martes, 26 de agosto de 2014

Entrevista: Miguel Rellán

“La vocación muchas veces son las actitudes”

PAULA OLVERA – Miguel Rellán es un actor que nació en Tetuán hace siete décadas y que actualmente, entre otros proyectos, se encuentra trabajando en la obra “Jugadores” que se puede ver en Teatros del Canal. Estará dos meses en este espacio teatral y tras esto, la obra tiene previsto estar un año de gira. La trayectoria profesional de Miguel es muy extensa, no sólo ha realizado numerosas representaciones teatrales, sino que además ha participado en más de cuarenta largometrajes así como en cuantiosas series de televisión. Su pasión por el arte y la cultura se extiende hasta el mundo de la música, con el que disfruta constantemente, siempre que sus compromisos profesionales se lo permiten. A pesar de que comenzó estudiando Medicina, finalmente se decantó por la interpretación en la que concentra toda su pasión.

El encuentro con el actor se produjo una tarde de miércoles del mes de agosto en los Teatros del Canal de Madrid. El intérprete se encontraba en pleno ensayo de la obra “Jugadores” que  actualmente se encuentra en el cartel de este centro de artes escénicas. En esta ocasión, comparte escenario con Jesús Castejón, Luis Bermejo y Ginés García Millán donde interpreta a un profesor de matemáticas a punto de tocar fondo. Una vez finalizado el ensayo y tras escuchar atentamente los comentarios de los directores, Miguel accedió gustosamente a ser entrevistado en un céntrico bar de la capital.

Miguel Rellán es un actor versátil, prueba de ello son los variados papeles que ha interpretado durante todos estos años de trabajo. Desde tener un gran personaje en “Compañeros”, una serie de televisión que consiguió altos índices de share, hasta realizar cameos, como por ejemplo el que hizo como mendigo para la serie “Frágiles”, protagonizada, entre otros, por Santi Millán. Todo ello sumado a sus interpretaciones sobre las tablas donde ha tenido que concentrarse en numerosos guiones, desde “Los hijos se han dormido” que es una adaptación de “La Gaviota” de Chejov, hasta el monólogo “Novecento".

El actor se mostró muy atento en todo momento, haciendo hincapié en numerosas anécdotas que recordaba a raíz de nuestras preguntas y que, sin duda, hicieron que la entrevista fuera más fluida. Miguel aprovechó cualquier ocasión para responder con sinceridad, ejemplificando lo que decía con situaciones y vivencias personales. De hecho, hubo tiempo para charlar de nuestra profesión, la cual conoce de primera mano, ya que está unido sentimentalmente a la periodista Rosa María Mateo.

P: Lo primero que nos llamó la atención de tu biografía es que comenzaste estudiando Medicina, ¿hasta qué punto influyó que tu padre fuera médico para comenzar esta carrera?

R: Yo sabía mucho de Medicina porque de pequeño acompañaba a mi padre al hospital. Era el mayor de los hermanos y me gustaba mucho y sabía mucho. De pronto, el primer año de la facultad, pues no sé por qué, vino alguien y me dijo: “voy aquí al grupo de teatro de la facultad de Medicina”, “pues voy contigo”. Desde pequeño soy un loco del cine y del teatro también, pero teatro veía menos. A mí nunca se me hubiese podido ocurrir que yo iba a acabar de actor, nunca. Yo iba a ser médico, lo que pasa es que empecé en el primer año en el teatro de Medicina y cuando me quise dar cuenta estaba muy enrollado. Cuando iba por la mitad de la carrera estaba más dedicado al teatro que a la Medicina y cuando me quise dar cuenta llevaba atraso en la carrera y ya estaba dedicado, no profesionalmente, eran los grupos independientes, pero sí mucho más volcado en el teatro que en la Medicina. Dije bueno…ya no hay marcha atrás.

P: Hemos leído en tu web que "El crack" de José Luis Garci marcó un antes y un después en tu carrera, ¿qué supuso para ti?

R: Pues eso, antes de “El crack” yo había hecho mucho teatro y once películas, pero no me conocía la gente, porque hacía papelitos pequeños y bueno… pues lo lógico cuando se empieza, buscándome la vida como todo el mundo. Yo había hecho ya una película con José Luis Garci, un papel pequeño en “Solos en la madrugada”, y entonces, yo como siempre lo hice lo mejor que pude. Después me contaron que en la moviola, montando la película, José Luis Garci dijo: “A ver, dale para atrás, ¿quién es este idiota de la barba? Lo hace muy bien, ¿cómo se llama?”. José Luis Garci es un tipo al que le debo muchísimo y tiene la chulería o el ojo de apostar por la gente, cosa que a veces se hace, pero que realmente no es lo habitual. No es habitual llamar a alguien… Y un día me llamó, me dijo: “Yo creo que tú eres muy buen actor, apréndete el guión que vas a hacer el segundo papel de la película con Alfredo Landa”. Al terminar la película, en el estreno en el cine Coliseum, se me acercó Katerina Bayona, y me dijo: “Hola soy Katerina Bayona, ¿tienes representante?”. Y empezó la gente a llamarme y todo eso…

P: Fue como una explosión…

R: Como una explosión y desde entonces hasta aquí. Yo creo que la suerte es fundamental, pero para ser actor, en el Periodismo, para ser perito agrónomo, para vivir, para encontrarte con el hombre de tu vida o para que no te atropelle el camión de la basura, yo que sé, la suerte es fundamental. Después hay que propiciarla, ¿no? Pero… Hay gente que tiene muy mala suerte en todo, desgracias personales, y hay gente que parece que está todo el viento a favor. La suerte es fundamental y yo he tenido mucha suerte, pero también mucho curro detrás. Me he formado todo lo que he podido y me lo he tomado siempre muy en serio. No tiene sentido tomarse ni esto ni nada a broma, al menos a mí lo me parece.


P: Hemos entrevistado a varios actores y siempre les hemos preguntado qué supondría para ellos recibir un Goya. Ahora que tenemos el placer de compartir una charla contigo, que lo has recibido, ¿nos podrías comentar qué tiene este premio que todos los actores lo desean recibir?

R: Yo no sé por qué lo desean. Te lo digo de verdad. Hace mucha ilusión que te den un premio, sobre todo cuando eres joven. Hay algunos adultos que yo no acabo de entender la alegría que les da por tener un Goya ni ningún premio. Me explico, yo creo que los premios en este negocio, en cualquier disciplina artística, son una estupidez. Paul Newman, que le gustaba mucho correr en coches, decía: “Yo corro en coche porque ahí no hay la menor duda, si llego el primero, soy el primero, si llego el segundo, soy el segundo, pero un Oscar o un Goya tendríamos que hacer todos el mismo papel”. A mí me lo dieron, estábamos nominados o finalistas, Agustín González, Antonio Banderas y yo. Ahora mismo, en las mismas circunstancias, ¿a quién se lo darían? A Antonio Banderas sin lugar a dudas. En aquel momento, Antonio y yo felicitamos al maestro Agustín González, “Agustín vas a salir tú a por él”. Yo me quedé de piedra. Albert Camus, el escritor francés decía, que vale para esto, “si te dedicas a ser actor, duras un poco y tienes un poco de paciencia tarde o temprano te dan un premio, lo difícil es merecérselo”. Yo tengo premios que no me merezco, porque tengo muchos premios, algunos que no me merezco y no me han dado otros que sí me merecía. O sea que me lo tomo con mucha relatividad. Está muy bien, das las gracias, pero no sirve de nada. Sirve para tenerlo ahí y decir “tengo un Goya”. El mejor premio es seguir trabajando y que a la gente le guste.

P: Participaste en “2 de mayo. La libertad de de una nación”, una serie emitida en Telemadrid que narra lo que sucedió el 2 de mayo de 1808, ¿crees que si ocurriese en la actualidad el pueblo de Madrid actuaría de una forma tan feroz?

R: Soy uno de los muchos asombrados de lo que está pasando. La gente es muy pacífica. Ha habido suicidios con los desahucios, han abierto los comedores de los colegios para que muchos niños puedan comer y hay mucha gente, no sé, un millón y pico de familias, que no ingresan nada desde hace mucho tiempo. Lo lógico sería que saliésemos con antorchas encendidas, machetes a la calle y asaltáramos los bancos. De todas maneras somos un pueblo raro, porque de pronto estamos así tranquilos, bueno el fútbol anestesia mucho, hasta que un día no se sabe por qué, saltamos por las buenas y por la estupidez más grande se organiza una tremebunda, que dices: “¿Qué ha pasado?”. 


P: En tu web cabe destacar una frase de Antonio Gala en la que se dice que la vocación se puede cambiar, pero el destino no. Para ti, ¿la interpretación es vocación o destino?


Antonio Gala es muy amigo mío, y por cierto, está malito. Es una tontería, porque…él lo dice con el tono ese que tiene: "Mira, la vocación es una tontería que se puede contradecir, lo que no se puede contradecir es el destino. Como los dioses hayan dicho que tu vas a ser puta, serás puta, en Nueva York o en tu pueblo, pero serás puta". No sé si es vocación o destino. Lo que sí sé es una cosa, la vocación muchas veces son las actitudes, pero como tú tengas pasión por una cosa, como esté claro que tú lo que quieres es tocar el violoncelo, tocarás el violoncelo en la filarmónica de Berlín o en la banda de tu pueblo. Eso lo dejaba claro Nuréyev, el bailarín, cuando ya se dedicaba a la docencia, cuando venía a algún bailarín joven y le decía:”Quiero ser bailarín, ¿qué me aconseja?” Y le decía siempre: “Que lo dejes ahora mismo, a no ser que te sea imposible vivir sin bailar, entonces sí”. ¿Destino o vocación? No lo sé, pero como tú quieras ser actor, estarás en Microteatro o en Hollywood, pero serás actor, porque no puedes ser otra cosa. Porque toda tu energía, toda tu pasión, está concentrada en eso, a no ser claro que seas tartamudo, entonces hay que tener un poco de coco y unas mínimas actitudes, pero si no, está claro.

P: Javivi, por ejemplo, es tartamudo y es actor…

R: Pero Javivi también cuando quiere no se trabuca eh. Hay varios actores, Cesáreo Estébanez… Es una cosa de tipo psicológico. Cesáreo Estébanez no se trabuca nunca en plató ni en el escenario. Es un tipo genial. Una vez, en una entrevista, le preguntaron: “Cesáreo, ¿usted por qué se trabuca en la vida y en el escenario no?” “Anda, porque esto no me lo sé, lo otro sí” (risas). Yo he conocido a varios que en la vida se trabucan y en lo otro no. Y Javivi se trabuca de vez en cuando. Yo he hecho teatro con él, “Marat-Sade”, y televisión y no se trabuca, depende del tipo de personaje. Una de las últimas cosas era “Hamlet” y no se trabucaba.

P: En la web también se destaca que desempeñaste "todo tipo de trabajos” entre ellos, que hiciste entrevistas para la revista “Playboy”, ¿a quién has entrevistado?

R: No es verdad que haya hecho todo tipo de trabajos. Afortunadamente estudié Medicina y después, cuando ya decidí ser actor definitivamente, como es lógico les dije a mis padres: “Vosotros no os preocupéis, que yo voy a vivir tranquilo, que yo voy a vivir de esto”. Las pasé canutas. Pero siempre relacionado con la interpretación o con alguna de las pasiones que yo tengo que son la Literatura y la música. De manera que escribía en revistas, hacía entrevistas, he hecho el horóscopo, he tocado en un grupo, he hecho doblaje, café-teatro. Siempre relacionado con cosas que me gustaban. No he tenido que estar en un taller ni servir copas. Y sí, he entrevistado para la edición española de “Playboy” desde Félix Rodríguez de la Fuente, Antonio Gala hasta Lola Flores. A mucha gente, sí. Me gusta hacer entrevistas por una razón: soy muy curioso. La entrevista es un género que yo no sé por qué no existe más en la televisión, bueno sí lo sé, porque no interesa a la gente. Interesa a la del corazón y todo eso. Pero a mí me ponen delante de Pavarotti cuando vivía y estoy dos horas preguntándole cosas. Si ha soltado un gallo, si es verdad que no sabía música o a Plácido Domingo que cómo aguanta. Tiene 73 años y ¿para qué se mete entre pecho y espalda una ópera nueva? Pasión, claro. ¿Cuándo descansa?. ¿Es verdad que duerme cuatro horas? Yo que sé, miles de cosas. O si me ponen delante a Vargas Llosa. No ya las cosas de siempre, sino la cocinilla. Me ponen delante a Harrison Ford y estaría preguntando cosas de “El arca perdida”: ¿Te doblaron en muchas acciones?. ¿Es verdad que sabes manejar el látigo?. Por aquí pasa un montón de gente importante. Están rodando directores como Ridley Scott y nadie le entrevista. ¡Para qué os voy a contar de música! Grandes cantantes, grandes directores de orquesta, grandes solistas. Ahora con “Novecento”, ¿me queréis contar a qué programa puedo ir a hablar de una función de teatro? A mi amiga Cayetana en “¡Atención obras!”. No hay ninguno donde puedas ir a hablar de teatro. ¿Desde cuándo no se ve en una televisión a un escultor? ¿O a un poeta? ¿O a un pintor? Es terrible.

P: Entrevistador, pero también entrevistado. Durante todos estos años somos conscientes de que has concedido muchas entrevistas, ¿qué opinas sobre la profesión periodística?

R: Ahora mismo está horroroso. Lo que pasa que vosotras tenéis la pasión. Horroroso por un montón de razones. Yo conozco a periodistas de primera línea que están en su puñetera casa, porque con los recortes también… Todo es un círculo vicioso. Como cada día somos un pueblo más bruto, demandamos menos calidad y entonces “es igual, que lo haga el becario”. Para qué os quiero contar ver con Rosa (Rosa María Mateo) un informativo. Empezando por el “Hola, buenas tardes” con el soniquete, las patadas que le dan al idioma, no hacen puntuación. Colocan a una chica con los ojos azules que no tiene ni puñetera idea de nada. Todas tienen los ojos azules y dicen unas cosas… ¿No hay un redactor-jefe para que diga “no puede usted decir que hay una catástrofe humanitaria”? Mira el diccionario, humanitario es un bien a la humanidad, no puede ser catástrofe. Humanitario es un contrasentido”. No se puede decir, como oí el otro día, que Rajoy se ha llevado una sorpresa inesperada. Naturalmente, las sorpresas siempre son inesperadas. Y no vocalizan, pero como nadie protesta…Y los periodistas también han cambiado y, salvo contadísimas excepciones, son la voz de su amo.

P: Respecto a tu faceta de escritor, ¿crees que ser una cara conocida actúa como empuje en la venta de ejemplares?

Sin lugar a dudas. Verás, yo publiqué una novela, que en realidad son cuentos que están unidos todos, justo cuando estaba haciendo una serie que se llamaba “Compañeros”. Era una cosa salvaje, lo de “Compañeros” fue una cosa de no poder salir a la calle, tremendo. Lo de ser famoso, no sé cómo la gente quiere… a ese nivel. La gente ahora me conoce por la calle, pero no pasa nada, se te acerca alguien, “¿me puedo hacer una foto?. ¿Un autógrafo?” Pero es que entonces era una cosa… Y yo mayor y calvo, para qué quiero contar Valle y Quimi, es que con la policía en la puerta, había chicas durmiendo en el portal de Antonio Hortelano…Y entonces, justo entonces, no fue buscado, sino que se dio así, publiqué y la editorial “Valdemar” me llevó a la Feria del Libro a firmar, vendí miles. Pero vendí miles, porque “¡Anda Bacterio!, ¡Anda Compañeros!”, pero no por…Que a mí me cabreaba mucho, porque era el de la tele y entonces claro…


P: En una entrevista  realizada en Santander dijiste que "lo único serio que se puede ser en este mundo es músico. La música es fundamental para todo”. Personalmente, ¿qué te aporta?

R: ¡Qué preguntas tan sencillas haces tú! Lo digo mucho, se me ocurrió hace años. ¿Vosotras creéis que hay alguien a quien no le guste la música? Va con el ser humano la música. Aporta todo. A mí que me gusta además todo tipo de música, la buena, es igual desde el jazz… bueno, al heavy metal no he encontrado el punto. Sirve para todo: para alegrarte, es de lo más evocador que hay. De pronto dices “Uy, oigo esto y me acuerdo de mi padre o de mi amigo”. Sirve para cuando, de vez en cuando, nos gusta echar una lágrima. De pronto te pones una música y te entra una cosa, que lo pasas mal, pero muy bien. Sirve para hacer el amor, sirve para enamorarte, para desenamorarte. Es que sirve para todo. Sirve para que se te pongan los pelos de punta con algunas cosas. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien esta belleza? Es un tópico, pero es el idioma universal. He visto gente de jazz que no hablaba español, uno que llegó y era músico, y cogió el saxo y estaban tocando unos amigos míos y empezaron a improvisar fantástico, como si hubieran tocado toda la vida. Hay alguno que medio hablaba inglés, el otro no hablaba español nada. Eso no se puede hacer en otra cosa. Si tienes una partitura, estás con unos chinos, y coges aquello y tocas a la vez es maravilloso. Se entiende en todas partes aunque no entiendas la letra. Tú entiendes a “Los Beatles” y a Mozart. Es igual. Y sin embargo, es lo más abstracto del mundo. Es como cuando ves esas puestas de sol en el mar que es una cosa, yo no sé vosotras, pero a mí me entran ganas como de llorar, de que venga todo el mundo a verlo. De que se pare el mundo. De morirme. ¿Cómo es posible que sea eso tan hermoso? Es una cosa que te quedas sin respiración. Y que después se va. Yo creo que el ser humano admira la belleza porque es efímera.

P: En esta misma entrevista reivindicas el teatro respecto a la frialdad del cine, ¿qué te aporta el teatro?

Yo no dije lo de la frialdad. No exactamente. Se puede interpretar mal. El teatro es mentira, evidentemente, es una convención. Pero paradójicamente es una verdad. Quiero decir, tú vas a una representación y sabes que es mentira. Se levanta el telón, empieza aquello, y tienes una señora que sale ahí te cuenta unas cosas muy graciosas y te ríes. De pronto la señora se pone seria, de rodillas y supongamos que empieza a llorar. Empieza a llorar y se te ponen de corbata, porque tienes a un ser humano llorando de verdad. Y hemos quedado en que aquello era mentira, sin embargo, es verdad. En el cine dicen “le habrán puesto glicerina en los ojos para llorar”. En el teatro, cuando es verdad es verdad. En el cine sabemos que es mentira y es mentira sobre la mentira. El Titanic no se hunde, el que salta no eres tú…es muy difícil hacerlo bien. Lo que hace Al Pacino en “El Padrino” es muy difícil. Yo tengo un respetuoso desprecio por el cine. La prueba es que hay muchos actores que hacen cine que no se suben al teatro. Y actrices… En la época en que se doblaba aquí yo he conocido a un montón de chicas guapas que después las doblaba Mercedes Sampietro y lo que decían en el rodaje era “uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis…”. La época del destape y todo eso… ¿Dónde están? La Thyssen era actriz (risas). Y estas niñas guapas de ahora, que yo no sé cómo se llaman, las confundo… que por cierto, hasta hace relativamente poco he metido la pata de una manera espectacular, porque como no veo la “tele”, de pronto me presentan a alguien y “¿tú a qué te dedicas?”, “Soy la protagonista de no sé qué”. Está lleno de gente que se hace famosa en dos días. Antes era distinto, antes tenía a la gente localizada. Íbamos siempre a tres sitios donde se reunían los actores, que eran “Boccaccio”, “Oliver” y “María Guerrero” y decía: “Oye, éste que está en la barra del bigote, ¿quién es?, “Creo que se llama César y viene de Murcia, es buen actor, va a trabajar con Marsillach, le van a dar una frase”. Lo tenías localizado…Ahora…

P: De la obra "Novecento" dices: "Salgo yo solo, sin nada, sin atrezzo ni escenografía porque sobraba”. ¿El grado de dificultad es mayor en este tipo de obras?

R: Eso lo digo, no porque Raúl, el director, y yo intentáramos hacer un ejercicio de minimalismo, de menos es más. Empezamos a ensayar con elementos y poco a poco nos dimos cuenta de que nos sobraba, no hacía falta la silla, no hacía falta la maleta ni la trompeta… estorbaba. Al final aquí lo único que hace falta es que salga yo a contarlo. Es como el deporte, el fútbol, que es en equipo, que depende de los demás si van avanzando, y luego, es tú solito, tu concentración y todo eso. Aquí esto que habéis visto (“Jugadores”) está repartido entre todos, pero en el otro depende de mí todo: el ritmo, que aquello no decaiga… no puedo echarle las culpas a nadie. Yo he dicho también en alguna entrevista, y como estáis tan bien informadas igual lo habéis leído, “yo tenía la sensación de que cada representación era como pasar las Cataratas del Niágara por una cuerda, por un alambre, y que cuando llegaba al final de la representación había pasado”. Y de pronto decía, “mañana tengo que volver a pasar”. No es el miedo, es la responsabilidad porque la mitad de la belleza del paisaje la pone el que mira, entonces yo puedo intentar dar el “do mayor”. Unas veces estamos para Beethoven y otras veces para salsa, para bossanova. Hacer que la gente que esté allí vaya a mi ritmo cuesta trabajo y de vez en cuando se produce el milagro. Y como yo digo, bajan los ángeles. “Novecento”, ya la veréis porque volveré, es muy bonita. Hace falta ser muy burro para cargarse eso. Es una historia maravillosa que la gente acaba llorando. Seguramente conoceréis a alguien que la haya visto y si no, preguntáis y ya veréis como es cierto. Pero no siempre yo estaba contento, en medio estaba a punto de caerme. La gente no lo nota, pero yo sí y todos los días la pelea, “mañana no me tiene que pasar”. Porque además peleas con elementos, con un público que está vivo, maleducado, al que le suenan los móviles y lo abren en el momento más inoportuno. Cuando hay un silencio, en ese momento, se abre la puerta, las toses… dices: “Los mataría, me iría del escenario”, pero no te puedes ir. Acababa una hora y media física, mental y emocionalmente hecho polvo, pero a la vez diciendo: ¡Lo he conseguido!”.

P: ¿Qué nos podrías comentar de esta obra?

R: Lo cuento rápidamente. Yo hago de un trompetista mayor, un músico vulgar, que ha trabajado durante muchos años en la orquesta de un transatlántico, de esos que iban entre Europa y América, ida y vuelta, con primera y segunda clase. Y un día, encima de un piano de cola de primera clase, aparece una caja con un recién nacido. Alguien de tercera clase lo ha dejado, como en las novelas de Dickens, para ver si algún rico se lo lleva. Y como si fuera una premonición, la obra se llama “Novecento, la leyenda del pianista del océano”. A aquel niño lo adoptan entre todos los del barco. No se lo lleva ningún rico, por eso tiene un montón de nombres, porque cada marinero le pone uno. Y como si fuera una premonición, él solo, no se sabe cómo, aprende a tocar el piano de una manera prodigiosa, se convierte en uno de los mejores pianistas del mundo. Pero nunca baja del barco. ¿Ya se empieza a poner interesante, verdad? Tenéis que ver la función. Es preciosa. Mi monólogo no surgió por la crisis, porque estaba haciendo “El viaje a ninguna parte”, tenía otras funciones de teatro. No tenía ningunas ganas de hacer monólogo y siempre lo cuento porque Raúl, el director, que es un tío que trabaja en Inglaterra, quería hacer algo conmigo. Yo no tenía ganas de leerme el monólogo. Hay un proverbio árabe o chino que dice “a lo que te hayas de negar, niégate cuanto antes”. Un día ya me lo leo, eran las dos de la mañana y dije: “Raúl, yo quiero hacer esto, yo quiero que hagamos esto. Es precioso”.

P: ¿Cuándo vais a volver?

R: Pues mira, seguramente vuelva al Español me han dicho. El otro día me fui a Santander a hacerlo, un día, a la Universidad Menéndez Pelayo. En medio hay huecos de la gira de esto (“Jugadores”) y también lo haré. Pero cuando acabe dentro de un año, vuelvo al Español. Bueno, lo voy a hacer dos días en la Sala Tú que está ahí en la Plaza Dos de Mayo, porque son amigos y prometí a Alfonso Lara que si tenía éxito iba a hacerlo a la sala. Creo que está vendido todo.

P: ¿En las giras, como la próxima con “Jugadores”, hacéis mucha piña?

R: Sí, sí. Lo único que tiene es que no venís mujeres. Qué vamos a hacer, no se puede ser perfecto. A mí no me importa en televisión y en cine, si me pagan bien, yo soy un profesional de esto y nunca he tenido problemas en hacer estupideces de películas. Hay muchas películas que he hecho y no las he visto. Me pagan y me voy a mi casa, como dice Antonio Gala, (imitando su forma de hablar) “puta, pero carísima”. En televisión es igual, hay cosas que no las veo. Pero en teatro es distinto. Ya al principio, cuando escribía, tuve que hacer cosas que no me gustaban y lo pasé muy mal. Aquí tienes que salir a defender algo que te gusta. Y tienes que defenderlo en todos los aspectos. Y cada día. No puedes hacer una cosa con la que no estás de acuerdo. En ese aspecto yo soy un poco puñetero y, a parte del texto, que siempre es un riesgo, puedes tener un director y compañeros estupendos, y a lo mejor aquello no funciona. Atribuyen a Woody Allen la frase de que “si se supiera dónde está el éxito del cine o del teatro lo harían los bancos”. Hace ya un tiempo que me permito el lujo de decir: “Esto lo quiero hacer, esto no lo quiero hacer”, de fiscalizar un poco el reparto. Y aquí (“Jugadores”) estábamos Ginés y yo propuestos desde el principio y dijimos: “Nosotros queremos completar el reparto, queremos buenos actores, pero que sean amigos. No nos metáis aquí a cualquiera…”.

P: Por último, si existiera un genio de la lámpara, ¿qué tres deseos te gustaría que te concediera?

R: Yo es que necesito pocas cosas y las pocas cosas que necesito las necesito poco. Cosas materiales tenemos todos muchas. Me sobran. ¿Por qué tengo dos ordenadores? ¿Y tres coches? No necesito nada, porque lo que me hace falta lo tengo que conseguir yo. A mí me gusta mucho la música, estudio piano y si pudiera saber tocarlo… pero el aprendizaje también me gusta. El camino, el proceso. Entonces, si ya soy un pianista estupendo me privas del placer del camino de aprender. De manera que necesito que os vaya muy bien a vosotras (risas).

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