domingo, 3 de marzo de 2013

Crónica: Córdoba

Córdoba, una ciudad turística que sigue de luto

PAULA OLVERA- Hoy quisiera hablarles del viaje que realicé la semana pasada a Córdoba capital. Hacía tiempo que ansiaba recorrer las calles de esta ciudad porque todos me hablaban maravillas sobre dicha tierra y su gente. Cuatrocientos kilómetros separaban aproximadamente mi destino desde mi ciudad natal, Madrid.El famoso “carretera y manta” se hizo más corto de lo que me esperaba, porque a medida que te aproximabas a Andalucía, el paisaje cambiaba. Era como si me adentrara en una especie de paraíso formado por las provincias de Almería, Cádiz, Granada, Huelva, Jaén, Málaga, Sevilla y la citada Córdoba. A pesar de que todas estas provincias conforman la Comunidad Autónoma más poblada del territorio español, cada una de ellas es independiente, resultado de la fusión (a lo largo del tiempo) de pueblos y culturas con diferentes realidades socioeconómicas y políticas.
Lo primero que me llamó la atención de esta ciudad fue su ubicación porque está situada al pie de Sierra Morena y se erige sobre el río Guadalquivir que marca el paso de los viandantes a través de puentes que han sido construidos hace siglos como el Puente Romano que conduce hasta la Torre de la Calahorra. Por lo que he podido saber de su historia, la ciudad multiplicó en pocos años su población y eso lo noté desde el momento en que crucé el cartel que anunciaba la llegada a Córdoba.


Como me figuro que todos sabrán, Córdoba fue tomada por los árabes que llegaron a la Península Ibérica en el año 711. Esta fecha me parece un dato a recordar, clave en la historia de los cordobeses, porque a raíz de este momento, la ciudad se transforma y se fusionan tres religiones: la de los judíos, la de los musulmanes y la de los cristianos que conviven pacíficamente desde hace siglos. Desde ese momento podemos designar a Córdoba como la capital de Al-Ándalus, porque basta con recorrer sus calles para observar las influencias que tienen otras culturas sobre los cimientos de sus edificios. 


La Mezquita es el monumento más característico de esta ciudad, la cual, comunica las provincias de Andalucía más alejadas. Esta mezquita forma parte de la cultura hispano- árabe y no hay que olvidar que se ha cristianizado y ha sido convertida en Catedral. Otro de los monumentos que merece la pena ser visitado es el Alcázar de los Reyes Cristianos que fue propiamente el alojamiento de los reyes. Las Caballerizas Reales se encuentran anexas al Alcázar y pude observar la importancia que tiene el caballo para los cordobeses y la dedicación con la que crían a estos animales. Además, hacen espectáculos ecuestres con ellos.
Uno de los barrios que me pareció más bonito fue el de la judería, aunque si algo verdaderamente me atrajo fue la disposición de sus calles. Para una madrileña que vive rodeada de altos edificios y vías anchas que conducen al kilómetro 0, resulta muy extraño encontrarse calles por las que apenas pueden pasar las personas de una a una, en fila india. Además, son numerosas (sobre todo en el casco antiguo de la ciudad) las plazas que se abarrotan de ciudadanos que comparten sus historias con forasteras como yo.

En cuanto a los cordobeses, admiro en general su forma de vivir, al igual que la del resto de los andaluces. El sitio en el que naces es obvio que marca tu vida, y en su caso, son personas, por lo general, muy abiertas y con una gracia que es digna de alabar. Una costumbre típica de los cordobeses es que cuando llegan las noches del fin de semana, todos salen a tapear porque su gastronomía es muy rica, ya que cuenta con influencias árabes. Cervecita y flamenquín serrano es lo que primaba en cada uno de los bares por los que pasé. El tiempo suele ser soleado y este clima cálido invita a estar en las calles, sobre todo en tiempo de fiestas, como por ejemplo, cuando se celebra el Festival de Patios, Rejas y Balcones o la conocida Feria de Córdoba. También hay mucho movimiento en la ciudad en tiempos de Semana Santa y es que, de todas las provincias andaluzas en las que he estado, Córdoba es una en la que, he podido comprobar de primero mano, la devoción que sienten muchos de sus ciudadanos por sus vírgenes y sus santos. No hay más que recorrer las calles del centro de la ciudad para ver cómo muchas de las figuras que veneran las personas religiosas, están expuestas en el exterior de las Iglesias y propiedades privadas.
Antes de terminar esta crónica, quería comentar que no sólo Córdoba es un enclave con encanto ya que España está llena de lugares con historia. Desde hace siglos, eran los propios ciudadanos de los municipios los que pasaban a formar parte del libro de los recuerdos por sus actos heroicos que luego se reflejaban en esculturas memoriales.
Las cosas han cambiado mucho en la actualidad y las ciudades quedan marcadas y recordadas por sucesos que en ciertas ocasiones no merecen la pena ser nombrados por el dolor que producen. En este texto, no quería pasar la oportunidad de exponer un trocito de una de las historias más tristes que ha ocurrido en Córdoba en los últimos años y que ha tenido una repercusión no sólo en los medios de comunicación sino también en la Opinión Pública, muy en concreto en la de los cordobeses y los onubenses. No sé si será porque he escogido un fin de semana lluvioso para viajar, pero en los ojos de las personas más mayores podía entender la tristeza que se vive un año y medio después de la desaparición de dos niños en esta ciudad. Aunque me hubiera gustado estar en aquellos momentos en los que el pueblo se lanzaba a las calles pidiendo justicia por los dos menores, me alegra saber que los ciudadanos no han olvidado este caso y que, después de tanto tiempo, todavía se pueden observar en algunas paredes, pintadas que piden que de una vez por todas se haga justicia.

Como todos sabéis, el 7 de Octubre de 2011, un padre recogió a sus hijos de seis y dos años respectivamente en Huelva, para trasladarse con ellos a Córdoba a pasar el fin de semana. Supuestamente al día siguiente, en torno a las 18: 40 horas, el padre denunció a la Policía que había perdido a sus pequeños cuando jugaban en el Parque Cruz Conde, en la Ciudad de los Niños, que podéis observar en la fotografía. Los días siguientes fueron de confusión y se buscó a los menores principalmente en las inmediaciones del lugar donde presumiblemente habían desaparecido así como en el río Guadalquivir. Posteriormente se rastreó la finca de los abuelos paternos con georradares. El día 21 de octubre llegó a las redacciones de los periódicos una noticia que a muchos no les sorprendió: el padre de los hermanos ingresaba en la prisión de Alcolea acusado por el juez de un delito de detención ilegal y de simulación de delito. La investigación continuó y se levantaron techos y suelos en la finca de los abuelos paternos sin éxito. Las movilizaciones en las calles pidieron el regreso de los niños y el caso se extendió fuera de nuestras fronteras puesto que la Interpol activó la búsqueda en el extranjero de los menores. 
Esta historia no tiene un final feliz y duele hasta escribirlo, aunque haya pasado algún tiempo. El día 27 de agosto de 2012, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, confirmó que los restos óseos (encontrados en la hoguera de la finca de los abuelos cuando comenzó la investigación), eran humanos y no de origen animal como había señalado el primer informe de la Policía Científica. Nadie podía hacerse a la idea. De hecho, creo que todavía nadie puede comprender cómo una persona en su sano juicio presuntamente es capaz de cometer un acto tan terrible. Es preciso mencionar el papel que juega la madre en toda esta historia, una mujer buena que amaba con todas sus fuerzas a sus hijos y que se los arrebataron de la noche a la mañana. Dudo que esta mujer pare de luchar hasta que se haga justicia porque además, seguro que cuenta con el apoyo de todos sus seres queridos y de los ciudadanos, principalmente de Córdoba y Huelva. No obstante, desde aquí aprovecho para hacer un llamamiento para que este caso no quede en el olvido, porque nadie puede saber el dolor por el que ha pasado y sigue pasando esta madre. De hecho, este trágico caso, está de nuevo de actualidad porque el padre de los niños, que permanece en prisión desde octubre de 2011 como se ha comentado, se enfrenta a la petición del fiscal de 40 años de cárcel por el doble asesinato de sus hijos. Estos días, la defensa del padre apunta a que el caso está plagado de irregularidades porque presuntamente se han cambiado pruebas para facilitar la acusación del preso. Ya se ha elegido el magistrado que presidirá el jurado por lo que será la justicia la que decida finalmente cómo se cerrará esto, aunque la herida quedará abierta por muchos años y seguirá formando parte de la historia de un pueblo que merece la pena visitar sí, pero también acordarse eternamente de estos dos ángeles.

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