sábado, 1 de junio de 2013

Crónica: Lisboa

Una luz que enamora


PAULA OLVERA/AURORA SALVO -“Entre Lisboa y Madrid fue la guerra” decía Pereza en su "Windsor". De la misma forma, el nombre de la capital portuguesa sirve como título a una canción de Miss Caffeina. Estos son solo algunos ejemplos de cómo esta ciudad ha servido de inspiración a varios grupos a la hora de componer, y no es para menos, porque es la denominada Ciudad de la Luz. Se trata de un lugar fascinante que llena de vida a todo aquel que pasea por sus calles, repletas de fado, buen rollo y cuestas, aunque merece la pena subir hasta la más empinada para disfrutar de las maravillosas vistas que regala. No obstante es conocida, junto con Roma, como la ciudad de las Siete Colinas, una fábula para los sentidos que se puede acompañar con visitas a alrededores tan asombrosos como Sintra o las cercanas playas de Cascais y Estoril.

Cerrad los ojos. Volverlos a abrir. Ya estáis en un lugar mágico. Hay muchas formas de llegar, una de las más utilizadas es por tren. Desde Madrid sale uno nocturno cada día en el que podréis acostaros en la capital española y despertaros en la portuguesa. Gracias a ello, se puede aprovechar todo el día, de principio a fin. No hay que olvidar que allí es una hora menos, por lo que se gana un tiempo extra. Otro de los medios más empleados es el coche. Si partís de la capital española en menos de seis horas ya estaréis en Lisboa. 


Los rincones lisboetas desprenden un ambiente especial, una mezcla de gran ciudad y de pueblo encantado con calles estrechas y muy empinadas, por lo que es conveniente, para aquellos que no estén acostumbrados, llevar un calzado adecuado. Si se observa con detenimiento algunos edificios recuerdan a construcciones propias de países sudamericanos como México. Otros, sobre todo los del centro, parecen sacados directamente de ciudades de Centroeuropa. El contraste está servido. 

En la zona más alta de la ciudad encontramos el Castillo de San Jorge, desde donde se puede contemplar una maravillosa vista de los alrededores. Se trata de una fortificación construida a mediados del siglo XI. Igual de impresionante es la catedral de Sé que es la iglesia más antigua de la ciudad y ha sobrevivido a varios terremotos. 

El centro de Lisboa lo encontramos en la Plaza del Rossio, un lugar lleno de comercios y alojamientos, desde el que los turistas pueden acudir de forma sencilla, ya sea andando o en tranvía. En una de sus tiendas podréis conseguir los tickets para visitar el Elevador de Santa Justa. Otra opción es adquirir la Lisboa Card que incluye esta entrada, además de importantes descuentos para otros monumentos, museos y para el transporte público. Esta construcción es un ascensor que tiene una altura de 45 metros. Merece la pena subir a ver la vista panorámica de la Plaza de Rossio y del Castillo de San Jorge.



Recorriendo los lugares cercanos encontramos, al final de Rua Augusta, una amplia y concurrida calle peatonal del barrio de La Baixa, una puerta que antaño servía como entrada a la ciudad. Si la atravesamos descubrimos el esplendor de la Plaza del Comercio, un punto clave para los mercantes que querían hacer sus negocios en la ciudad, ya que está abierta al río Tajo. Se trata de uno de los espacios más especiales y mágicos de Lisboa, el lugar en el que no se sabe dónde comienza el Océano Atlántico y dónde termina el Tajo. Uno de los enclaves por el que entra esa luz característica de la ciudad. La vista es única, relajante, libre, una espiral de sensaciones fascinantes. 




En una zona menos céntrica, donde es conveniente tomar algún tipo de transporte como el tranvía, se encuentra uno de los barrios que es imprescindible visitar, el de Belém. En él está la famosa Torre de Belém rodeada de agua por todos los lados a la que se accede a través de un puente. Se trata de un monumento declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, que en otra época sirvió como construcción defensiva, de hecho se pueden apreciar detalles característicos de esta función como las cabinas de los soldados e incluso algunos cañones. Se permite visitar su interior e incluso subir hasta la zona más alta a través de un estrechísima escalera de caracol, eso sí, las vistas merecen la pena. Desde ella se puede observar, entre otras cosas, el famoso puente 25 de abril, el puente colgante más grande de Europa, muy similar al Golden Gate de San Francisco, cuyo nombre hace referencia a la fecha en que se inició el levantamiento militar de 1974 que provocó la caída de la dictadura de António Oliveira Salazar. 


El Barrio de Belém también cuenta con el Monasterio de los Jerónimos. Un recinto que sorprende por su amplitud y la solemnidad de su ambiente. En una capilla del claustro se encuentran los restos mortales de Fernando Pessoa, uno de los escritores portugueses más influyentes. En este barrio no hay que pasar tampoco por alto el Monumento de los Descubrimientos, construido al margen del río. 

A la hora de la comida es imprescindible degustar las típicas sardinas y el bacalao à brás, una forma distinta y asombrosa de cocinar este pescado que por su sabor puede recordar a nuestra tortilla de patatas, aunque merece la pena que lo probéis para comprobarlo. En cuanto a la bebida destaca la cerveza de la marca Super Bock y la ginjinha, el licor dulce más popular de Lisboa. De postre lo más típico es probar los famosos pasteles de nata de Belém, que se pueden comprar en una pastelería muy concurrida de este barrio. Estos son solo algunos ejemplos, porque la gastronomía de esta ciudad es muy rica y en los bares de la capital podréis descubrir muchos más, y una de las cosas más importantes, por un bajo precio.


Lisboa es un lugar digno de descubrir, no se la conoce como una de las ciudades más famosas de Europa e injustamente pasa un poco desapercibida, por eso resulta tan sorprendente. Esta ciudad desprende belleza, luz. Un lugar donde se mezcla el arte urbano con el tradicional fado. Además, cerca de la capital hay varios puntos de especial interés turístico. Por un lado nos encontramos con Sintra, ubicada a unos treinta minutos de Lisboa. Una vez visitadas sus callecitas estrechas repletas de tiendas merece la pena hacer parada en el Palacio da Pena. Acceder a esta antigua residencia real es un tanto complicado, así que es preferible subirse a uno de los autobuses que siguen esta ruta. Este palacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 y no es para menos porque presenta una interesante mezcla de estilos arquitectónicos. Entre los objetos expuestos se encuentran algunos utensilios que fueron empleados en la preparación de los grandes banquetes. En Sintra también se debe visitar el Palacio de Monserrate, el Convento dos Capuchos, el Palacio Nacional de Sintra y el conocido Castelo dos Mouros. 

Por otro lado, Lisboa se encuentra a pocos kilómetros de Cascais y Estoril, dos pueblos de costa con muchísimo encanto y con varias playas fascinantes. En el primero de ellos es famosa la Playa del Guincho, sobre todo entre los surfistas. En Estoril, además de las playas, es mundialmente conocido su casino. 





Si aún no conocéis Lisboa os estáis perdiendo uno de los lugares más mágicos del mundo, porque no se puede describir en todo su esplendor con palabras. Dejaros seducir por su encanto especial. Os enamorará. 

                                 


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