo entre protagonistas con otra de las películas de Darren, “El Luchador”. Aunque se trate de diferentes artes, el boxeo y el ballet, ambos personajes principales recurren únicamente a su cuerpo como forma de expresión y los dos están obsesionados por seguir siendo los mejores en su disciplina.

En “Cisne negro” nos encontramos con un personaje principal, Nina, en torno a la cual gira la trama, pero hay otros, más o menos secundarios, que la rodean y hacen del conjunto un interesante espectáculo cinematográfico. No obstante, desde el inicio de la película Nina asume el absoluto protagonismo. Su progenitora representa el arquetipo “mujer madre” y tiene un papel bastante simbólico en la película por el poder que ejerce en Nina. Por su parte, el profesor encarna a la perfección el papel de príncipe que necesita la joven para crear su cisne. Gracias a él aprendemos que la única persona que se interpone en el camino hacia nuestros sueños somos nosotros mismos.

La trama se desarrolla en varios escenarios. Entre estos espacios se encuentran la propia calle, la casa de la protagonista, la academia de baile, los camerinos, un restaurante, así como el teatro donde tiene lugar la representación de “El lago de los cisnes”. Para ambientar estos lugares se hace uso de diferentes sonidos que dan vida a los escenarios. Así, se incluye música extradiegética que da énfasis en los principales acontecimientos y que está al servicio y disfrute de los espectadores. No obstante, al tratarse de la representación de un ballet también se incluye música diegética.

En relación a los puntos de vista, en la mayor parte de la película el argumento se nos está contando desde los ojos de Nina, por lo que es normal que nos identifiquemos con este personaje femenino y su deseo. Por ello, destacan los planos subjetivos de la protagonista, primeros planos, y también los neutrales que nos muestran todo lo que está aconteciendo desde planos, por norma habitual, más generales. Asimismo, la película tiene un desarrollo lineal ya que los hechos se van narrando según tienen lugar en la vida de la protagonista. No obstante, se suceden escenas que los espectadores las toman como reales y que luego les sorprenden.

“Cisne negro” nos alerta sobre la gravedad de las enfermedades mentales, que muchas veces se relegan a un segundo plano. La protagonista desea encontrarse con su lado oscuro que puede acabar por destruirla, aunque a ella lo que le importa es sentirlo. La presentación de la dualidad que refleja esta película nos lleva a pensar que un cisne no tiene sentido sin el otro. Por ello, Nina debe acabar con su “Cisne Blanco” para exteriorizar su “Cisne Negro” que supone la autodestrucción de ella misma.

La película también se puede interpretar como una crítica hacia la profesión de las bailarinas por la complejidad, tanto física como mental, que desentraña en estas profesionales que la practican. Esto nos lleva a analizar el oscuro mundo de las compañías por el coste que tiene la fama y el sacrificio que se le exige a un artista que, en muchas ocasiones, no se ve recompensado. Sin duda, los numerosos simbolismos reflejados en este montaje invitan a recomendar “Cisne negro” porque nos hará reflexionar sobre nuestra propia identidad.  El cine nos hace volar y en esta película lo hemos hecho más que nunca.

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