sábado, 21 de junio de 2014

Crítica: obra “Los miércoles no existen”

“Que el tiempo no te cambie”

PAULA OLVERA/AURORA SALVO – Todas las decisiones condicionan las situaciones que nos van a ocurrir a continuación, aunque en el momento en que se toman no seamos conscientes de la importancia que van a tener en algún punto de nuestra vida. “Los miércoles no existen” contagia al espectador de esta perspectiva y hace que se involucre en ella, a través de escenas perfectamente reconocibles. Se trata de una obra inigualable gracias al acierto de su animado registro que engancha de principio a fin. Esta representación se encuentra actualmente en el cartel del Teatro Lara de Madrid. Los fines de semana, los espectadores podrán, por un módico precio, disfrutar de buen teatro y, sobre todo, reírse. Bajo la dirección del joven Peris Romano, este montaje se ha convertido en un auténtico fenómeno teatral.

“Los miércoles no existen” se representa en el Teatro Lara, uno de los emblemáticos espacios culturales del madrileño barrio de Malasaña, que hasta hace poco tiempo también acogió otras obras de gran reconocimiento por parte de los espectadores y de la crítica, como “La Llamada”. Un espacio digno de apreciar desde la misma entrada que da a la calle Corredera Baja de San Pablo, pasando por el recibidor donde se pueden apreciar fotografías que rememoran el cine clásico, hasta el mismo patio de butacas, rodeado por una  majestuosa decoración y espléndidos grabados.


Durante casi dos horas, el público viaja de la mano de los actores, se ríe con ellos y se siente identificado con sus historias, porque por ellas “todos hemos pasado o estamos pasando”, como bien dice la sinopsis. El trabajo interpretativo del elenco es exquisito y sobre todo dinámico, ya que envuelve al público en sus frustraciones, temores y alegrías. Todo ello es fruto de la experiencia de la mayoría del equipo en diversos medios, sobre todo en televisión. A pesar de que el reparto es muy amplio, actúan dos elencos diferentes, el día de nuestra función nos encontramos caras tan conocidas como la de Gorka Otxoa, quién ha protagonizado numerosas películas y series de televisión como “Vive cantando” o programas tan recordados en estos momentos, gracias al éxito de “Ocho apellidos vascos”, como “Vaya semanita”. O Daniel Muriel, que muchos recordarán, por su personaje en “Escenas de matrimonio” o su reciente participación en “La que se avecina”. Por no hablar de Luis Callejo y su extensa trayectoria interpretativa, conocido por el gran público gracias a “El barco”.

El reparto femenino lo forman, Eva Ugarte, que como su compañero también participó en el exitoso programa de la ETB “Vaya semanita”, aunque actualmente se la puede ver en la serie  “Ciega a citas” y se ha incorporado al final de la temporada a “Velvet”; Irene Anula muy conocida por su trabajo en cortometrajes, aunque en la pequeña pantalla ha participado, entre otras series, en “Amar en tiempos revueltos”; y Diana Lázaro un rostro reconocible por presentar durante varios años un famoso programa infantil en Telemadrid y actuar en numerosas series como “Hospital Central”. El hecho de que la mayoría de los actores resulten familiares para el público provoca que los personajes estén más vivos y su historia sea más actual si cabe. Todo ello, sumado al buen rollo que transmiten, crea un ambiente distendido y cercano inmerso en cierto dramatismo con varios toques de humor y música en su justa medida, haciendo que la balanza de emociones quede perfectamente acompasada en el ritmo de la historia. Gracias a esto, los asistentes serán partícipes de toda la trama, siendo mucho más que meros espectadores.

Como en todas las obras, se abre el telón, y una gran pizarra con fechas y momentos puntuales orienta a nuestros ojos. Todo comenzó un miércoles cualquiera en el que, sin quererlo, cambia por completo la vida de los protagonistas. Seis personajes en torno a los treinta años de edad nos cuentan tanto a pie de escenario como sobre las tablas una historia que bien podría caer en los tópicos, pero que, sin embargo, esconde un torrente de emociones y sentimientos que mantendrán al espectador en vilo y le harán meditar más allá de las butacas del teatro. Una reflexión sobre la importancia de las decisiones y su repercusión en uno mismo y en las personas que nos rodean, aunque a lo mejor ni siquiera tengamos una relación directa con ellas. Un trasfondo que, salvando las distancias, ya retrató magistralmente en el cine el mexicano Alejandro González Iñárritu con su “Trilogía de la muerte”, aunque en esta ocasión el argumento no tiene tintes ni sangrientos, ni tan trágicos y la mayoría de los personajes, aunque tienen lazos comunes que ignoran, sí que se conocen. Se trata de vidas entrecruzadas, universos paralelos, retornos al pasado y, sobre todo, el amor siempre presente, como guía del camino, de la vida. Un amor que, como en una de las películas de esta trilogía mencionada, “Amores perros”, es engaño, angustia, esperanza, pero, como muestra la obra, sobre todo, la vía para conseguir la felicidad.



Esta historia tiene un hilo conductor sensacional en las canciones cuidadosamente seleccionadas, interpretadas en directo por una cantante, en esta ocasión, Ester Rodríguez, que desde lo alto del teatro desnuda su maravillosa voz e interpreta temas muy propicios para la situación que se está contando. Una lista musical que en todo momento resultará familiar, pasando de Julio Iglesias a Los Rodríguez, la banda sonora de “Dirty Dancing” o Los Ronaldos. Los espectadores no podrán evitar ser partícipes desde sus asientos de las coreografías y la interacción de los propios actores con la música que gracias a su talento conseguirían animar alguno de nuestros peores días.


La obra que está en cartel desde finales de enero en su tercera temporada se ha convertido en una revelación y promete seguir cosechando éxitos. Los brillantes e ingeniosos diálogos fruto de un texto muy bien construido y coordinado proponen a los espectadores una experiencia teatral que les hará recapacitar sobre todos esos pequeños detalles que manejan los hilos de nuestra existencia, pero sobre todo hará que se lo pasen muy bien. Está encuadrada en el género de la dramedia, por lo que tiene su parte cómica y romántica, aunque con tintes desastrosos, muy humanos, lo que dota a la trama de una personalidad propia. Un soplo de aire fresco para el teatro convencional al que tan acostumbrados estamos los consumidores, ya que consigue huir de los hechos previsibles y se centra en la sorpresa, administrando los datos en dosis pequeñas, con calma, pero sin perder el ritmo, dando las pautas clave para que todo sea perfectamente armónico y comprensible en su conjunto.

Tal está siendo el éxito de “Los miércoles no existen” que se espera que su director dirija la obra en la gran pantalla, un proyecto que hace un tiempo no pudo llevar a cabo debido al presupuesto, pero que por fin parece que se va a convertir en una realidad, una justa recompensa para un gran trabajo. Por entonces, el "boca a boca", permitirá aumentar el triunfo del que ya puede presumir orgulloso todo el equipo. Y es que el éxito se explica desde la butaca, solo con observar la cara de los espectadores, se puede intuir que se la recomendarán a sus más allegados. E incluso seguro que alguno se animará a repetir, probablemente con otros actores, porque esta obra es diferente en cada función. ¿Te vas a quedar sin descubrir por qué los miércoles no existen? 

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