jueves, 10 de julio de 2014

Reportaje: las televisiones comunitarias y locales

¿Continúa la lucha tras destapar el acceso comunitario al mundo audiovisual?



PAULA OLVERA– Con la llegada de la televisión a España en 1956 nació una modalidad comunicativa nueva. Este medio hace asistir al telespectador al acontecimiento en el momento en el que se produce, por lo que ha llegado a ser tan decisivo en la sociedad que para un ciudadano de nuestro tiempo, la satisfacción informativa ya no se sacia con tener noticia de un hecho, necesita verlo. Informar se ha convertido en mostrar la información. ¿Cuál es el espacio comunicativo destinado a las televisiones comunitarias y locales? Precisamente el llamado Tercer Sector Audiovisual, en el marco de la televisión, agrupa proyectos comunicativos creados o gestionados, entre otros, por organizaciones civiles sin ánimo de lucro que tienen como objetivo seguir luchando para contribuir a la democratización. 

El artículo 20 de la Constitución Española (apartado 1.d) expone el derecho de los ciudadanos “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Precisamente, uno de estos medios son las televisiones comunitarias y locales cuya utilidad radica en expresar los puntos de vista sobre la realidad que quedan fuera de los medios comerciales. No obstante, a pesar de su amplia trayectoria, la mayoría de estas emisoras de televisión se iniciaron careciendo de respaldo legal.

Las primeras experiencias de televisión promovidas por la sociedad civil se produjeron en la década de los sesenta en algunos lugares de Occidente. En los siguientes años se irían extendiendo sucesivamente por todo el continente europeo y americano. Así, a partir de 1973, con una programación de pocas horas semanales, en Finlandia, Holanda y Bélgica principalmente, se empiezan a desarrollar televisiones comunitarias apoyadas institucionalmente e impulsadas por la iniciativa popular.

Fuera del contexto europeo, la primera televisión comunitaria fue Tevec, creada en Québec en 1969 con un objetivo básicamente educativo. En países como Estados Unidos y Canadá, los movimientos civiles han sido claves para el desarrollo de televisiones comunitarias que han servido de referencia en otros lugares del mundo. De hecho, en Canadá, las televisiones comunitarias obtuvieron un estatus de legalidad pese a la oposición inicial del Consejo de la Radio, la Televisión y las Comunicaciones. Ahora bien, en ningún otro lugar las televisiones comunitarias juegan un papel tan destacado como en América Latina siendo Venezuela uno de los más avanzados en el reconocimiento de los medios comunitarios. Asimismo, Ecuador reconoce el derecho “a la comunicación, a fundar medios de comunicación social y acceder, en igualdad de condiciones, a frecuencias de radio y televisión”. En las últimas décadas también se ha producido un impulso de las televisiones comunitarias en Asia, mientras que en África, continente desprotegido en derechos y libertades, se han expandido más las radios que las televisiones comunitarias.

La televisión en España se inaugura oficialmente el 28 de octubre de 1956 con la denominación de Servicio de Televisión Española. La llegada de las televisiones autonómicas primero, y privadas después, multiplicó el panorama audiovisual y el de los programas informativos cuya oferta creció de manera imprevisible. A esto hay que añadir la creación de las televisiones comunitarias y locales. El punto de partida para explicar su nacimiento y su historia es la implantación de la democracia en España. La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, las elecciones generales celebradas en 1977 y la entrada en vigor de la Constitución a finales de 1978, se concibieron como una oportunidad para los ciudadanos que durante cuarenta años habían visto anulado el ejercicio de su libertad de expresión.

La primera televisión local de España, RTV Cardedeu, se fundó en esta localidad barcelonesa en 1981. Se pudo constituir gracias al millón de pesetas recaudado en forma de aportación voluntaria de trescientos vecinos de la “Asociación de Amigos de la Radio y Televisión de Cardedeu”. Pocos años después de su implantación se llegaron a contabilizar unas cuarenta emisoras locales de televisión por ondas hertzianas sólo en el territorio catalán. Al poco tiempo se empezó a constituir otro modelo de televisión local impulsado desde una concepción mercantil. Así, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), se puso en marcha la idea de un empresario que instaló un repetidor en el municipio para facilitar la recepción de la televisión nacional y añadir un canal con contenidos específicamente locales. No obstante, esta modalidad de televisión, de gestión mayoritariamente privada y comercial, no propició un impulso asociativo parecido al de las televisiones catalanas.

Las televisiones comunitarias y locales en España se fueron haciendo un hueco en el contexto comunicativo, pero sin contar con un marco legal. Esto fue producto del escaso o nulo apoyo prestado por los gobiernos españoles a estos medios de concepción horizontal destinados a satisfacer intereses comunitarios. El hecho de que la televisión local en España naciera al margen de la ley provocó que los cierres se sucedieran durante casi una década, aunque de forma aleatoria. Así, mientras en Cataluña la actuación era casi inexistente, en Andalucía los inspectores de telecomunicaciones mantuvieron una intensa actividad a finales de los ochenta y principios de la década de los noventa. Esta proliferación de cierres se debía al desarrollo de las televisiones privadas (cuya ley fue aprobada el 3 de mayo de 1988), con el objetivo de evitar que cuajara la alternativa de las televisiones comunitarias y locales.

Posteriormente encontraron, tras treinta años de inestabilidad, una regulación jurídica firme en el marco de una normativa general sobre la comunicación audiovisual: la Ley General de Comunicación Audiovisual (LGCA, Ley 7/2010, de 31 de marzo). Con esta ley, la televisión local entra dentro de un régimen que la concibe como un servicio de interés general, aunque la ley sigue sin atender todas las demandas de los medios comunitarios.

A pesar de su precariedad tecnológica, financiera y de equipamientos, las organizaciones que fundaron las primeras televisiones locales fueron visionarias, planteándose como un complemento de los medios de titularidad pública. De hecho, todas las televisiones comunitarias y locales coinciden en la filosofía de transformar el actual sistema comunicativo para avanzar en la construcción de modelos de desarrollo que respondan a las demandas sociales actuales. Esto lleva a cuestionar las funciones del sistema público de televisión que en la actualidad es catalogado por diversos sectores como excesivamente institucionalizado, con una toma de decisiones muy vertical y sometido a intereses partidistas.

Por ello, cada día es más frecuente que los movimientos sociales reivindiquen otros enfoques, otras selecciones de información televisiva. Esta tarea corresponde a las televisiones comunitarias y locales que abordan los temas de manera diferente a las emisoras de televisión convencionales. Además, utilizan otros lenguajes y establecen unas relaciones más cercanas con el público. Parece que la lucha de los medios alternativos se ha frenado ya que resulta invisible a los ojos de los ciudadanos, pero esto queda lejos de la realidad ya que constantemente intentan desprenderse de la lacra que les obliga a competir en desigualdad de condiciones con otro tipo de emisoras de televisión. Sin duda, nos encontramos con dos modelos antagónicos existentes en el marco de la información audiovisual, la cual, se erige como una de las grandes apuestas de la programación global de la televisión.

Fuentes:
“La información en televisión. Obsesión mercantil y política”. Mariano Cebrián Herreros
“Sorprendiendo al futuro. Comunicación para el desarrollo e información audiovisual”. Manuel Chaparro Escudero
“La situación de la televisión local en España”. Francisco López Cantos
 

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